Soy La Buena Semilla

La Vida Anti-Estrés (II) : ¡Viviendo el verdadero descanso!

 

Cuando no aprendemos a responder correctamente a las situaciones de estrés que nos rodean en la familia, el trabajo, la economía del país etc., nos desgastamos inútilmente y vamos drenando nuestras fuerzas hasta llegar al límite de enfermarnos. El estrés actúa en nosotros algo parecido al trabajo que hace un agente de ventas: Una vez que consideramos su oferta y hemos adquirido su “producto”, nos hace llegar la factura. El pago  requerido en esa factura está definido: Nuestro reposo. Pero ¿porqué  pasar la vida pagando una deuda que ya fue saldada, sometiéndonos a los efectos  del estrés?  Cristo lo hizo por nosotros en la cruz por eso dice la Escritura que “…el castigo de nuestra paz fue sobre Él….”. Ahora nosotros tenemos acceso al descanso que Él nos ha provisto y todo nuestro ser puede responder a las presiones causadas por las situaciones externas desde esta base. Cuando hablamos de descanso, rápidamente nuestra mente piensa en vacaciones, en viajar, en las playas de un lugar paradisíaco, pero la realidad es que si en tu interior, no gozas del verdadero reposo, aún estando lejos de la rutina diaria y de las presiones, será muy difícil que puedas encontrar descanso para tu alma. Y es que el mundo en que vivimos nos impone una agenda de actividades semejante a un remolino, en la cual no hay lugar para la calma y el descanso. Nos deshacemos por atender lo URGENTE y dejamos para después aquello que es IMPORTANTE. De esta manera, lenta y sútilmente comenzamos a perder el sentido por el cual hacemos las cosas y nos desorientamos.

 

Hace unos días, leí un artículo que llamó mi atención acerca del cansancio y los peligros que ocasiona al conducir un auto. El artículo señala que el agotamiento provoca que las funciones cerebrales no operen en forma óptima y que las capacidades físicas se vean gravemente alteradas: la percepción empeora, se deteriora la capacidad de juicio y la toma rápida de decisiones, se altera el humor y con él las reacciones, se afecta la coordinación y disminuye la concentración. Mientras leía los detalles, pensaba que si el cansancio nos pone en riesgo de morir al volante, cuánto mas no será capaz de perturbar el funcionamiento de nuestro ser cuando damos lugar al estrés. Las prioridades en nuestro corazón tienden a alterarse facilmente cuando estamos cansandos y por consiguiente nuestra capacidad para realizar decisiones sabias.  El descanso es tan importante en nuestro ser, como lo es el “mantenimiento” o “servicio” que obligatoria y requeridamente das a tu automóvil del año, para que pueda operar correctamente y a toda su capacidad. Si olvidas hacer el cambio de aceite a tiempo por ejemplo, aparentemente no habrá problemas por un buen rato. Al pasar los días, se encederá la luz del tablero avisándote que algo anda mal, y si continuas usando el coche sin hacer caso, lo estarás forzando hasta provocar daños permanentes en el motor.

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La Vida Anti-Estrés (I) : ¡Viviendo la provisión fiel del Pastor!

Si existiera en el mercado una vacuna que asegurara inmunidad contra el estrés, sería sin duda alguna el producto más vendido sobre el planeta. Como vivimos en la era del cambio, no debe sorprender que el s. XXI se denomine “el siglo del estrés”, lo cual exige una adaptación sin precedentes tanto de la generación mayor como de la joven. Nuestra vida diaria está saturada de tantas presiones que es casi imposible pensar que se puede vivir sin estar estresado. Las responsabilidades con el cónyuge, los hijos, el trabajo, la casa, el negocio, la escuela etc., te hacen sentir muchas veces como una liga estirada a punto de reventar. El estrés es parte de nuestra rutina y de todo lo que hacemos, al grado de convertirse en el “pan de todos los días”. Lo alarmante del asunto es es que los científicos han determinado que el estrés es el causante principal de hasta el 70% de las enfermedades comunes y según las estadísticas, las consecuencias en la salud física y psicológica de los individuos que viven sometidos al estrés por periodos largos son devastadoras.   Ahora ¿existe una forma eficaz para que  podemos manejar el estrés? De eso se trata esta nota.

 

 La realidad es que no existe una fórmula que pueda “curar” el estrés, pero sí disponemos del equipamiento necesario para poder reaccionar correctamente cuando lo enfrentamos. ¿Quién mejor que Aquél que nos diseñó y nos creó para decirnos con qué contamos en nuestro interior para responder a situaciones de tensión? Dios no sufre de estrés, pero sabe perfectamente cómo nos sentimos cuando hemos perdido el control y nos frustramos. Por eso prometió que aunque tendríamos aflicciones, angustias, descepciones, etc., (estrés) podríamos responder a estas situaciones confiadamente con Su poder, por una sencilla y estremecedora razón: Él triunfó. No dijo que el mundo sería “color de rosa” para nosotros, pero aseguró el camino para que disfrutemos de la paz interior que nada ni nadie puede darnos. Esto es precisamente lo que quiero compartir contigo en esta nota, y ayudarte a que puedas echar mano hoy mismo de esa paz sobrenatural que está provista para ti.

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La Revolución de Su Amor (5) : Produciendo Fruto para Dios

Raíces de un árbol de la selva tropical

Cuando el huracán IKE azotó la costa de Texas en el 2008, los vientos alcanzaron una velocidad aproximada de 110 mph causando grandes daños en toda la zona. Una vez que pudimos regresar a casa después de la tormenta, era impresionante ver además de los perjuicios causados a las estructuras y edificios,  la cantidad de árboles derribados por el viento. Algunos de ellos estaban sobre las calles con las raíces completamente desenterradas, otros más sobre los techos de las casas ó cables de electricidad. Dentro de mí pensaba ¿cómo estos árboles tan grandes y robustos no pudieron resistir la fuerza del viento?  Su apariencia era la de árboles sanos, pero en realidad estaban muriendo por dentro. Al  observar con detenimiento pudimos notar que el tronco de muchos de esos árboles estaba totalmente hueco, como si fuera un cascarón.  Esos árboles estaban arraigados al suelo, sin embargo,  su capacidad para permanecer firmes no estaba desarrollada lo suficiente para soportar una tormenta de esta magnitud ó había menguado por el paso del tiempo. De esta misma manera ocurre con la transformación de nuestra visión,  bien podemos estar arraigándonos en el amor de Dios atesorando la verdad acerca de lo que Él dice sobre nosotros,  pero a menos que  aprendamos a cimentarnos en él no podremos permanecer cuando vengan los tiempos difíciles.  SER la visión de Dios es una constante a la cual Él quiere llevarnos para que nuestras vidas sean la manifestación al mundo de Su amor y poder.  Si alguna vez te has sentido como uno de esos árboles que el huracán arrastró, conoce que hay esperanza para ti.  Si piensas que todo está perdido, aún Dios sigue ahí. Su nombre es Torre Fuerte, y el justo corre hacia Él  para ser afirmado y levantado. No hay vergüenza ni condenación, porque el amor cubre multitud de pecados.

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La Revolución de Su Amor (4) : Arraigado y Cimentado en Él


Ahora, la pregunta que puedes estar haciéndote en este punto es: ¿Y cómo recibo el amor de Dios para que mi visión sea transformada? La primera cosa es aceptando a Jesucristo en tu corazón. Dios nos amó de tal manera, que dio a su Hijo para que toda persona, como tú y como yo, no se extravíe ni pierda el rumbo, sino que pueda poseer Su vida. Nuestra parte aquí es aceptar ese regalo y hacer uso de todo lo que este implica. Si recibes un regalo y lo guardas bajo tu cama, ten por seguro que no servirá de nada. De la misma manera, es preciso que aceptes lo que Jesús hizo y tomes provecho del acceso que compró con su sangre, para darte una vida plena y abundante. En segundo lugar, es necesario que te arraigues en Su amor y te afirmes en Él (Efesios 3: 17-19). Si tomamos el ejemplo de un árbol, este necesita lograr estas dos cosas para crecer: Requiere que sus raíces se extiendan lo suficiente bajo la superficie del suelo obteniendo el agua y los nutrientes para subsistir, y además que su tronco desarrolle la capacidad para mantenerse firme. Si alguna de estas dos premisas falla, el árbol estará en peligro de morir. Siguiendo con esa comparación, entonces podemos decir que no es suficiente con saber que eres amado; todo tu ser tiene que echar raíces en el amor de Dios y desarrollar la capacidad para permanecer anclado aún en las peores circunstancias.

Esto no es algo que se logra de la noche a la mañana por supuesto. Es un proceso de transformación continuo y permanente en el que tú participas consciente y voluntariamente. Tú te dejas amar por Dios, recibes Su verdad y se inicia dentro de ti la revolución de Su amor. Según el diccionario, una revolución es un cambio violento y profundo de las instituciones políticas, sociales y económicas de una nación; figurativamente, esto es lo que el amor de Dios produce en nuestro interior cambiando radicalmente las estructuras de nuestra manera de pensar y por consiguiente la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. En esta divina revolución, no existe caos ni mucho menos uso de violencia, porque Su amor es bondadoso y nos brinda el más alto nivel de respeto. Como todo un caballero, Jesús llama a la puerta de tu corazón; si abres y decides dejarle entrar, Él estará sentándose a la mesa para cenar contigo entablando una relación de intimidad y comunión. El armamento con el que nos conquista es el más poderoso del universo; sin embargo no consiste en armas nucleares ni en potentes aviones de guerra porque Su amor no hace nada indebido. Este arsenal de Dios tiene la capacidad de destruir las más grandes fortalezas que hay sobre la tierra: aquellas que están en tu interior; derribando las estructuras de pensamiento que no están acordes con Su visión. En esta revolución como en muchas otras, ocurre derramamiento de sangre, pero el amor de Dios no tiene envidia y mereciendo nosotros la muerte, envió a Jesús quien tomó nuestro lugar de pecado para hacer que nosotros ocupásemos el suyo. Él escogió la muerte para darnos vida. El único caido en esta revolución se levantó de entre los muertos, y ahora trabaja sentado a la diestra del Padre, intercediendo por nosotros para que el resultado de Su sacrificio sea efectivo en nuestras vidas, y SEAMOS Su visión.

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La Revolución de Su Amor (3) : Soy Libre de Esclavitud

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor,….” 1ª. Juan 4:8

Sí, Dios te ama y esta es razón suficiente para expresarte Su voluntad: Que puedas vivir la plenitud de vida que Él te ofrece.  Pero ¿cómo disfrutar de esa vida plena cuando nuestra visión está tan distorsionada? Nos vemos a la luz de tantas cosas que aunque parecen ser buenas ó lógicamente correctas, no son lo que Dios ve de nosotros. En el caso de Gedeón, no se había dado cuenta de la gravedad de la deformación en su visión, hasta después que tuvo aquél encuentro con el ángel del Señor. Él había crecido en un pueblo sometido a la esclavitud, atormentado por el temor y la incertidumbre, asi que para muchos era “normal”, que este joven pensara de sí mismo como alguien insignificante y limitado. En lo que a mí concierne, yo tampoco entendía hasta donde estaba dañada mi visión, hasta que pude percatarme de que lo que yo estaba expresando (durante la depresión) estaba en franco desacuerdo con Él. Sinceramente puedo decirte que yo estaba segura de conocer cuánto me ama Dios y lo valiosa que soy para Él, pero cuando las cosas se pusieron difíciles brotó de mi corazón la incredulidad, el temor y la frustración. Solo el amor perfecto de Dios podía aclarar nuestros ojos para vernos como Él nos ve. ¿Puedes ver como ambas historias tenemos algo en común?

Gedeón le dio valor a una enorme cantidad de prejuicios que escuchó de su familia y los guardó en su corazón. Él escuchaba decir algunas cosas como: ¡Ya te dije que somos pobres! Ó ¡Tú no puedes porque eres el más pequeño de la casa! ¡No tienes con qué librarte de esta situación! No las guardó como quien guarda un calcetín en un cajón, sino como algo que tenía verdadero valor y significado para su vida. Gedeón permitió que estas ideas poco a poco penetraran en la “cuenta bancaria” de su corazón. Cada vez que él veía la condición de miseria en la que vivian – desconectada del amor que Dios tenía por él – Gedeón estaba viéndose como una víctima de las circunstancias: pobre, abandonado de Dios y sin razón para seguir luchando. El saldo en esa cuenta crecía cada semana y cada mes, hasta que eran tantos los depósitos de auto-lástima y menosprecio que esto se convritió en un “tesoro” para él; ahora esto era su razón de ser y de existir. Dice la Escritura que: “….Donde esté tu tesoro, ahí también estará tu corazón..” Por lo tanto, todas aquellas ideas que tú has estado atesorando determinan la condición de tu visión en este día. Aquellas malas experiencias, fracasos, ofensas, etc. que has autorizado que se depositen a la “cuenta bancaria” de tu corazón, conforman ahora un filtro por el cual ahora tú te percibes y te miras a ti mismo.

Durante mucho tiempo yo le di valor excesivo a las opiniones de otros con respecto a lo que SOY. En otras palabras, permití que otras personas definan lo que solo Dios, como mi Creador,  puede y ha decretado acerca de mí. A través de  mi infancia y adolescencia coleccioné muchos prejuicios que trasladé como depósitos a la ”cuenta bancaria” de mi corazón.  El saldo que arrojaba la cuenta decía: VICTIMA.   Donde estaba mi tesoro, estaba también mi corazón. Tal vez no estaba consciente del grado de daño que esto causó en mi visión pero mi Padre si lo estaba y necesitaba llevarme al punto de restaurarme y transformarme en Su realidad. Ahora, ¿qué clase de depósitos has estado haciendo tú? ¿Has permitido que otras personas o situaciones determinen tu visión? Lo cierto es que cada vez que interpretamos lo que nos sucede fuera de la verdad del amor de Dios, nos estaremos viendo como “víctimas” aliados de la auto-lástima y resentimiento ó por el contrario,  como “victimarios” cautivos del remordimiento y culpabilidad.

¿Quién era responsable de la condición de la visión de Gedeón? ¿Acaso lo eran sus padres ó sus amigos?¡La respuesta es NO! Y en mi situación ¿quién permitió que mi visión se dañara? Dios no nos ha dado espíritu de cobardía para buscar a terceros como culpables de nuestra condición; aunque resulta ser lo más facil de hacer por supuesto. Lo que sí hemos recibido de Él es:

  1. Espíritu de poder, para determinar que nuestro presente es la situación ideal que Él usará para transformarnos en Su visión.
  2. Espíritu de amor, para darnos la seguridad de que en medio de lo que estamos viviendo no somos víctimas de nadie, ni tampoco victimarios si recibimos su perdón.  Somos AMADOS por Él.
  3. Espíritu de dominio propio para aceptar nuestra cuota de responsabilidad en el asunto de  atribuirle  mucho más valor  a  los prejuicios, ideas equivocadas etc.  que a aquello  que Dios dice de nosotros.

Si a través de esta nota puedes identificar que necesitas (como yo) que tú visión sea transformada, sólo tienes que venir con Dios y expresarle sinceramente tu deseo recibiendo lo que Él te ha provisto. Decide renunciar a la mentalidad de víctima o victimario y corre a los brazos del Padre quien espera ansiosamente poder revelarte de manera personal que  Su amor por ti es eterno e  incondicional.