¿Cansado de luchar? Tú puedes llegar a la meta.
Cuando se habla de éxito podemos identificar que existen dos tipos de personas: Aquellas que sueñan en grande pero se ´duermen en sus laureles´ esperando que la oportunidad les toquen la puerta, y aquellas que sin hablar mucho, se ocupan y se invierten día a día, dando pasos constantes hacia la visión que celosamente guardan en su corazón. ¿Dónde te ubicas a ti mismo?* La diferencia entre ambos escenarios está determinada por un factor que Dios llama “Valentía”. Conoce cómo puedes hoy mismo ponerla en acción dando un giro a tu vida y tu condición.
Cuando los retos aumentan, Él está presente.
Recuerdo que cuando tenía tres años, mi papá me llevó a un parque donde se realizaba una competencia de triciclos. Dieron la señal de salida y los niños avanzamos tan rápido como podíamos. Sin embargo de repente sucedió algo inesperado. Algunos papás se metieron a la competencia para “empujar” a sus hijos y ayudarles a llegar primero Era obvio que esos niños tomaban ventaja de los demás, pero frente a esto mi papá no se quedó de brazos cruzados. Cuando yo comenzaba a sentir el cansancio de la carrera, los brazos de mi papá me rodearon y mientras me empujaba con fuerza él me decía: ¡Dale hija, vamos! Jamás hubiera podido avanzar de esa manera por mí misma. Saber que mi padre estaba tan cerca para asegurarme que llegaríamos me infundió el ánimo para continuar hasta el final.
¿Será suficiente con tener “motivación”?
En ese momento, mi parte en el proceso cambió por completo. Sí, tenía que esforzarme pero ahora era el poder de mi padre lo que estaba en operación. ¡Ya no tenía que pedalear con mis propias fuerzas! Mi trabajo consistía en sujetarme firmemente del manubrio, permitiendo que mis pies se movieran a la velocidad del impulso de mi papá. Nótese que él no me bajó del triciclo para terminar la carrera en mi lugar. ¡No! Fue Su fuerza operando en mí lo que me daba la valentía para llegar a la meta, mientras yo se lo permitía. Aunque no recuerdo ni quién ganó la competencia, sí recuerdo muy bien que mi papá y yo llegamos juntos a la meta y celebramos nuestra victoria.
¿Valiente…. YO?
Ahora piensa en tu situación particular y en las metas que tienes por alcanzar. ¿Vas a conformarte esperando a que Dios te baje del “triciclo” para que Él haga la parte que te corresponde a ti? Ó ¿Vas a ejercer valentía agarrándote firmemente de Sus promesas “pedaleando” en Su fuerza? El Padre Celestial ha provisto TODO para llevarte a la meta y ver cumplido Su propósito en ti. Ser valientes no tiene nada que ver con desbaratarnos tratando de hacer las cosas por nuestros propios medios ni con acostarnos a dormir mientras se nos cae el techo encima. ¡Tu valentía se manifiesta en el ejercicio constante de creer Su verdad, recibir lo que Él dice de ti y permitir que Dios fluya a través de tu vida! **
Tu decisión es la clave.
Sé muy valiente, no temas ni desmayes por lo que puedas encontrar en tu camino, Dios no está esperando por ti al final de la carrera, Él está presente a cada paso que das amándote y apoderándote, como un Padre a su hijo, respetando tus decisiones en todo momento. Su compromiso es firme y está determinado a llevarte de poder en poder, y de victoria en victoria. La pregunta es: ¿Se lo permitirás hoy en tu vida?
Un correo electrónico para Dios
¿Te imaginas qué hubiera sucedido si el salmista David hubiera tenido acceso al correo electrónico en su tiempo? Yo sólo sé que en los momentos de mayor dificultad, él se atrevió a expresarle al Señor su amor y su devoción escribiendo poemas y canciones que salían de lo más profundo de su corazón usando los medios que tenía a su alcance.Hace unos años, pasando por un desierto en el que no entendía lo que sucedía, tomé la decisión de hacer un compromiso con Dios y creerle a pesar de las circunstancias. En esos días de confusión, escribí este correo electrónico dirigido a quien siempre permanece fiel, aunque nosotros no lo seamos en esa misma dimensión.
Lo mejor del asunto, es que su dirección de correo electrónico no es exclusiva de nadie y está abierta para todo aquél que con un corazón sencillo se acerca. ¿Que si Dios recibió mi correo? ¡Vaya que sí lo hizo! Estuvo ahí conmigo y como dice el Salmo 40…. “se inclinó a mí y oyó mi clamor, me hizo sacar del pozo de la desesperación…. puso mis pies sobre peña y enderzó mis pasos”. Las cosas no se arreglaron de la noche a la mañana, pero el proceso fue una maravillosa oportunidad para conocerle como MI DIOS, como MI PADRE.
Si quieres puedes hacerlo tú también. Te invito a que te unas conmigo a decir estas sencillas palabras, que se convirtieron en el ancla de mi vida, cuando sentía que mi barca podía naufragar. Dios intervino de acuerdo a sus promesas, y está presto para hacerlo por ti también, si tú le das esa oportunidad.
——
Amado Padre:
¡Qué enorme gozo es el saber que mis palabras llegan a ti en el mismo momento en que salen de lo profundo de mi corazón! y más aún por la seguridad de que puedo contar con tu respuesta aún antes de expresarte mi petición. ¿Sabes? No existe fuera de ti quien me conozca como tú lo haces. Me viste aún antes de nacer, y entretejiste cada parte de mi cuerpo en lo secreto soplando sobre mí tu aliento de vida.
En todo tiempo estás presente rodeándome, para llevarme a disfrutar de la bendición que se esconde detrás de cada situación que enfrento y hacerme así, capaz de comprender la plenitud de tu amor por mí que sobrepasa cualquier razonamiento o justificación. ¡Cuántas cosas pretenden convencerme de lo contrario!!! Dificultad, ansiedad, aprietos, peligro, dolor, pero tu poder se hace fuerte en mi debilidad, y al sentirme desmayar me llevas a la Roca que es más alta que yo. Allí vendas mis heridas y aumentas mis fuerzas, llenando mi copa hasta rebosar. De esta manera, puedo estar firme sobre mis pasos y andar en tu voluntad con la confianza de que mi competencia proviene de ti.
Es para ti, por ti y en ti, que vivo, soy y me muevo porque únicamente en tu presencia puedo saberme completa. Te has convertido en el sitio ideal de mi existencia y todas las cosas me son posibles cuando me atrevo a permanecer revestida de la nueva criatura que has conformado en mi ser.
No traigo más a mi memoria lo que ocurrió en el pasado, ni me desgasto en el recuento de las cosas antiguas, sino que olvidando lo que queda atrás me extiendo hacia lo que está adelante; prosigo a la meta de crecer y madurar a la estatura del varón perfecto. Cada día me retas a dejar a un lado todo el peso que me asedia para correr con paciencia esta carrera, no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven porque éstas son eternas. Eres para mí un escudo alrededor, y el que levanta mi cabeza para que ponga mi visión y perspectiva de vida EN Jesús, tu Hijo. Todo lo veo tan distinto desde ahí, pues entiendo que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que ha de manifestarse y que este leve padecimiento momentáneo producirá con toda certeza en mi ser un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.
Me pregunto una y otra vez, ¿quién soy yo…..? ¿quién soy yo para que me tengas en tu memoria y cada mañana me visites? Al segundo me contestas que no por mi propia justicia sino por tu misericordia, me adoptaste, me redimiste, me hiciste tu hija, me has llamado amiga y no sierva, compartiendo conmigo tu herencia y dándome una posición juntamente con Cristo en los lugares celestes. Que lo has dado todo, te diste completo una vez y para siempre, en un sacrifico perfecto, único y suficiente que comprueba que el amor consiste no en que yo te haya amado a ti, sino en que tú… me amaste a mí primero.
Tú has vencido y me has hecho más que vencedora, por lo cual estoy segura, que nada, absolutamente nada …….podrá separarme de tu maravilloso amor.
Tu hija que te ama,
Posicionados en su amor
¿Cuál es el reto que enfrentas en este día? Quizá parezca difícil de lograr ó tan agobiante que te falta la fuerza para continuar. La realidad es que el problema más grande del mundo siempre será para nosotros, el que cada uno traemos cargando; pero no es así en la perspectiva de Dios. Para El, somos sus hijos y nos ha equipado internamente con la capacidad que El tiene para transformar el peor de los caos, en un sitio donde gobierna el orden y resplandece Su luz.
Por lo tanto, nosotros podemos transformar aquello que nos limita y estorba, o que nos oprime e intimida, para hacer que se convierta en el viento a favor que nos impulse hacia nuevos horizontes. Y es que el Padre nos ha apoderado dándonos Su Espíritu y ha depositado Su amor en nuestro corazón en cantidades exorbitantes, para que cada piedra que encontramos en el camino – no sea un tropiezo – sino un peldaño en la escalera que nos permita subir a una nueva dimensión, en la que más del carácter y de la vida de Cristo se manifieste en nosotros.
Es importante tener claro, que Dios nos ha dado la promesa y ha preparado todo para que tengamos victoria, pero Él no va a venir a hacer el trabajo por nosotros. Más bien, nos toca a ti a mí poner manos a la obra. Dios nos ha dado autoridad para que tú y yo tomemos decisiones sabias en medio de situaciones de crisis. Estas decisiones, son una expresión genuina de nuestro amor cuando le honran y respetan a El, y una plataforma para el éxito, pues Dios mismo asegura que el resultado obtenido será que: Cualesquiera las circunstancias, trabajarán siempre para el beneficio de los que le amamos.
