Soy La Buena Semilla

¡Adiós al estancamiento!

¿Estás consternado porque perdiste algo que le daba valor o sentido a tu vida? En lo personal, he comprobado muchas veces que lo mejor que pudo pasarme, es haber “perdido” aquello que según yo, me brindaba cierto nivel de estabilidad. Estas experiencias, aunque díficiles y dolorosas, me han impulsado (por no decir empujado =) ) a la exploración y descubrimiento de nuevas áreas de crecimiento. He tenido mis descalabros, sin embargo, ¡no puedo estar más agradecida con Dios por esos momentos en los que me ha permitido ver EL POTENCIAL que ha depositado en mi interior, me ha capacitado con Su sabiduría para poner manos a la obra y me ha  fortalecido para colaborar con Él haciendo que ¡todas las cosas sin excepción, contribuyan para MI bien!   ¡Dios está listo para hacer esto en ti!  Pero ….¿estás tú dispuesto a asumir tu responsabilidad?

Mira lo que sucedió con esta familia y su más preciado tesoro:

LA FAMOSA HISTORIA DE LA “VAQUITA”

Un Maestro de la Sabiduría paseaba por un bosque con su fiel Discípulo, cuando a lo lejos vio un sitio de apariencia pobre, decidiendo hacer una visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, así como de conocer a personas nuevas y diferentes, y las oportunidades de aprendizaje que nos brindan éstas experiencias.

Llegando al lugar, constató la pobreza del sitio; entre sus habitantes se encontraba una pareja y sus tres hijos que vivían en una casa de madera, estaban vestidos con ropas sucias y rasgadas, y no tenían calzado. Entonces el Sabio se aproximó al señor padre de familia y le preguntó: Si en este lugar no existen señales de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí ? El señor calmadamente le respondió: “Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en el pueblo vecino, y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo.”

El Sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, se dirigió hacia su fiel discípulo y le ordenó al aprendiz : “Busque la vaquita, llévela al precipicio de allá en frente y empújela al barranco”. El joven, espantado, observó al Maestro, y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Pero como percibió un absoluto silencio por parte del Sabio, se fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante algunos años.

Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresó a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al sitio comenzó a ver todo muy cambiado, bonito, con flores y árboles frutales, todo habitado, con lujoso carro en el garaje de elegante casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado al pensar que aquella humilde familia tuvo que vender el terreno para sobrevivir; aceleró el paso y llegando allí fue recibido por un señor muy simpático; el joven le preguntó por una familia que vivía allí hace unos cuatro años; el señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años junto con su Maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor ( el dueño de la vaquita ): ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de estilo de vida ?

El señor, entusiasmado, le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió; de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos ; es de ésta manera como alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora “.

¿LISTO PARA CRECER A NUEVAS ESFERAS DE ÉXITO?

1. Deja de seguir llorando por lo que se perdió, por aquello que ya quedó atrás, pues….. ¡no vale la pena! Recibe las palabras que tu Padre te habla hoy: “¡OLVIDA LO QUE SUCEDIÓ Y EXTIÉNDETE A LO QUE TE HE PUESTO DELANTE!”  *

2. Toma el paso de fe y MUEVETE en la confianza de que en Cristo estás habilitado para llevar a cabo exitosamente esos retos nuevos. **

3. En vez de seguir tratando de encontrar una razón a lo que ocurrió, decídete de una vez y ¡DESPÓJATE DEL PESO DE LOS “PORQUÉ” PARA DAR PASO A LOS “PARA QUÉ”!  Las respuestas de Dios, Sus ideas, Su creatividad, Su sabiduría comenzarán a derramarse  en tu interior como vino nuevo se vierte en odres nuevos. ***

Recuerda que TÚ eres Su hijo amado y que si nos ha dado a JESÚS, ¿cómo no nos dará junto con Él todas las cosas?

*Fil. 3:13 ;

** Fil. 4:13

***Heb. 12:1;  Mat. 9:17;

Te invito a que visites mi página de recomendaciones de libros, cd´s y dvd´s.

¡Libre de Culpabilidad!

Hace algunos díasescuchaba a una chica llorar en el teléfono mientras me explicaba cómo no pudo evitar que su amiga se practicara un aborto. Ella sentía mucha culpabilidad porque sus esfuerzos no habían sido suficientes para detenerla. Yo conocía a su amiga, pues había tenido oportunidad de hablar con ella sobre las repercusiones del aborto un par de semanas atrás. Me dolió mucho saber la noticia y era inevitable no pensar en lo que debimos haber dicho o hecho de manera diferente para rescatar a ese bebé de la muerte. Resultaba difícil no tomar responsabilidad por las acciones de la chica que decidió terminar con la vida de su hijo. Mientras platicábamos vinieron estas palabras a mi corazón: “Es momento de poner las culpas en el único lugar donde pueden depositarse – en la cruz –.”

SÍ a la compasión, NO a la condenación.

Esta verdad dio un giro a nuestra conversación, pues al contemplar este suceso a los pies del sacrificio de Cristo, nos hizo conscientes de Aquél que por AMOR se volvió el “depósito de nuestras culpas”, entendiendo que sí, podemos dolernos por lo sucedido y orar porque esa gracia y misericordia toquen el corazón de aquella chica, pero no podemos echar sobre nuestros hombros la culpabilidad que a Jesús le tocó llevar sobre de Él en la cruz, ni tampoco tomar  responsabilidad por la decisión personal que finalmente a cada quien le corresponde hacer de  –aceptar ó rechazar- lo que Dios nos ha dado.

Dios te quiere libre.

Cuando colgué el teléfono, me quedé pensando en cuán propensos somos muchas veces, de ponernos acuestas culpabilidad por las decisiones de terceros y la “trampa” que esto resulta si permitimos que indicios de condenación se aniden en nuestro corazón. Vemos al hijo que se culpa por el divorcio de sus padres, a la mujer violada que se condena a sí misma por el abuso que sufrió, al muchacho que se responsabiliza  por el suicidio de un hermano, etc. Y qué decir de la niña que piensa que ella provocó el abandono de su padre ó del esposo que siente con toda la responsabilidad por la infidelidad de su mujer.  Sin excepción para cada uno de estos casos y más, Dios nos ha provisto la solución.

¿Cómo poseo esa libertad?

Primero, entiende que cada individuo es responsable de sí mismo.* Tú puedes aconsejar, apoyar, animar, confrontar o interceder por alguien, pero nunca podrás “elegir”  en su lugar.  Fuimos creados y diseñados por Dios para escoger de manera individual si aceptamos o rechazamos el derecho de ser hechos sus hijos. Tú eres responsable por ti mismo y Dios respeta tu decisión. Renunciar a continuar con el papel de víctima  ó victimario en lo sucedido, para ubicarte en tu posición de HIJO, es abrir la puerta al proceso hacia tu libertad. ¿Cuál es tu respuesta?

Segundo, recibe la libertad que Cristo compró para ti.** Tú no tienes que seguir auto-castigándote por las decisiones de alguien más. ¡El “paquete” de libertad comprado con la sangre de Jesucristo ha sido suficiente! Todo está incluido en él para hacer posible que tú vivas libre de condenación y remordimientos. Sí, Él murió por tus pecados, pero también por las fallas de aquellos que te afectaron con sus acciones –intencionales o no -.  El daño causado por las acciones de terceros está incluido en la obra de redención de Cristo para ti.  ¿Porqué seguir pagando una cuenta que ya fue saldada?

Tercero, permanece firme en esa libertad y no aceptes más culpabilidad alguna***.  Cada vez que vengan nuevamente pensamientos que te acusen por lo que otros hicieron o dejaron de hacer,  descansa en la verdad del pago realizado en la cruz. ¡No te desgastes tratando de reprimir esos sentimientos! Reposa en el sacrificio de Cristo y   considera a Aquél que voluntariamente se hizo “depósito de culpas” en tu lugar  para que tú fueras libre. ¿Estás dispuesto a entar hoy en el reposo que Él te ofrece?

*  Gál. 6:5

** Rom. 8:1

*** Gál. 5:1

La Vida Anti-Estrés (III) : ¡Viviendo en armonía conmigo mismo y los demás!

¿Puede acaso alguien disfrutar de completa armonía y paz guardando el dolor de las heridas del pasado? Cuando tenía 13 años, inesperadamente mi papá se fue de casa. Las cosas no estaban bien en mi familia desde hacía tiempo atrás. Nadie sabía donde localizarlo y mi mamá quedó de repente, a cargo de tres niñas a quienes mantener. Para mí era muy difícil digerir lo que estaba sucediendo. A los pocos días, me enfermé seriamente de un problema respiratorio y en ese momento, no había dinero para cubrir los gastos medicos. Sabía que Dios estaba conmigo, pero todo esto resultaba abrumador. Milagrosamente un doctor especialista ofreció atenderme sin cobrar y recibí la ayuda que necesitaba. Durante los siguientes meses, mi madre, mis hermanas y yo vimos la provisión fiel del Pastor que nunca abandona a sus ovejas. Las diferencias entre mis padres terminaron en un divorcio muy doloroso y aunque trataba de hacer todo lo que estaba de mi parte para que esto no me afectara,  se hicieron heridas grandes en mi corazón; guardé resentimiento en mi interior y le di entrada a la amargura. Dicen por ahí que el tiempo cura las heridas, pero en realidad no es así.


Pasaron los años, sin embargo el dolor y los recuerdos aún se hacían presentes. Podía tratar de olvidarlo por algunos días, pero en cuanto algo o alguien removía el asunto, brotaban nuevamente los sentimientos de culpabilidad y resentimiento. La relación con mi papá era distante y superficial. Lo veía poco pero cada ocasión en la que trataba con él, se sumaban nuevos daños a mi lista, que ya de por sí para mí era grande, de aquellas cosas que eran (según yo) su responsabilidad y no las cumplía. Yo vivía atormentada pues podía tener calma, siempre y cuando no se tratara de hablar de asuntos con mi padre. Muchas veces oré y le pedí a Dios que sanara mis heridas. Finalmente ese día llegó.

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