La Fórmula del Perdón
¡Qué maravill
oso es reconocer que todas nuestras faltas y ofensas han sido pagadas por Cristo! Cuando somos conscientes de esta realidad simplemente no podemos ser los mismos. Su perdón es TOTAL en el corazón de aquel que lo recibe; a sus ojos nadie está “medio perdonado.” Sin embargo, ¿te has sentido así alguna vez? Ponemos archivos en el corazón bajo la categoría de “difíciles de perdonar” y el dolor, los recuerdos, las preguntas se mantienen latentes deteriorando nuestro presente y limitando nuestro futuro. ¿Qué hacer cuando hemos hecho todo lo posible por olvidar lo que sucedió y no lo logramos? Permíteme compartir contigo cómo apliqué la fórmula del perdón cuando pasé por una etapa muy difícil en la que me sentí defraudada y dolida. Este proceso de Dios ha resultado en libertad y restauración para mi vida que hoy también tú puedes poseer:
1º. Reconoce que Eres Perdonado. Nadie puede dar lo que no tiene. Por lo tanto, primero necesitas reconocer la dimensión del perdón que Dios te ha dado y recibirlo conscientemente en tu corazón. Mientras sigas viendo que las ofensas que otros han cometido contra ti, son mas grandes que las faltas en las que tú mismo has incurrido, estarás sumergido en el terreno de la culpabilidad y amargura, que como arenas movedizas te irán tragando. En el otro extremo, pudieras estar mirando que tus fallas han sido tan grandes, que no hay remedio disponible para ti; este engaño te arrastra a la zona de la condenación, y difícilmente resistirás su fuerza a menos que te atrevas a recibir perdón. Para Dios, el pecado no tiene colores ó tamaños, de tal forma que tus fallas, tus errores no son ni más ni menos graves que los que tus ofensores han hecho contra ti. Su perdón ha cubierto no solo tus pecados, sino también los de todo el mundo, esto incluye eso tan grave que hiciste o que te hicieron. Por lo tanto, Dios quiere que puedas ver que no es el daño que te causaron lo que define tu identidad ó tu condición, sino el precio pagado en la cruz, el amor incondicional de Cristo en su sacificio y la gracia provista para ti. ¡Has sido liberado de tus deudas!!! ¿Aceptarás su perdón para ti? ¿Estás dispuesto a aplicar perdón a las ofensas que has recibido?
2º. Descubre los beneficios escondidos detrás de las ofensas. No hay absolutamente nada que Dios no pueda convertir en una fuente de bendición para aquellos que le aman. Sin importar la clase de daño que hayas vivido, esa es su promesa y Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él está determinado a transformar tu lamento en baile, si tú se lo permites. Identifícate como su hijo y deja a un lado el papel de víctima o victimario, porque ubicado ahí comprobarás el río de consuelo y gracia que puede resultar de lo que ahora para ti son solo cenizas. ¿Recuerdas cuando José fue vendido com esclavo por sus mismos hermanos? Años más tarde, cuando ellos se reencuentran y José tiene en sus manos la oportunidad de venganza, en lugar de recriminarles sus acciones, él les declara lo siguiente: “Ustedes pensaron el mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”. (Gén. 50:20) ¡Qué ejemplo tan claro de un enorme daño transformado en gloria y bendición!!! Cuando yo pasaba por aquellos momentos de tanta confusión y dejé de preguntar porqué, comencé a visualizar un panorama totalmente distinto para mí. Encontré un oasis en el desierto y comprendí que esa etapa no era el final sino el inicio de una nueva llena de oportunidades para mi crecimiento. Ahora doy gracias a Dios porque de no haber sido por aquel “camino cerrado”, jamás hubiera descubierto las maravillas que ahora me permite ver en mi vida y en mi familia.
3º. Establece una decisión consistente. Ninguno de los pasos anteriores producirá sus efectos si no te anclas en permanecer viviendo su perdón a pesar de lo que dictan tus sentimientos o tus memorias. Las preguntas van a continuar en tu mente y el dolor en tu corazón, pero si echas mano de la gracia que Dios te da, basado en que el perdón es una decisión, recibirás la sanidad y restauración para dejar el pasado en el pasado. El perdón es como el encendido de un auto que pone en marcha el motor para desplazarte hacia aquello que Dios preparó para ti. El perdón no es la meta, sino el punto de partida. Si conduces mirando por el espejo retrovisor (reviviendo el pasado), vas a terminar por estrellarte; sin embargo si conduces con tus ojos al frente (puestos en Jesús), comprobarás que Dios es poderoso para darte un corazón nuevo. Para ayudarme a permanecer en mi decisión de perdón, he utilizado “un diario” (journal) como herramienta para desahogar las luchas, registrar mis avances y ayudarme a recordar lo que Dios ha prometido para mí. No escribo en él todos los días, pero este ejercicio ha sido un espacio de enorme provecho para poder ser consistente en el proceso hasta llegar a este día en el que puedo declarar que ¡Dios ha restaurado mi corazón!!!!
Para que recuerdes con facilidad lo dicho anteriormente, esta es la manera en la que expreso la fórmula del perdón utlizando símbolos matemáticos:
Soy Perdonado + Descubro Beneficios = LIBERTAD ABSOLUTA
Decisión Consistente
Déjanos saber tus comentarios. ¿Porqué crees que nos resulta tan difícil perdonar a otros? ¿Tienes alguna experiencia ó testimonio que compartir con respecto al perdón?
|
Soy Perdonado + Descubro Beneficios
Decisión Consistente
La Mujer Superlativa (I) : Mi Modelo de Identidad
Hay una mujer a la que admiro y quisiera presentarte a través de este blog. Ella es todo un personaje, y como tal, se ha convertido en un modelo a seguir en mi vida. Antes de decirte su nombre, déjame contarte cómo fue que la conocí. Hace unos años atrás, yo era una mujer con tintes de perfeccionista bien marcados; me deshacía por tratar de que todo cuanto hacía fuera lo mejor que podía lograr. Mi idea no era mala, pero con esta perspectiva estaba siempre llena de actividades y según yo, con mis prioridades en orden, vivía un desgaste constante en una búsqueda por tratar de agradar a Dios. Las hijas, el marido, la casa, la escuela, el trabajo, el servicio en la iglesia, etc., todo debía estar dentro de los esquemas que yo tenía en mente. Aunque mis intenciones eran buenas, el modelo de mujer que yo concebía y estaba siguiendo, me dejaba sumamente agotada. Mi ritmo de vida podría compararlo mas bien al de la “mujer pulpo”. Ahora puedo ver atrás y reirme, pero en aquellos tiempos era dificil sobrellevar ese paso en mis propios esfuerzos tratando de lograr ser una mujer que honra a Dios.
Dentro de mí, me hice muchas veces la pregunta: “¿Porqué tratando de hacer el bien me siento tan desgastada?” La pregunta quedó sin respuesta hasta que un buen día, Dios en su amor y gracia, me dejó entender la razón de mi cansancio. Al regresar a casa después del corre-corre de siempre, me encontré con alguien que al saludarme con afecto dijo: “¡Ya llegó la mujer maravilla!”. Esas palabras fueron como si una cubetada de agua fríia me cayera encima; la frase resonaba en mis oídos sacudiéndome hasta lo mas profundo. Yo estaba batallando en mi interior, y ahora veía lo que estaba mal en mí. El modelo de mujer que yo perseguía era el de una mujer que no existe y lo mas importante, un modelo que Dios no estableció para mi vida. Al haber adoptado el modelo de “super mujer”, estaba desubicada del propósito para el cual mi Padre me destinó, tenía que lidiar con la frustración dentro de mí cuando las cosas no salían de acuerdo a lo planeado, y lo que es peor, estaba creando en la mente de mis hijas y esposo la imagen de una mujer que no necesitaba consideración, ayuda o atención. Continúa leyendo aquí
La Vida Anti-Estrés (IV) : ¡Viviendo en la seguridad de mi destino!
Los expertos señalan que el estrés y la depresión son dos caras de la misma moneda. Por un lado, las intensas presiones por largos periodos pueden arrastrarnos al desgaste excesivo resultando en depresión; y por otro, la profunda tristeza y la ausencia de propósito provocada por un estado depresivo, desencadena un alto grado alto de estrés y ansiedad. El estrés es considerado la enfermedad del siglo, pero la falta de propósito en el individuo es sin duda, su efecto más devastador. ¿Te imaginas estar volando en un avión sin radar? ¿O qué tal, andar como explorador en una jungla desconocida sin brújula? ¿Te subirías a un barco sin timón? Vivimos tan llenos de actividad, siempre ocupados deseando que el día tuviese más horas para cubrir todo lo que tenemos que hacer, pero la verdad es que titubeamos para contestar cuando nos preguntamos: “¿A dónde voy con mi vida?”
Un día Jesús se dirijía con sus discípulos a una importante misión. Se subieron en un barco y antes de zarpar les dijo: “Pasaremos del otro lado del lago”. De repente se desató la tormenta y olas gigantes cubrían el barco. ¿Qué hacía Jesús en esos momentos? ¡Él dormía! Los discípulos gritaban desesperados y llenos de estrés: “¡Sálvanos que estamos a punto de morir!” Cuando Jesús despertó, les reprendió porque no habían tenido fe y hablando a los vientos con una palabra los hizo callar. Aunque los discípulos habían oído de la boca de Jesús, cuál sería el destino de su travesía, ellos dudaron cuando vino la adversidad. ¿Con cuál de las dos partes te identificas tú? Si somos sinceros con nosotros mismos, la realidad es que muchas veces no tenemos claro hacia dónde vamos en nuestra vida; si a esto le sumamos presiones externas, situaciones fuera de control, dificultades, posiblemente nos estemos viendo en la posición de los discípulos, escandalizados, pidiendo la ayuda de Dios quizá, pero llenos de ansiedad, confusión e inseguridad. Por el contrario, tú puedes como Jesús, poseer el ancla que te da la seguridad de que sin lugar a dudas, llegarás a puerto seguro. Solo cuando tenemos esta convicción podemos “dormir” en medio de la tempestad. Su voluntad es que puedas confiar de manera absoluta en que llegarás al otro lado de la orilla aunque vengan las tormentas y las olas golpeen contra tu barca.
La Vida Anti-Estrés (II) : ¡Viviendo el verdadero descanso!
Cuando no aprendemos a responder correctamente a las situaciones de estrés que nos rodean en la familia, el trabajo, la economía del país etc., nos desgastamos inútilmente y vamos drenando nuestras fuerzas hasta llegar al límite de enfermarnos. El estrés actúa en nosotros algo parecido al trabajo que hace un agente de ventas: Una vez que consideramos su oferta y hemos adquirido su “producto”, nos hace llegar la factura. El pago requerido en esa factura está definido: Nuestro reposo. Pero ¿porqué pasar la vida pagando una deuda que ya fue saldada, sometiéndonos a los efectos del estrés? Cristo lo hizo por nosotros en la cruz por eso dice la Escritura que “…el castigo de nuestra paz fue sobre Él….”. Ahora nosotros tenemos acceso al descanso que Él nos ha provisto y todo nuestro ser puede responder a las presiones causadas por las situaciones externas desde esta base. Cuando hablamos de descanso, rápidamente nuestra mente piensa en vacaciones, en viajar, en las playas de un lugar paradisíaco, pero la realidad es que si en tu interior, no gozas del verdadero reposo, aún estando lejos de la rutina diaria y de las presiones, será muy difícil que puedas encontrar descanso para tu alma. Y es que el mundo en que vivimos nos impone una agenda de actividades semejante a un remolino, en la cual no hay lugar para la calma y el descanso. Nos deshacemos por atender lo URGENTE y dejamos para después aquello que es IMPORTANTE. De esta manera, lenta y sútilmente comenzamos a perder el sentido por el cual hacemos las cosas y nos desorientamos.
Hace unos días, leí un artículo que llamó mi atención acerca del cansancio y los peligros que ocasiona al conducir un auto. El artículo señala que el agotamiento provoca que las funciones cerebrales no operen en forma óptima y que las capacidades físicas se vean gravemente alteradas: la percepción empeora, se deteriora la capacidad de juicio y la toma rápida de decisiones, se altera el humor y con él las reacciones, se afecta la coordinación y disminuye la concentración. Mientras leía los detalles, pensaba que si el cansancio nos pone en riesgo de morir al volante, cuánto mas no será capaz de perturbar el funcionamiento de nuestro ser cuando damos lugar al estrés. Las prioridades en nuestro corazón tienden a alterarse facilmente cuando estamos cansandos y por consiguiente nuestra capacidad para realizar decisiones sabias. El descanso es tan importante en nuestro ser, como lo es el “mantenimiento” o “servicio” que obligatoria y requeridamente das a tu automóvil del año, para que pueda operar correctamente y a toda su capacidad. Si olvidas hacer el cambio de aceite a tiempo por ejemplo, aparentemente no habrá problemas por un buen rato. Al pasar los días, se encederá la luz del tablero avisándote que algo anda mal, y si continuas usando el coche sin hacer caso, lo estarás forzando hasta provocar daños permanentes en el motor.
La Vida Anti-Estrés (I) : ¡Viviendo la provisión fiel del Pastor!
Si existiera en el mercado una vacuna que asegurara inmunidad contra el estrés, sería sin duda alguna el producto más vendido sobre el planeta. Como vivimos en la era del cambio, no debe sorprender que el s. XXI se denomine “el siglo del estrés”, lo cual exige una adaptación sin precedentes tanto de la generación mayor como de la joven. Nuestra vida diaria está saturada de tantas presiones que es casi imposible pensar que se puede vivir sin estar estresado. Las responsabilidades con el cónyuge, los hijos, el trabajo, la casa, el negocio, la escuela etc., te hacen sentir muchas veces como una liga estirada a punto de reventar. El estrés es parte de nuestra rutina y de todo lo que hacemos, al grado de convertirse en el “pan de todos los días”. Lo alarmante del asunto es es que los científicos han determinado que el estrés es el causante principal de hasta el 70% de las enfermedades comunes y según las estadísticas, las consecuencias en la salud física y psicológica de los individuos que viven sometidos al estrés por periodos largos son devastadoras. Ahora ¿existe una forma eficaz para que podemos manejar el estrés? De eso se trata esta nota.
La realidad es que no existe una fórmula que pueda “curar” el estrés, pero sí disponemos del equipamiento necesario para poder reaccionar correctamente cuando lo enfrentamos. ¿Quién mejor que Aquél que nos diseñó y nos creó para decirnos con qué contamos en nuestro interior para responder a situaciones de tensión? Dios no sufre de estrés, pero sabe perfectamente cómo nos sentimos cuando hemos perdido el control y nos frustramos. Por eso prometió que aunque tendríamos aflicciones, angustias, descepciones, etc., (estrés) podríamos responder a estas situaciones confiadamente con Su poder, por una sencilla y estremecedora razón: Él triunfó. No dijo que el mundo sería “color de rosa” para nosotros, pero aseguró el camino para que disfrutemos de la paz interior que nada ni nadie puede darnos. Esto es precisamente lo que quiero compartir contigo en esta nota, y ayudarte a que puedas echar mano hoy mismo de esa paz sobrenatural que está provista para ti.




