Los Problemas y sus Ventajas
¿Quién puede decir que NO tiene problemas? Todos sin excepción tenemos que enfrentarlos tarde que temprano, sin embargo, no todos hemos podido identificar los beneficios que estos potencialmente pueden producir en la vida, provocando que pasemos desapercibidos frente a un cúmulo de oportunidades. Sí, leíste bien, hay ventajas escondidas detrás de esa situación que atraviesas. Aunque resulta común que nuestra mente le dé una connotación negativa a esta palabra, ¡y no es para menos! pues lo que se vive en medio de las crisis no es nada cómodo ó agradable, ¡existe otra cara de tus circunstancias que necesitas conocer!
Precisamente estos dos últimos meses han sido la escuela para mí. Estuve en la sala de emergencias con un padecimiento que los doctores no podían explicar y tampoco sabían cómo tratar. Me recomendaron estar en cama por varios días y todavía no me recuperaba de esto, cuando mi hija fue diagnosticada con una hernia que requería estudios especiales y una probable cirugía. Los gastos parecían una coladera y la presión estaba en su máxima expresión. Mi esposo tuvo que hacerse cargo de la casa, de las hijas, además de todas sus responsabilidades. También cuidaba de mí por las noches, así que casi no dormía. A esto se sumó la pérdida del bebé de un familiar cercano y nuestro corazón se dolía con ellos. Fueron días difíciles, y ¿qué de bueno podía haber para mí en todo eso? Precisamente lo que quiero compartir contigo ahora, tiene que ver con la respuesta a esa interrogante:
1. Problema = Un llamado a salir de tu zona de confort.*

La crisis es como la alarma de un despertador indicándote la urgencia de crecer y extenderte a nuevos niveles de desarrollo personal, familiar, laboral, etc.. Un día antes de que comenzara todo este episodio de dificultades, mi esposo y yo estábamos considerando una decisión importante que implicaba nuevos retos. No es fácil moverse a lo desconocido, a donde no sientes contar del todo con la experiencia necesaria, a donde el futuro parece incierto, a donde tu rutina diaria tiene que modificarse completamente. Fue precisamente, metidos en esos eventos “negativos”, que encontramos la fuerza y valentía para dar el paso que necesitábamos tomar. Lo sucedido nos sirvió para analizar la decisión desde otro punto de vista y mirar las cosas a través de otro cristal, y aquí estamos moviéndonos en una nueva dirección. Dios ha preparado nuevos escenarios de éxito en tu desarrollo pero se requiere de tu determinación para entrar en ellos. El temor paraliza pero Su amor nos libera para avanzar. Muchas veces resulta imperceptible para nosotros cuando nos hemos estancado en la zona de confort, pero los problemas pueden ser la puerta para accesar a otro nivel si nosotros lo permitimos.
2. Problema = Una oferta de experiencias para aprender a manejar lo que vendrá.

Mientras estés quejándote por las complicaciones de tu situación, te estarás negando a ti mismo la bendición de ser equipado con un conjunto de experiencias que sin duda alguna vas a requerir para enfrentar tu futuro con éxito. Mira, cuando estuvimos viendo a tantos médicos, mi esposo y yo nos enfocamos en atender los retos de cada día. ¡VIVIR UN DÍA A LA VEZ! Determinamos no preocuparnos por lo que el doctor diría mañana, ni por los pagos que vendrían en un mes.** Bajo esta perspectiva enfrentamos día tras día, ¡y nos ayudó tanto! Todavía no entiendo porqué pasé por tantas cosas al mismo tiempo, pero lo que sí sé, es que lo que vivimos nos está permitiendo manejar con eficacia los retos de HOY y con seguridad nos ayudarán para enfrentar los de mañana. Mi esposo y yo aprendimos a funcionar como equipo en un grado superlativo y a sortear las presiones apoyándonos el uno al otro; lo que intentó venir a debilitarnos solo nos ha hecho más fuertes.
3. Problema = Una invitación para descubrir aquellas capacidades y recursos que posees.

Es más sencillo decir “no se puede” ó “no hay” y resignarse; sin embargo, si el problema está frente a ti es porque tienes con qué responderle exitosamente. ¡Dios así lo ha prometido! Durante esos días que estuve en cama, tuve que pasar de tratar de encontrar una explicación, a buscar una solución. El diagnóstico médico era incierto y los doctores no podían hacer ninguna de las dos cosas. Frente a esto, pude comprobar una dosis de templanza que solo Dios podía traer a mi corazón, una fortaleza sobrenatural que no me dejó derrumbarme a pesar de las circunstancias y una paz incomprensible que guardó mi corazón en todo momento. Además, me encontré rodeada de un ejército de amigos que me brindaron su apoyo en oración, y fueron la expresión tangible del amor del Padre en tantas llamadas, mensajes y atenciones que me sostuvieron cuando más lo necesité.
Han transcurrido las semanas y gracias a Dios mi salud se ha reestablecido, mi hija no requirió de ninguna cirugía para la hernia diagnosticada, y hemos visto la provisión de Dios para ir pagando poco a poco todos los gastos que esto implicó. Ahora puedo decir con confianza: “Si mi Padre pudo con esto, ¿qué no podrá hacer por mí?” Te invito a que te tomes un par de minutos y reflexiones en esto que te comparto. ¡Tus problemas pueden convertirse de un desierto a un oásis de bendición!
* La Zona de Confort es el conjunto de creencias y acciones a las que estamos acostumbrados, y que nos resultan cómodas.
** Mateo 6:34
¡Adiós al estancamiento!
¿Estás consternado porque perdiste algo que le daba valor o sentido a tu vida? En lo personal, he comprobado muchas veces que lo mejor que pudo pasarme, es haber “perdido” aquello que según yo, me brindaba cierto nivel de estabilidad. Estas experiencias, aunque díficiles y dolorosas, me han impulsado (por no decir empujado =) ) a la exploración y descubrimiento de nuevas áreas de crecimiento. He tenido mis descalabros, sin embargo, ¡no puedo estar más agradecida con Dios por esos momentos en los que me ha permitido ver EL POTENCIAL que ha depositado en mi interior, me ha capacitado con Su sabiduría para poner manos a la obra y me ha fortalecido para colaborar con Él haciendo que ¡todas las cosas sin excepción, contribuyan para MI bien! ¡Dios está listo para hacer esto en ti! Pero ….¿estás tú dispuesto a asumir tu responsabilidad?
Mira lo que sucedió con esta familia y su más preciado tesoro:
LA FAMOSA HISTORIA DE LA “VAQUITA”
Un Maestro de la Sabiduría paseaba por un bosque con su fiel Discípulo, cuando a lo lejos vio un sitio de apariencia pobre, decidiendo hacer una visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, así como de conocer a personas nuevas y diferentes, y las oportunidades de aprendizaje que nos brindan éstas experiencias.
Llegando al lugar, constató la pobreza del sitio; entre sus habitantes se encontraba una pareja y sus tres hijos que vivían en una casa de madera, estaban vestidos con ropas sucias y rasgadas, y no tenían calzado. Entonces el Sabio se aproximó al señor padre de familia y le preguntó: Si en este lugar no existen señales de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí ? El señor calmadamente le respondió: “Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en el pueblo vecino, y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo.”
El Sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, se dirigió hacia su fiel discípulo y le ordenó al aprendiz : “Busque la vaquita, llévela al precipicio de allá en frente y empújela al barranco”. El joven, espantado, observó al Maestro, y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Pero como percibió un absoluto silencio por parte del Sabio, se fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante algunos años.
Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresó a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al sitio comenzó a ver todo muy cambiado, bonito, con flores y árboles frutales, todo habitado, con lujoso carro en el garaje de elegante casa y algunos niños jugando en el jardín.
El joven se sintió triste y desesperado al pensar que aquella humilde familia tuvo que vender el terreno para sobrevivir; aceleró el paso y llegando allí fue recibido por un señor muy simpático; el joven le preguntó por una familia que vivía allí hace unos cuatro años; el señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años junto con su Maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor ( el dueño de la vaquita ): ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de estilo de vida ?
El señor, entusiasmado, le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió; de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos ; es de ésta manera como alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora “.
¿LISTO PARA CRECER A NUEVAS ESFERAS DE ÉXITO?
1. Deja de seguir llorando por lo que se perdió, por aquello que ya quedó atrás, pues….. ¡no vale la pena! Recibe las palabras que tu Padre te habla hoy: “¡OLVIDA LO QUE SUCEDIÓ Y EXTIÉNDETE A LO QUE TE HE PUESTO DELANTE!” *
2. Toma el paso de fe y MUEVETE en la confianza de que en Cristo estás habilitado para llevar a cabo exitosamente esos retos nuevos. **
3. En vez de seguir tratando de encontrar una razón a lo que ocurrió, decídete de una vez y ¡DESPÓJATE DEL PESO DE LOS “PORQUÉ” PARA DAR PASO A LOS “PARA QUÉ”! Las respuestas de Dios, Sus ideas, Su creatividad, Su sabiduría comenzarán a derramarse en tu interior como vino nuevo se vierte en odres nuevos. ***
Recuerda que TÚ eres Su hijo amado y que si nos ha dado a JESÚS, ¿cómo no nos dará junto con Él todas las cosas?
*Fil. 3:13 ;
** Fil. 4:13
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¿Cansado de luchar? Tú puedes llegar a la meta.
Cuando se habla de éxito podemos identificar que existen dos tipos de personas: Aquellas que sueñan en grande pero se ´duermen en sus laureles´ esperando que la oportunidad les toquen la puerta, y aquellas que sin hablar mucho, se ocupan y se invierten día a día, dando pasos constantes hacia la visión que celosamente guardan en su corazón. ¿Dónde te ubicas a ti mismo?* La diferencia entre ambos escenarios está determinada por un factor que Dios llama “Valentía”. Conoce cómo puedes hoy mismo ponerla en acción dando un giro a tu vida y tu condición.
Cuando los retos aumentan, Él está presente.
Recuerdo que cuando tenía tres años, mi papá me llevó a un parque donde se realizaba una competencia de triciclos. Dieron la señal de salida y los niños avanzamos tan rápido como podíamos. Sin embargo de repente sucedió algo inesperado. Algunos papás se metieron a la competencia para “empujar” a sus hijos y ayudarles a llegar primero Era obvio que esos niños tomaban ventaja de los demás, pero frente a esto mi papá no se quedó de brazos cruzados. Cuando yo comenzaba a sentir el cansancio de la carrera, los brazos de mi papá me rodearon y mientras me empujaba con fuerza él me decía: ¡Dale hija, vamos! Jamás hubiera podido avanzar de esa manera por mí misma. Saber que mi padre estaba tan cerca para asegurarme que llegaríamos me infundió el ánimo para continuar hasta el final.
¿Será suficiente con tener “motivación”?
En ese momento, mi parte en el proceso cambió por completo. Sí, tenía que esforzarme pero ahora era el poder de mi padre lo que estaba en operación. ¡Ya no tenía que pedalear con mis propias fuerzas! Mi trabajo consistía en sujetarme firmemente del manubrio, permitiendo que mis pies se movieran a la velocidad del impulso de mi papá. Nótese que él no me bajó del triciclo para terminar la carrera en mi lugar. ¡No! Fue Su fuerza operando en mí lo que me daba la valentía para llegar a la meta, mientras yo se lo permitía. Aunque no recuerdo ni quién ganó la competencia, sí recuerdo muy bien que mi papá y yo llegamos juntos a la meta y celebramos nuestra victoria.
¿Valiente…. YO?
Ahora piensa en tu situación particular y en las metas que tienes por alcanzar. ¿Vas a conformarte esperando a que Dios te baje del “triciclo” para que Él haga la parte que te corresponde a ti? Ó ¿Vas a ejercer valentía agarrándote firmemente de Sus promesas “pedaleando” en Su fuerza? El Padre Celestial ha provisto TODO para llevarte a la meta y ver cumplido Su propósito en ti. Ser valientes no tiene nada que ver con desbaratarnos tratando de hacer las cosas por nuestros propios medios ni con acostarnos a dormir mientras se nos cae el techo encima. ¡Tu valentía se manifiesta en el ejercicio constante de creer Su verdad, recibir lo que Él dice de ti y permitir que Dios fluya a través de tu vida! **
Tu decisión es la clave.
Sé muy valiente, no temas ni desmayes por lo que puedas encontrar en tu camino, Dios no está esperando por ti al final de la carrera, Él está presente a cada paso que das amándote y apoderándote, como un Padre a su hijo, respetando tus decisiones en todo momento. Su compromiso es firme y está determinado a llevarte de poder en poder, y de victoria en victoria. La pregunta es: ¿Se lo permitirás hoy en tu vida?
¡Auxilio….Camino cerrado!
¿Que te han dicho que el cáncer que pa
deciste años atrás parece haber regresado? ¿Qué te aquejan nuevamente los síntomas cuando Dios te había sanado? ¿Que las cosas no resultaron de acuerdo a lo que estabas orando? Hay momentos en nuestra vida en que recibimos noticias como estas y de repente nos sentimos confundidos atrapados en un camino cerrado. Las cosas parecían ir bien pero cuando la carreta se atora, nos cuesta trabajo distinguir cómo responder a este tipo de provocaciones y no vemos la salida.
Hace unos años me ví en circunstancias como estas cuando después de pasar por una cirugía de emergencia, fui advertida por mi ginecólogo que de presentarse nuevamente los síntomas, tendría que correr al hospital sin preguntar, para ser sometida a otra operación. Y no solo esto, según el diagnóstico que recibí, mi vida sería así. Tendría que cuidarme y vivir siempre corriendo los mismos riesgos. Una noche mientras dormía, ocurrió algo que me retó a creerle a Dios con respecto a mi sanidad. En mis sueños, un grupo de mujeres oraban por mí declarando salud sobre mi condición. ¡Ellas creían con tanta fe lo que estaban pidiendo! Cuando desperté, me di cuenta que estaba soñando pero me quedé en mi cama recibiendo y aceptando salud para mi vida.
Las semanas pasaron y un día los síntomas parecían presentarse de nuevo. La experiencia de la cirugía que ya había tenido no era nada agradable y de ninguna forma quería pasar por eso otra vez. Sabía que tenía que hacer algo pero ¿cómo iba a enfrentar esto? Ese es el punto. El temor y la incertidumbre golpeaban a mi puerta sin embargo esa tarde una paz sobrenatural llenó mi corazón. Había determinado pararme en FE y esa “encrucijada” era el momento para ejercitar lo que había creido. Estas tres verdades alumbraron mi corazón en esos momentos:
1º. Dios es fiel : Si Dios me había guardado de la muerte y me había mostrado sus cuidados ¿no guardaría mi vida esta vez? ¡Mil veces me ha comprobado que estoy rodeada de su fidelidad….! ¿No cumplirá ahora lo que ha prometido? ¡El no puede negarse a sí mismo! En otras palabras, Él no es de las personas que dicen: “Fíjate que siempre no”.
2º. Dios es responsable de mí: Él no deja las cosas a medias como muchas veces nosotros lo hacemos. Él completa la obra que ha iniciado en nosotros, si así se lo permitimos. Él es Alfa y Omega, Principio y Fin, el Primero y el Último. Dios es un experto en cerrar exitosamente los ciclos que ha iniciado en sus hijos, y abrir nuevos para nosotros en Su tiempo. ¿Cómo dudar ahora de su amor y sus promesas?
3º. Dios es MI Dios. Si lo he reconocido a Él como mi Padre y Él está conformando en mí a una hija suya, tengo dentro de mí capacidad y poder para responder como Él a esta condición; de tal forma que mis pensamientos, sentimientos y decisiones le honren en todo momento. Puedo actuar en unidad con Él y saber que así tengo asegurada la victoria.
Recuerdo que esa tarde le informé a mi esposo sobre mi estado. Sin alarmarme le dije que visitaría al doctor hasta la mañana siguiente. Inexplicablemente pude dormir bien esa noche. Ese día me levanté para asistir a mi cita de manera normal en lugar de salir desesperada rumbo al hospital. Durante la revisión, mi médico me hizo notar que los síntomas correspondían al período normal de las mujeres y no al mal que me aquejaba. Déjame decirte que han pasado diez años desde entonces, y jamás he vuelto a padecer de aquella condición. Me han revisado varios ginecólogos y todos han dicho que estoy perfectamente sana. Ninguno puede encontrar ni siquiera indicios de aquello que alguna vez padecí. ¡Este es el Dios que yo conozco! El que hace camino en el desierto y convierte en manaderos de aguas el sequedal.
No existen caminos cerrados para los que somos HIJOS, sino vallas para saltar, no en nuestras fuerzas sino en Su poder. Esa encrucijada no es mas que la oportunidades para comprobar más y más la gloria de Dios que habita en ti. Yo no sé cuál sea la situación que tú atraviesas ahora, pero sin duda alguna, Él está listo para intervenir tal y como lo hizo conmigo. ¿Le permitirás obrar en tu corazón hoy? ¡Dios es fiel!
¿Ejercitando Paciencia?
“Entre más me esfuerzo por ser paciente, más irritable resulto ser…”, decía Carlos después de una conversación con su hijo adolescente. Existen muchos detonadores que agotan la reserva de paciencia que cada quien tenemos, y pues cuando alguien oprime el “botón” que nos provoca, termina muchas veces reventando la cosa. ¿Alguna vez te has visto ahí? Déjame platicarte lo que estoy aprendiendo con respecto a cómo desarrollar este importante aspecto en nuestra vida cotidiana.
1o. Entiende el significado de paciencia. Esto no es capacidad de aguante, ni tampoco tener la “sangre de atole”; es el carácter habilitado para permanecer creyendo activamente lo que dice Dios. Pensemos en una mujer que anhela tener un hijo y finalmente el médico confirma su embarazo. Ella comienza preparativos, cuidados alimenticios, control pre-natal, etc., actuando en base a lo que creyó de su doctor, aun cuando ni siquiera tiene crecido el vientre. Así sobrelleva toda clase de incomodidades, malestares y dolor; ella tiene la certidumbre de que se convertirá en madre. Esta espera paciente no implica inactividad o negligencia; mas bien una acción que proviene de la certeza de que una vida se desarrolla en su vientre. ¡De esta manera sobrepasa lo que sea hasta dar a luz a su bebé! ¿Es así como esperas lo que Dios te ha prometido?
2o. Contempla en las provocaciones una oportunidad. Mientras veas en las rabietas de tus hijos un dolor de cabeza, en ese jefe difícil el obstáculo para tu ascenso, en la desorganización de tu cónyuge una debilidad insuperable, en la economía inestable tu mayor desgracia, etc., estarás encerrado en la cárcel de la irritabilidad y desesperación. Aunque intentes disimular, serás susceptible a menos que definas que los elementos que te provocan son nada menos y nada más que UNA OPORTUNIDAD PARA TU CRECIMIENTO. Tienes frente a ti la opción para desarrollar carácter y hacer a un lado la frustración. ¡Tú eliges! Deja de intentar cambiar a la gente y a tus circunstancias.. ¡Y acepta participar con Dios en el proceso de tu transformación!
3o. Relájate y ejerce la entereza que Dios ha depositado en tu ser. Dentro de tu corazón existe una fábrica de paciencia por el Espíritu Santo que está en ti. ¡Qué descanso saber que no nos toca a nosotros producirla! Esa fábrica entra en operación cuando nuestra fe es puesta a prueba. De tal forma, que esa promesa aún no cumplida que según nosotros tenemos como tardanza, tiene el objetivo de realizar una obra completa en nuestra vida: Que seamos HIJOS. ¿Vas a permitir que eso suceda en ti? Sí, las dudas, la incertidumbre, las contrariedades aparecerán en la escena, sometiendo tu fe a las altas temperaturas, pero dependerá de tu respuesta, de que tú aceptes tomar lo que tu Padre te ha provisto, para desatar la producción masiva de paciencia en tu ser.
¿Estás dispuesto a asumir esta espera paciente en los tiempos que ahora atraviesas? Comparte con nosotros cuáles son tus retos en esta área y cómo has buscado sobrepasarlos.
“Entre más me esfuerzo por ser paciente, más irritable resulto ser…”, decía Carlos después de una conversación con su hijo adolescente. Existen muchos detonadores que agotan la reserva de paciencia que cada quien tenemos, y pues cuando alguien oprime el “botón” que nos provoca, termina muchas veces reventando la cosa. ¿Alguna vez te has visto ahí? Déjame platicarte lo que estoy aprendiendo con respecto a cómo desarrollar este importante aspecto en las actividades cotidianas.
1o. Entiende el significado de paciencia. Esto no es capacidad de aguante, ni tampoco tener la “sangre de atole”; es el carácter habilitado para permanecer creyendo activamente lo que dice Dios. Pensemos en una mujer que anhela tener un hijo y finalmente el médico confirma su embarazo. Ella comienza preparativos, cuidados alimenticios, control pre-natal, etc., actuando en base a lo que creyó de su doctor, aun cuando ni siquiera tiene crecido el vientre. Así sobrelleva toda clase de incomodidades, malestares y dolor; ella tiene la certidumbre de que se convertirá en madre. Esta espera paciente no implica inactividad o negligencia; mas bien una acción que proviene de la certeza de que una vida se desarrolla en su vientre. ¡De esta manera sobrepasa lo que sea hasta dar a luz a su bebé! ¿Es así como esperas lo que Dios te ha prometido?
2o. Contempla en las provocaciones una oportunidad. Mientras veas en las rabietas de tus hijos un dolor de cabeza, en ese jefe difícil el obstáculo para tu ascenso, en la desorganización de tu cónyuge una debilidad insuperable, en la economía inestable tu mayor desgracia, etc., estarás encerrado en la cárcel de la irritabilidad y desesperación. Aunque intentes disimular, serás susceptible a menos que definas que los elementos que te provocan son nada menos y nada más que UNA OPORTUNIDAD PARA TU CRECIMIENTO. Tienes frente a ti la opción para desarrollar carácter y hacer a un lado la frustración. ¡Tú eliges! Deja de intentar cambiar a la gente y a tus circunstancias.. ¡Y acepta participar con Dios en el proceso de tu transformación!
3o. Relájate y ejerce la entereza que Dios ha depositado en tu ser. Dentro de tu corazón existe una fábrica de paciencia por el Espíritu Santo que está en ti. ¡Qué descanso saber que no nos toca a nosotros producirla! Esa fábrica entra en operación cuando nuestra fe es puesta a prueba. De tal forma, que esa promesa aún no cumplida que según nosotros tenemos como tardanza, tiene el objetivo de realizar una obra completa en nuestra vida: Que seamos HIJOS. ¿Vas a permitir que eso suceda en ti? Sí, las dudas, la incertidumbre, las contrariedades aparecerán en la escena, sometiendo tu fe a las altas temperaturas, pero tu respuesta a esos aspectos dependerá de ti, estará sujeta a que tú aceptes tomar lo que tu Padre te ha provisto. ¡Comprueba hoy mismo que es posible desatar esa producción masiva de paciencia en tu ser!

