La Revolución de Su Amor (2) : Soy amado incondicionalmente
“Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de Su llamamiento,…” Efesios 1:18
Como venimos diciendo anteriormente, el amor de Dios provoca una revolución en el corazón de todo aquél que lo recibe de manera consciente y permanece en él; la visión del individuo es transformada y por consiguiente, su ser entero. Sin embargo, muchas veces, lo que queremos es que cambien las circunstancias que nos rodean, y nosotros no estamos muy dispuestos a participar en el proceso de transformación que implica que Su visión se establezca en nuestras vidas. Recuerdo una etapa por la que pasé años atrás, en la que yo rogaba porque Dios cambiara ciertas situaciones en las que estaba viviendo. Desde mi punto de vista, era la gente a mi alrededor quienes necesitaban cambiar, no yo. Me desgastaba tratando de hacerles entender que debían hacerle caso a Dios (cosa que por supuesto no logré), llegando al punto de experimentar por una temporada los síntomas de lo que comúnmente llaman “depresión”. Haciendo todo en mis propias fuerzas me debilité, le di rienda suelta a la tristeza y no veía la salida. Es difícil reconocerlo, pero mi visión estaba en contraste total con la de Dios; yo me veía sola, desprovista e impotente, consintiendo cúmulos de auto-lástima. Si yo había escuchado tantas veces que Dios me amaba, ¿porqué era tan difícil para mí darle valor a esa verdad cuando estaba pasando por esa crisis? Nosotros decimos: “Sí Dios me ama, pero……” ¡Cuántos PEROS ponemos cuando se trata de aceptar lo que Él dice de nosotros y reconocer sinceramente que el Padre tiene la razón! En fin, había que salir del pozo en el que me había metido, y para eso yo tenía que estar dispuesta a querer hacerlo. Desde siempre Dios tuvo la solución, ahora era el momento de darle mi respuesta. Dejé de luchar por tratar de cambiar a otros, y comencé a permitir que Su amor me inundara estando en medio de la crisis, cuando lo que estaba a mi alrededor marchaba al revés. Comencé a entender que mi trabajo era RECIBIR de Él y escucharle. Ya no se trataba de orar porque se resolvieran las cosas, era tiempo de rendirse, bajar las velas de mi barco en la tormenta y aceptar que soy amada por Dios.
¿Qué tenía que hacer para merecer Su amor en esa condición? ¡Absolutamente NADA! ¿Qué podía hacer para que Dios me amara un poco más? Él lo había dado TODO por mí. Yo era quien necesitaba ubicarme e identificarme como su amada, no por lo que las circunstancias decían, sino por lo que Cristo hizo en la cruz. Los días y las semanas transcurrieron mientras pasaba tiempo buscando, conociendo personalmente lo que Él dice de mí. Su Espíritu me estaba enseñando y señalando aquellas cosas no estaban acordes con Su visión. Cuando acepté a Jesús en mi corazón aún siendo niña, el amor de Dios hizo cambios en mi ser, pero fue durante esta época en la que entendiendo más profundamente la realidad de Su amor por mí que se desató esta bendita revolución. Finalmente salí del pozo de la desesperación y como dice el Salmo 40: “… puso mis pies en la roca y enderezó mis pasos”. Pude empezar a verme a la luz de Sus ojos y descubrir que todas las cosas que le pertenecen a la vida y a la piedad me han sido dadas en Cristo. (2ª. Pedro 1:3) La puerta de la auto-compasión y temor seguían esperando la ocasión para que yo entrara nuevamente a través de ellas, pero por el contario, cada día descubría más razones para estar agradecida por la identidad que el Padre me dio en Jesús. Fue Su amor lo que me sostuvo y fue Su amor lo que me levantó.
La Revolución de Su Amor (I) : Soy la Visión de Dios.
“Ya que eres precioso a Mis ojos, Digno de honra, y Yo te amo,……” Isaías 43:4
Una de las verdades de Dios que más ha impactado mi vida es entender que Él me ama. Esto no sólo fue lo que me atrajo a seguirle, sino también lo que me ha levantado y sostenido a través del tiempo. Para muchos puede parecer una frase trillada el asunto de que Dios nos ama, pero la realidad es que resulta vital que podamos entenderlo, pues Él asimismo se define siendo AMOR. Lo que voy a platicarte no es un sermón, ó la experiencia de alguien más, sino el proceso a través del cual yo he comprobado lo que hay detrás de estas palabras. Él no cambia de parecer como nosotros lo hacemos en muchas ocasiones, y su amor es incondicional. Entregó a Jesús en la cruz y si fue capaz de dar semejante prueba de amor, pienso ¿qué no estará Dios dispuesto a hacer por nosotros ahora?
Este amor inexplicable del Padre ha causado una revolución en mi interior que continúa hasta este día. Saber que me escogió desde antes de la fundación del mundo y me conoció aún antes de nacer, me hace darme cuenta que tengo una razón y un propósito divino. Me entretejió en el vientre de mi madre y me puso nombre, lo cual me deja claro cuán especial soy para Él sobre toda la creación. Mi ser tiene grabadas las huellas de sus manos y al hacerme a Su imagen soy el reflejo de Su gloria. Sobre todas las construcciones hechas en la tierra de oro y piedras preciosas, Dios escogió habitar en mi corazón y establecer ahí el sitio de su morada. ¡Qué honor me concede haciendo de mi cuerpo un templo vivo portador de Su presencia! Ninguna otra persona sobre la tierra me ve de esta manera, y esa visión que tiene de mí me confronta con la necesidad de aprender a verme como Él lo hace. Y es que al estar EN Cristo, Dios nos mira a través del sacrificio que Él hizo por nosotros en la cruz. Conoce nuestro corazón mejor que nadie y sabe con detalle cada una de nuestras debilidades, pero en Su visión no está contemplando nuestra condición actual, sino lo que Él nos ha hecho ser a través de Su Hijo. Ahora ¿Cómo nos estamos viendo nosotros? ¿Estamos viendo lo que Él ve?
Aprender a poseer la visión de Dios es una transformación a veces dolorosa, pues implica desarraigar aquellas opiniones distorsionadas de nuestra identidad que hemos adquirido y abrazado. El Padre con toda paciencia hace este trabajo, como el jardinero cuida de atender, abonar y podar al árbol para que de fruto. Él se asegura para que en nuestra vida, no solo las ramas sino también las raíces estén cimentadas en la tierra fértil que Su amor ofrece para nosotros. Su Espíritu Santo nos confronta, haciéndonos ver aquéllas áreas en las que nuestra visión no está de acuerdo con la visión de Dios. Cuando decidimos conscientemente recibir Su amor, podemos hacer a un lado nuestros prejuicios para aceptar la realidad de quienes somos en Él, pero si, nos rehusarnos a creerle anteponiendo nuestros razonamientos, Él respeta nuestra decisión y nos sigue amando. El amor de Dios es inalterable y eterno, y por lo tanto tiene toda la paciencia del mundo para esperar el momento oportuno en que acudamos nuevamente a sus brazos de amor. Dice la Escritura que “como piensa el hombre en su corazón, así es el tal” (Prov. 23:7) y es que nuestra forma de pensar determina lo que somos. Por esta razón, Dios está ocupado en que tú y yo podamos poseer Su visión, siendo así capaces de vernos como Él nos ve. No existe poder humano que pueda modificar esta área de nuestra vida, por eso Su énfasis es hacernos recordar y comprender cuán amados somos por Él. El amor de Dios derramado en nuestro corazón es la dinamita para derribar aquellas murallas que dañan nuestra identidad y estorban el que podamos ser aquello a lo que Dios nos ha llamado: Sus hijos. (1ª. Juan 3:1)
Hoy estás leyendo esta sencilla nota, que solo busca recordarte cuán deseoso está Dios de conquistar tu corazón y te dejes amar por Él. Probablemente has escuchado que “Dios te ama”, pero el reto que Él nos hace va mucho más allá de que “lo sepamos”, pues anhela que podamos comprobarlo y que esta verdad sea una convicción. La estrategia es sencilla y está descrita en el libro del Cantar de los Cantares: “…Su bandera sobre mí fue amor”. En otras palabras: “Dios me amó y yo me identifico como Su amado”. Dios está diciendo que en el territorio de tu corazón ondeará la bandera que tú consientas; la decisión es tuya y de nadie más. Una bandera es señal de un gobierno. Puede ser que la insignia que nosotros hayamos permitido sea el temor y estemos viviendo bajo esa bandera identificándonos equivocadamente, pero Dios que es grande en misericordia no nos condena, antes su benignidad nos guía al arrepentimiento. De Su amor fluye un río de gracia, misericordia y perdón para nosotros. ¡Siéntete amado y participa de esta gloriosa revolución que produce el poseer la visión de Dios!
Un correo electrónico para Dios
¿Te imaginas qué hubiera sucedido si el salmista David hubiera tenido acceso al correo electrónico en su tiempo? Yo sólo sé que en los momentos de mayor dificultad, él se atrevió a expresarle al Señor su amor y su devoción escribiendo poemas y canciones que salían de lo más profundo de su corazón usando los medios que tenía a su alcance.Hace unos años, pasando por un desierto en el que no entendía lo que sucedía, tomé la decisión de hacer un compromiso con Dios y creerle a pesar de las circunstancias. En esos días de confusión, escribí este correo electrónico dirigido a quien siempre permanece fiel, aunque nosotros no lo seamos en esa misma dimensión.
Lo mejor del asunto, es que su dirección de correo electrónico no es exclusiva de nadie y está abierta para todo aquél que con un corazón sencillo se acerca. ¿Que si Dios recibió mi correo? ¡Vaya que sí lo hizo! Estuvo ahí conmigo y como dice el Salmo 40…. “se inclinó a mí y oyó mi clamor, me hizo sacar del pozo de la desesperación…. puso mis pies sobre peña y enderzó mis pasos”. Las cosas no se arreglaron de la noche a la mañana, pero el proceso fue una maravillosa oportunidad para conocerle como MI DIOS, como MI PADRE.
Si quieres puedes hacerlo tú también. Te invito a que te unas conmigo a decir estas sencillas palabras, que se convirtieron en el ancla de mi vida, cuando sentía que mi barca podía naufragar. Dios intervino de acuerdo a sus promesas, y está presto para hacerlo por ti también, si tú le das esa oportunidad.
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Amado Padre:
¡Qué enorme gozo es el saber que mis palabras llegan a ti en el mismo momento en que salen de lo profundo de mi corazón! y más aún por la seguridad de que puedo contar con tu respuesta aún antes de expresarte mi petición. ¿Sabes? No existe fuera de ti quien me conozca como tú lo haces. Me viste aún antes de nacer, y entretejiste cada parte de mi cuerpo en lo secreto soplando sobre mí tu aliento de vida.
En todo tiempo estás presente rodeándome, para llevarme a disfrutar de la bendición que se esconde detrás de cada situación que enfrento y hacerme así, capaz de comprender la plenitud de tu amor por mí que sobrepasa cualquier razonamiento o justificación. ¡Cuántas cosas pretenden convencerme de lo contrario!!! Dificultad, ansiedad, aprietos, peligro, dolor, pero tu poder se hace fuerte en mi debilidad, y al sentirme desmayar me llevas a la Roca que es más alta que yo. Allí vendas mis heridas y aumentas mis fuerzas, llenando mi copa hasta rebosar. De esta manera, puedo estar firme sobre mis pasos y andar en tu voluntad con la confianza de que mi competencia proviene de ti.
Es para ti, por ti y en ti, que vivo, soy y me muevo porque únicamente en tu presencia puedo saberme completa. Te has convertido en el sitio ideal de mi existencia y todas las cosas me son posibles cuando me atrevo a permanecer revestida de la nueva criatura que has conformado en mi ser.
No traigo más a mi memoria lo que ocurrió en el pasado, ni me desgasto en el recuento de las cosas antiguas, sino que olvidando lo que queda atrás me extiendo hacia lo que está adelante; prosigo a la meta de crecer y madurar a la estatura del varón perfecto. Cada día me retas a dejar a un lado todo el peso que me asedia para correr con paciencia esta carrera, no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven porque éstas son eternas. Eres para mí un escudo alrededor, y el que levanta mi cabeza para que ponga mi visión y perspectiva de vida EN Jesús, tu Hijo. Todo lo veo tan distinto desde ahí, pues entiendo que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que ha de manifestarse y que este leve padecimiento momentáneo producirá con toda certeza en mi ser un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.
Me pregunto una y otra vez, ¿quién soy yo…..? ¿quién soy yo para que me tengas en tu memoria y cada mañana me visites? Al segundo me contestas que no por mi propia justicia sino por tu misericordia, me adoptaste, me redimiste, me hiciste tu hija, me has llamado amiga y no sierva, compartiendo conmigo tu herencia y dándome una posición juntamente con Cristo en los lugares celestes. Que lo has dado todo, te diste completo una vez y para siempre, en un sacrifico perfecto, único y suficiente que comprueba que el amor consiste no en que yo te haya amado a ti, sino en que tú… me amaste a mí primero.
Tú has vencido y me has hecho más que vencedora, por lo cual estoy segura, que nada, absolutamente nada …….podrá separarme de tu maravilloso amor.
Tu hija que te ama,
Dios lo hace posible

Una de las cosas que me ayuda mucho cuando estoy cansada ó pasando por un rato de desánimo, es recordar que Dios hace posible aquello que en mis propias fuerzas no puedo lograr. Esta Escritura viene a mi mente, y me hace considerar quien es Aquél que lleva la carga más pesada. Su compromiso conmigo es eterno y trabaja activamente para que yo pueda disfrutar en plenitud de la vida que Él posee: La vida en el Espírtu.
Este maravilloso regalo es una realidad para todo aquel que cree, lo recibe y se atreve a poseerlo. La vida en el Espíritu no es la parte sobrenatural de Dios, por el contrario, es Su naturaleza dada a nosotros sus hijos para que podamos experimentarla al máximo. Su voluntad es que podamos pensar como Él piensa, podamos sentir lo que Él siente, para tomar decisiones como Él decide. Su corazón anhela tener comunión con nosotros, ser UNO contigo y conmigo. Las cláusulas contenidas en este pacto, son la base legal sobre las cuales Dios hace posible lo que nadie jamás pudo, ha podido, ni podrá realizar, pues por la obra de Cristo se rompió la maldición de la ley del pecado que nos arrastraba, para darnos verdadera libertad.
En cada una de las cláusuas del nuevo pacto, se define claramente la responsabilidad de Dios para llevarnos a poseer la vida en el Espíritu. Me senté unos momentos y escribí lo que yo escucho a mi Padre decirme a través de este compromiso:
Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquellos días–dice el Señor–:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
y sobre su corazón las escribiré;
y seré a ellos por Dios
y ellos me serán a mí por pueblo.
Ninguno enseñará a su prójimo,
ni ninguno a su hermano, diciendo:”Conoce al Señor”,
porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos,
porque seré propicio a sus injusticias,
y nunca más me acordaré de sus pecadosni de sus maldades»
Hebreos 8:10-12
“Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y las escribiré sobre sus corazones”.
Yo soy responsable de apoderarte con la capacidad de pensar como yo pienso y de que puedas SER lo que te he llamado a ser: Mi hijo amado. Bajo el nuevo pacto, la relación entre nosotros dos es diferente, pues no se trata de que alguien te imponga reglas que no puedes obedecer, ni de que aparentes tener una vida perfecta ante los demás. Yo he depositado dentro de ti mis leyes, y por lo tanto, eres gobernado desde tu interior. Es precisamente en de tu corazón, donde ocurre la transformación. Mis leyes establecen el cableado, sistema operativo o infraestructura para que la vida de Cristo fluya a través de ti.
En nuestra relación, no hay cabida para la opresión; ahora eres guiado por mi Espíritu a través de mi Palabra. Nadie puede empujarte ni obligarte, eres libre para escuchar mi voz y seguirme. No tienes que luchar para que esto ocurra. ¡Yo he hecho el trabajo que lo hace posible! Tienes mis leyes que producen en ti la mente de Cristo y te habilitan con el poder para que sujetar tus pensamientos en obediencia a mi verdad. Ahora puedes manifestar de manera genuina el “fruto” de la transformación que dentro de ti YO estoy realizando. ¡Fuera máscaras! Puedes acercarte confiadamente al trono de mi gracia tal y como eres para encontrar oportuno socorro, saciarte de mi gracia y comprobar como mi poder se hace fuerte en tu debilidad.
“Y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo”.
Yo soy responsable de fungir como tu Dios, tu Padre, tu Señor, como el Todopoderoso. Es cierto, antes yo era conocido como el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob, como el Dios de tus padres, pero ahora me revelo a ti de manera personal como TU DIOS y es mi deseo relacionarme contigo poniendo a tu disposición todo lo que me pertenece. Si tú aceptas mi propuesta, y te ubicas en este ofrecimiento que yo te doy, no sólo estarás tomando tu lugar como parte de mi familia siendo mi hijo, sino también como mi heredero. Conforme desarrolles y tengas la madurez necesaria para administrar lo que pongo en tus manos tomarás posesión de todo aquello que he dispuesto para ti. Pero es preciso que estés consciente de lo que mi herencia incluye: Mi genética, mi poder, mis recursos y mi gloria; por esta razón TODO lo puedes EN CRISTO que te fortalece. Mi provisión es lo que necesitas para que mi propósito se cumpla en tu vida. ¿Estás abierto para recibirla?
La parte que te corresponde a ti y que activa las cláusulas de este pacto para ti es que aceptes hoy mi invitación.
“Y ninguno enseñará su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos”.
Yo soy responsable de ser tu Maestro, tu Asesor, tu Instructor personal, y te he dado la unción para que puedas recibir esta enseñanza en tu interior. He depositado en ti la capacidad de aprender, y de aprender directamente de Mí. Este aprendizaje sucede porque yo estoy dedicado a revelarte mi verdad para ayudarte a que entiendas mis palabras, para explicarte cómo puedes echar mano de mi herencia, para instruirte en cada uno de los pasos que das, de tal forma que no te extravíes en el camino. Mi Espíritu está continuamente dentro de ti presentando evidencias de que eres mi hijo, y asegurando que tú tengas la convicción de quién yo te he llamado a SER, porque de esto se trata mi enseñanza, de que puedas ubicarte y permanecer siendo esa nueva criatura que yo he conformado en ti.
Yo estaré contigo siempre; nunca te abandonaré, pues la obra que he comenzado en ti, estoy determinado a completarla.
“Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”.
Yo asumo el compromiso de estar presente siempre contigo aún en medio de tus descalabros. Sí, yo sé que en el camino vas a encontrar tropiezos, vas a cometer equivocaciones, se te van a presentar luchas, retos, dificultades que tratarán de desubicarte, pero yo no te voy a soltar. Mi responsabilidad va mucho más allá de ser “bueno” contigo, o de “darte una ayudadita”, yo estoy decidido a SER PROPICIO a tus injusticias, transformando los errores más grandes que puedes haber cometido en las victorias más sublimes. No tengas temor; en medio de la crisis, llegaré a tiempo, y voy a convertir tu dolor, en baile. Yo he dicho que todas las cosas ayudan a bien, a aquellos que me aman, a aquellos que conforme a mi propósito son llamados, y si tú te mantienes ubicado en mi propósito yo te garantizo que transformaré tus fracasos en triunfos, y haré de tus lamentos, mi alabanza.
Soy tu Dios y tengo muy buena memoria, pero los errores, pecados, injusticias que ocurran en el proceso, no dejan huella alguna en mi registro. Cada vez que vengas a mí, confieses tu maldad y te apartes, encontrarás el río de misericordia fluyendo para ti. Recuerda, tú eres mi hijo, ya has sido justificado……. ¡ERES PERDONADO!


