Soy La Buena Semilla

Rompiendo viejos esquemas

Hay tantas cosas que quisiéramos que cambiaran a nuestro alrededor, mas sin embargo con el paso del tiempo llegamos a convencernos de que no hay forma de provocar alguna diferencia. Te has esmerado, lo has intentado todo – yo lo sé -, y a pesar de esto no has visto los resultados que esperas. Es normal que te sientas frustrado, pero no tienes que quedarte ahí.

La fórmula para el cambio en tu entorno está dentro de ti. Sí, has leído bien. La verdadera transformación comienza en lo profundo de tu ser ( no en los demás ). En estos últimos meses he estado descubriendo un par de aspectos que literalmente desencadenan una explosión atómica en aquellas áreas que se resisten al cambio ¿Para qué tanto brinco estando el piso tan parejo? me pregunto yo. He estado equivocada por mucho tiempo y voy a compartir contigo la realidad a la que mis ojos se están abriendo.

¿Esperar el cambio ó provocar el cambio?

Es triste pero es verdad. Puedes pasarte una vida completa esperando que suceda algo, en la pasividad de una confianza en Dios mal entendida, y no recibir respuesta. Como esa generación del pueblo de Israel en el desierto que contempló de lejos la tierra prometida a la que jamás entró. Decimos que oramos y confiamos en Dios, sin darnos cuenta muchas veces  que estamos bien dormidos en nuestros laureles. Y es que los hijos de Dios hemos sido llamados a una ‘espera paciente’ que resulta vital que podamos comprender equilibradamente. Se trata de aprender a ser mansos y no  pusilánimes; de ser prudentes como palomas pero astutos como serpientes. (1)

Consideremos el ejemplo de aquella mujer que acaba de recibir la noticia tan anhelada de que está embarazada. La espera paciente de 9 meses no ocurre recostada sobre una hamaca, aunque tiene la opción de hacerlo y atenerse a las consecuencias. Ella se sabe a sí misma como la primer responsable del cuidado de su cuerpo, del cual depende el crecimiento de la criatura que está en su viente. Junto con el emocionado padre preparan todo lo necesario para que no falte nada para ese bebé al momento de su nacimiento. ¡Todo esto inicia aún sin haber visto físicamente ninguna evidencia del cuerpo del bebé!

Seguir esperando que el cambio ‘se dé’ en algún momento, es ser como aquellos padres que sabiendo que la fecha del nacimiento de su hijo se acerca,  se atienen a que algo ocurrirá en el último minuto. Ya dentro de la sala de labor, tienen la ilusión de que además de que su bebé nazca bien sanito (sin haber tenido cuidados prenatales),  alguien se asome por ahí con la cuna, la silla para el auto, la ropa que usará el bebé y todo lo demás. ¡Totalmente descabellado! ¿No es así? ¡La espera paciente es un proceso activo de FE!!!  Da el primer paso y atrévete a reconocer: TÚ ERES EL RESPONSABLE DE PROVOCAR EL CAMBIO.  ¿Cómo? Creyéndole a Dios y asumiendo tu parte en el proceso. No me mal entiendas.  ni tus argumentos ni tus estrategias van a cambiar a NADIE, pero  necesitas aceptar que has sido comisionado para representar a Dios en esta tierra, funcionando el factor que desencadena transformación. ¡Es tiempo de  tomar tu responsabilidad!  (2)

Temores…. ¡A la basura!

¡Qué fácil es tirarle la bolita a Dios y excusarnos diciendo que Él tiene Su tiempo! Esto es una verdad que usamos a nuestra conveniencia, cuando la realidad es que DIOS ESTÁ ESPERANDO POR TI, a que despiertes de tu sueño y puedas darte cuenta de la parte tan importante que tú juegas en el proceso de transformación de tu ser y de tu entorno.

En mi caso, he tenido que reconocer que muchas situaciones en mi vida, no cambiaron por mi falta de carácter, mi inmadurez y mi cobardía. Cada día descubro nuevos lotes de temor en mi corazón que  me han mantenido paralizada, pero al permitirle a Dios limpiarme, se han convertido en  en la oportunidad para seguir siendo transformada.  Toma en cuenta que la naturaleza carnal opera en base al temor y es por esto que necesitamos recibir la libertad que Cristo nos ha dado. Nadie puede ser un factor de cambio en bendición, si su fuente de operación es el miedo.

Mira, lo contrario al amor no es el odio sino el miedo. Y en este paso, es preciso que puedas beber el antídoto que va a desactivar y eliminar por completo los indicios de temor que hay en tu ser: EL AMOR DE DIOS.  (3)  No dejes que la cobardía te engañe mi amigo. Culpar a otros es una máscara del miedo y el resentimiento, un temor inconsciente que busca protegerte a ti mismo de que te vuelvan a herir.  Sea cual sea tu situación, da el segundo paso y permítele a Dios entrar a esos lugares recónditos de tu corazón donde el temor se ha anidado y verás resurgir en ti,  al hijo de Dios que Él está en ti conformando. (4)

Vino nuevo en barricas nuevas

Conforme avanzo en permitir a Dios limpiarme de mis inseguridades, puedo darme cuenta de que sólo la nueva criatura en Cristo tiene el poder de generar nuevos escenarios y abrir nuevos horizontes para bendición. Facilitar que otros reciban gracia solo es posible cuando yo la he aceptado en mi propia vida. Checa esto: La vieja naturaleza – que opera en temor- se adapta al status quo, busca evitar la confrontación mateniendo una calma aparente ó por otro lado, trata de imponerse por la fuerza para mantener el orden y generar algún tipo de cambio. Sin embargo, la transformación solo es producto de una vida transformada.

Jesús explicó cómo ocurre el proceso diciendo: “El vino nuevo, se pone en odres nuevos”. (5)  Un odre viejo es la naturaleza humana con todas sus variaciones y facetas manifestadas en tu manera de pensar. A menos que permitas tu mente se renueve por la Palabra, no experimentarás transformación y por consiguiente, tampoco un  verdadero cambio en tu entorno; solo parches, paliativos inoperantes. Puedes seguir insistiendo con el hijo rebelde, seguir haciendo la lucha con el cónyuge que no cambia, intentando sobrellevar a ese jefe difícil  etc., el proceso de cambio inicia contigo, en tu manera de pensar. Así lo dice Dios.

Termino con esto: ¡Dios es eterno y por lo tanto Él vive a la vanguardia! De tal forma que los pensamientos obsoletos de una mente no renovada son un estorbo en tu desarrollo. (6)  No eches en saco roto estas verdades.  Es ubicado en esta realidad que serás sin duda, efectivo, proactivo y altamente productivo en facilitar transformación. ¡No te conformes con menos!

(1) Mateo 10:16  (2) 1a. Pedro 2:9  (3) 1a. Juan 4:18   (4) 1a Juan 4:16   (5) Mateo 5:17  (6) Romanos 12:2

Organiza tu agenda con efectividad

¿Te interesa ser más organizado y eficaz en tus metas cada día? Es facil encontrarnos saturados de lo urgente dejando para después lo verdaderamente importante. Sin darnos cuenta, nos vemos absorbidos en mil actividades, cansados y sin haber logrado lo que perseguimos. En esta nota no voy a darte una varita mágica, ni una lección de administración, antes voy a compartir contigo un principio que si te dispones a aplicarlo, resultará en FRUTO para tu vida personal, familiar y laboral.

En una de mis épocas de mayor carga de trabajo y estrés, descubrí algo que cambió por completo mi manera de pensar. Dios me hizo entender en Su Palabra que Él tiene una agenda en la que gobierna el orden y la justicia. Encontré que Él no actúa de chiripa ni al azar sino gobernado por Sus propósitos divinos, y lo más maravillosos es que permanece eficazmente productivo sin padecer de estrés jamás. (1) Mirar esto me llevó inevitablemente a contemplar el enorme contraste entre mi agenda personal y la de Dios. Sí, había que reconocerlo; mi manera de operar, de organizarme y de agendar mis compromisos no se parecían en nada a lo que estaba viendo de Él.(2) Fue entonces que me atreví a dar el primer paso:

 

1o. Disposición para sincronizar tu agenda

Hacer que nuestra agenda coincida con la de Dios es un proceso posible que inicia con la disposición individual para aceptar que Él tiene la razón. Su estructura de orden y prioridades están claramente definidas en Su Palabra. ¿Qué fue lo que descubrí? Que el nombre que ocupa el número UNO en su lista, no es el universo, ni la creación, ni los problemas económicos del mundo; tampoco son las guerras, ni las actividades religiosas. Imagínate, el rescate más alto pagado alguna vez en la historia del mundo, es el que se dio para que tú tuvieras vida en Jesús. De tal forma, que la prioridad en la agenda de Dios ERES TÚ.(3)

En cuanto a mi distorsionada agenda encontré mi nombre ocupando el último lugar en mi lista de prioridades. Sin embargo, el Padre Celestial me hizo ver cómo funciona esto: “Primero ama a Dios con TODO; segundo, asegúrate de establecerte en el lugar que tú ocupas en la agenda del Padre, mírate a ti mismo con el amor con el que Él te ama, vive amado, permanece amado, entonces “como a ti mismo” vé y ama a tu prójimo.”(4)

 

¿Qué lugar de las prioridades de tu agenda está ocupando tu nombre?

 

2o. Identifica y elimina los distractores.

No me mal entiendas, el amor de Dios no es egoísta ni egocéntrico. No estoy diciendo que ahora todo gire en torno a tus caprichos y demandas ó que Su amor se convierta en licencia para actuar de manera carnal e inmadura. Se trata de respetar en tu agenda como prioridad el  reconocerte como amado de Dios y aún más, vivir allí de manera permanente; se trata de permitir que todas y cada una de tus actividades estén conectadas a la Fuente de Amor. (5) Cosas tan sencillas como comer saludable, tomar vitaminas, hacer ejercicio, etc, tienen entonces otra motivación: ¡Me cuido porque Dios me ama! y no por el simple hecho de “estar bien”. Actividades como leer Su Palabra u orar, no son un rito sino un espacio para recibir lo único que puede sustentarnos: ¡Su gran amor por nosotros! ¿Puedes ver la diferencia?

Cuando desperté a esta verdad, fue un tiempo de recibir corrección de tantas cosas que antes no veía y que estaban fuera de orden. Me di cuenta que tratar de servir a otros vacía de amor, es operar literalmente como un “metal que resuena ó un címbalo que retiñe”. (6) ¿Cómo puedo dar a los demás lo que yo no estoy recibiendo?

 

3.  Toma el toro por los cuernos y deja las excusas.

¡NO TENGO TIEMPO! es la expresión que muchos usamos cuando se trata poner algún orden en la agenda diaria.  Sin embargo, es preciso aterrizar la idea de que el tiempo es un recurso administrable; NO es algo que se dá, sino algo que tú mismo TE HACES. Mientras estemos justificando nuestra ausencia de orden y disfrazando nuestra falta de ejercicio de disciplina, estaremos limitando que nuestra agenda personal y la de Dios trabajen sincronizadamente.  Por eso Él nos dice: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?” (7) Pero nos insta a creer Su compromiso: “El que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto”. (8)

Seguir permitiendo que lo urgente nos arrastre es cosa de cobardes. Dejemos de buscar responsables en terceras personas y asumamos la autoridad que Dios nos ha dado como Sus hijos ejercitando el poder, amor y dominio propio que habita en nosotros de manera práctica. (9) ¡Hemos sido hechos co-herederos con Cristo!

 

¡Para Dios lo más importante del universo ERES TÚ!  No te conformes y ponle acción a tu fe. Es tiempo de organizar tu agenda interior y funcionar como colaboradores de Dios.  Si Él  ha estado transformándome así ¿no podrá hacerlo también en tu vida?

 

Notas de interés que puedes consultar:

Maximizando mi tiempo

El Poder de Su Amor

 

 

 

 

 

 

 

El Poder de Su Amor

Recuerdo que una noche mientras preparaba a mis hijas para dormir y las acostaba en su cama, una de ellas me hizo una pregunta. Me dijo: “Mami, si una niña recibió a Jesús cuando era pequeña, pero que ahora ha crecido y entendido más que el amor de Dios es grande, ¿puede volver a recibirlo en su corazón?” Me detuve por unos instantes para pensar mi respuesta, mientras me sentaba junto a ella. Entonces le dije: “Si esa niña está dispuesta a recibir…. ¡Claro que sí!” Aproveché esos minutos para ayudarle a ver la necesidad que tenemos como hijos de Dios de RECIBIR conscientemente todo lo que el Padre nos ofrece. Fue así como Mariana terminó por descubrir que la niña de la que hablábamos era ella misma. Mi hija había aceptado a Jesús como Su Salvador cuando tenía cuatro años, pero ahora tenía nueve y ella estaba visualizando el amor de Dios para ella en otra dimensión.

 

Al mirar su disposición, le propuse: “¿Quieres que oremos juntas?”. Ella aceptó gustosa. Esa noche tuve el honor de guiar a mi hija para recibir no solo a Jesús como Su Salvador, sino para recibir ese amor tan grande del Padre por nosotros. Mi corazón se derretía al ver la sencillez con la que ella aceptaba lo que Dios nos ha dado y me fui a mi recámara flotando literalmente de emoción y gozo. La realidad es que yo no le enseñé algo a mi hija esa noche, mas bien fui yo la que aprendió una inolvidable lección: Haciéndome como un niño es como puedo accesar y poseer toda la herencia que mi Padre ha dispuesto para mí.

 

Dejémonos de complicaciones

Si hay algo inherente a la naturaleza de un niño, es que para este es fácil CONFIAR y CREER. Mi hija podía darse cuenta que antes había aceptado algo que no comprendía del todo, pero que ahora podía VER. Lo que ella anhelaba saber esa noche era ¿qué sigue? ¿De qué se trata cuando descubro algo nuevo del carácter y la vida de Dios en relación conmigo? Cuando platicamos, ella pudo mirar la respuesta y simplemente dio el paso.

Dios ha hecho la parte difícil dándonos a Jesús; la parte simple es la que nos corresponde a nosotros: RECIBIR Y ABRAZAR HOY LO QUE EL PADRE NOS DA. No vale la pena desgastarnos tratando de lograr algo por lo que Dios ha pagado YA. ¡Ubícate y atrévete a aceptar que eres amado!

 

“Pero… pero… y más peros…”.

Si hay algo de lo que estamos en necesidad de vaciarnos es de la cantidad de “PEROs” que le ponemos a Dios para no dejarnos amar. Un niño sencillamente se DEJA QUERER Y PUNTO. Es increíble la resistencia que somos capaces de interponer frente al amor de Dios; bajar la guardia de nuestros razonamientos y argumentos nos resulta muchas veces tan difícil. Yo he descubierto vez tras vez, que a pesar del montón de errores y de incredulidad que en muchas ocasiones puedo encontrar dentro de mí, ¡Él me sigue amando! y conforme me atrevo a reconocer que Su amor no está sujeto a lo que fui antes, ni a lo que vivo en mis circunstancias presentes,   soy liberada y desarmada de temores y engaños que limitan mi existencia.

 

Ríndete y ven a Jesús como un niño

El amor de Dios es dinamita pura; es la carga que depositada en tu interior desatará la explosión de la transformación de tu ser en cualquier momento.  Ahora ¿dónde está el detonador de todo esto?  EN TU ELECCIÓN.  Puedes escoger rendirte ó seguir huyendo, permitir que te inunde ó rehusarte, aceptar que eres amado a pesar de tus fallas ó excusarte y culpar a otros.  Esto no tiene nada que ver con cuánto sabes de la Biblia, ni de cuántos años tienes de creyente, sino con tu decisión para ACEPTAR que Él te ama y que en Su agenda tú ocupas el primer lugar.  Tómate un minuto y ríndete ahí donde estás ahora. Acércate a Dios tal como un niño, sin prejuicios, sin vergüenzas, sin recelos y sin temores; lo que encontrarás es el corazón del Padre  esperando por ti. Sin lugar a dudas,¡Él no te rechazará!

No te conformes con solo decir “Dios me ama”. Sumérgete, empápate y comprueba personalmente EL PODER DE SU AMOR.

 

Lecturas sugeridas:

Mateo 18:1-3

Salmos 22:9

Jeremías 31:3

Juan 6:37

 

 

Recibe esta paz incomprensible

Cuando recibimos malas noticias es común sentirnos turbados y desorientados mientras procesamos lo que ocurre a nuestro alrededor. Decimos que es “humano” responder de esa forma. Sin embargo, hay una escena que viene a mi mente cuando medito en esto. Veo a Jesús dormir dentro de un barco que está a punto de naufragar debido a una terrible tormenta. En los momentos de crisis, Jesús podía descansar. ¡Y qué digo descansar…..! podía permanecer en un sueño tan profundo que ni el estruendo de los relámpagos, ni de las olas lo despertaban. Los discípulos acudieron a él gritando espantados: “Sálvanos que nos vamos a morir”.

 

Hace una semanas atrás recibí una “mala” noticia. Después de enterarme de lo sucedido, mi esposo y yo veníamos en el auto de regreso a casa. Él estaba preocupado porque sabía cuánto me dolía lo que estaba pasando. Fueron momentos de mucha incertidumbre en los que la mente nos hacía pensar lo peor. Sin embargo, de manera inexplicable en lo más profundo de mi corazón podía escuchar una voz que decía: “¡Cálmate, todo está bien!” En lugar de ponerme a llorar ó a tronarme los dedos, me invadió una sensación de relajamiento tan especial que me hacía sentir sueño. Recliné mi asiento hacia atrás y cerrando los ojos me abandoné en los brazos de mi Padre mientras disfrutaba de Su paz.

 

El resto de día no fue menos difícil, sin embargo permanecía esa sensación en mi corazón de estar “adormecida” pues mis emociones no corrían como humanamente podían estar respondiendo. Esa seguridad que Dios puso en mí guardó mi mente para hacerle frente a todas las cosas. El barco se sacudía con bastante fuerza, pero algo más fuerte que yo estaba operando en mi interior manifestándose en ese fruto que no podemos producir por esfuerzos humanos: LA PAZ DE DIOS.

 

PAZ no es tratar de controlarte.

Tú podrás hacer lo que quieras para estar calmado, pero sólo el Espíritu Santo dentro de ti puede producir verdadera paz. Muchas veces yo me he encontrado haciendo el esfuerzo de mantenerme entera ante una situación, y aunque de repente eso pareciera tener efecto, la realidad es que no dura por mucho tiempo….. ¡Finalmente termino reventando! Por lo anterior, si tú estás deseoso de conocer esto que hoy te comparto, es preciso que reconozcas que es Él, es Dios, es EL PADRE CELESTIAL quien puede quitar tu ansiedad, para darte no solo un rato de tranquilidad sino un estado de PAZ permanente.

 

Paz no es pretender que no pasa nada.

Disimular es posible, pero no es a lo que te ha llamado Dios. Él no quiere que nos pongamos la máscara de “aquí no pasa nada”. Estoy aprendiendo a decir: “Las cosas no van bien, pero Dios es más grande que mis problemas”, y no solo a expresarlo con mi boca, sino a llevar mi ser a ubicarse totalmente en esa realidad. Al día siguiente de la mala noticia que te platico, alguien entró a nuestra oficina y cuando nos vio dijo sorprendido: “Yo venía a expresarles cuánto siento lo que pasó pero me encuentro con que hasta contentos están”. ¿Se trata de guardar las apariencias? ¿A quién podemos engañar? ¡Dios todo lo conoce aún lo profundo del corazón! El dolor de lo sucedido fue grande, pero mayor es el consuelo que el Padre ha estado derramando sobre nosotros.

 

PAZ no es que producto de la autosugestión

Cuando Jesús estaba en aquel barco, Él no se desconectó de las circunstancias; mas bien permanecía conectado a la verdadera realidad: LA DE SU PADRE. Jesús sabía bien que su hora de morir no había llegado y estaba clarísimo respecto a la autoridad con la que estaba investido para reprender aún a la misma tempestad. Los discípulos no pueden contagiarle su pánico porque Él está de acuerdo con la voluntad de Dios. ¿Estas tú de acuerdo con lo que Él quiere de ti? ¿Vas a responder a los eventos como humano ó como hijo? ¿Vas a dejar que tus pensamientos se salgan de lo que Él te ha dicho?

 

Yo todavía no resuelvo el problema del que te cuento, pero ¿sabes qué? He decidido creerle a mi Papá y reconocer que esta guerra es de Dios. Una palabra de Jesús bastó para poner las inclemencias del tiempo en perfecto orden. ¿No podrá Él poner Su orden en mis circunstancias? Yo no voy a tomar el lugar de los discípulos escandalizados tratando de despertar al Maestro con sus “escenitas de terror”, voy a DORMIR como Jesús. He decidido conectarme a la realidad de Su Palabra en medio de esta tormenta. Él me ha dado Su naturaleza, Su autoridad y  esto que no comprendo pero que disfruto al máximo: ¡Su hermosa paz!

 

Mateo 8:22-27

Filipenses 4:7

Juan 14:27

 

 

Los Problemas y sus Ventajas

¿Quién puede decir que NO tiene problemas? Todos sin excepción tenemos que enfrentarlos tarde que temprano, sin embargo, no todos hemos podido identificar los beneficios que estos potencialmente pueden producir en la vida, provocando que pasemos desapercibidos frente a un cúmulo de oportunidades. Sí, leíste bien, hay ventajas escondidas detrás de esa situación que atraviesas. Aunque resulta común que nuestra mente le dé una connotación negativa a esta palabra, ¡y no es para menos!  pues lo que se vive en medio de las crisis no es nada cómodo ó agradable, ¡existe otra cara de tus circunstancias que necesitas conocer!

Precisamente estos dos últimos meses han sido la escuela para mí. Estuve en la sala de emergencias con un padecimiento que los doctores no podían explicar y tampoco sabían cómo tratar. Me recomendaron estar en cama por varios días y todavía no me recuperaba de esto, cuando mi hija fue diagnosticada con una hernia que requería estudios especiales y una probable cirugía. Los gastos parecían una coladera y la presión estaba en su máxima expresión. Mi esposo tuvo que hacerse cargo de la casa, de las hijas, además de todas sus responsabilidades. También cuidaba de mí por las noches, así que casi no dormía. A esto se sumó la pérdida del bebé de un familiar cercano y nuestro corazón se dolía con ellos. Fueron días difíciles, y ¿qué de bueno podía haber para mí en todo eso? Precisamente lo que quiero compartir contigo ahora, tiene que ver con la respuesta a esa interrogante:

1. Problema = Un llamado a salir de tu zona de confort.*

La crisis es como la alarma de un despertador indicándote la urgencia de crecer y extenderte a nuevos niveles de desarrollo personal, familiar, laboral, etc.. Un día antes de que comenzara todo este episodio de dificultades, mi esposo y yo estábamos considerando una decisión importante que implicaba nuevos retos. No es fácil moverse a lo desconocido, a donde no sientes contar del todo con la experiencia necesaria, a donde el futuro parece incierto, a donde tu rutina diaria tiene que modificarse completamente. Fue precisamente, metidos en esos eventos “negativos”, que encontramos la fuerza y valentía para dar el paso que necesitábamos tomar. Lo sucedido nos sirvió para analizar la decisión desde otro punto de vista y mirar las cosas a través de otro cristal, y aquí estamos moviéndonos en una nueva dirección. Dios ha preparado nuevos escenarios de éxito en tu desarrollo pero se requiere de tu determinación para entrar en ellos. El temor paraliza pero Su amor nos libera para avanzar.  Muchas veces resulta imperceptible para nosotros cuando nos hemos estancado en la zona de confort, pero los problemas pueden ser la puerta para accesar a otro nivel si nosotros lo permitimos.

2. Problema = Una oferta de experiencias para aprender a manejar lo que vendrá.

Mientras estés quejándote por las complicaciones de tu situación, te estarás negando a ti mismo la bendición de ser equipado con un conjunto de experiencias que sin duda alguna vas a requerir para enfrentar tu futuro con éxito. Mira, cuando estuvimos viendo a tantos médicos, mi esposo y yo nos enfocamos en atender los retos de cada día. ¡VIVIR UN DÍA A LA VEZ! Determinamos no preocuparnos por lo que el doctor diría mañana, ni por los pagos que vendrían en un mes.** Bajo esta perspectiva enfrentamos día tras día, ¡y nos ayudó tanto! Todavía no entiendo porqué pasé por tantas cosas al mismo tiempo, pero lo que sí sé, es que lo que vivimos nos está permitiendo manejar con eficacia los retos de HOY y con seguridad nos ayudarán para enfrentar los de mañana.  Mi esposo y yo aprendimos a funcionar como equipo en un grado superlativo y a sortear las presiones apoyándonos el uno al otro; lo que intentó venir a debilitarnos solo nos ha hecho más fuertes.

3. Problema = Una invitación para descubrir aquellas capacidades y recursos que posees.

Es más sencillo decir “no se puede” ó “no hay” y resignarse; sin embargo, si el problema está frente a ti es porque tienes con qué responderle exitosamente. ¡Dios así lo ha prometido! Durante esos días que estuve en cama, tuve que pasar de tratar de encontrar una explicación, a buscar una solución. El diagnóstico médico era incierto y los doctores no podían hacer ninguna de las dos cosas. Frente a esto, pude comprobar una dosis de templanza que solo Dios podía traer a mi corazón, una fortaleza sobrenatural que no me dejó derrumbarme a pesar de las circunstancias y una paz incomprensible que guardó mi corazón en todo momento. Además, me encontré rodeada de un ejército de amigos que me brindaron su apoyo en oración, y fueron la expresión tangible del amor del Padre en tantas llamadas, mensajes y atenciones que me sostuvieron cuando más lo necesité.

Han transcurrido las semanas y gracias a Dios mi salud se ha reestablecido, mi hija no requirió de ninguna cirugía para la hernia diagnosticada, y hemos visto la provisión de Dios para ir pagando poco a poco todos los gastos que esto implicó. Ahora puedo decir con confianza: “Si mi Padre pudo con esto, ¿qué no podrá hacer por mí?”  Te invito a que te tomes un par de minutos y reflexiones en esto que te comparto. ¡Tus problemas pueden convertirse de un desierto a un oásis de bendición!

* La Zona de Confort es el conjunto de creencias y acciones a las que estamos acostumbrados, y que nos resultan cómodas.

** Mateo 6:34