Soy La Buena Semilla

Agua en el desierto

 

¿Qué es en realidad el desierto que hoy atraviesas? ¿Un tiempo de crisis que debes soportar? ¿Ó una época de apoderamiento para que como hijo puedas echar mano de la herencia que el Padre preparó para ti?

Dios ha prometido que “el desierto florecerá”. Yo no sé cuándo ocurrirá esto en tu desierto ó en el mío, pero estoy segura que si mi Papá lo dijo Él lo hará por medio nuestro. Lo cierto es que podemos pasarnos años lidiando con las mismas condiciones adversas de clima y de terreno siendo todos unos “maestros” en el dominio de las técnicas de supervivencia, moviéndonos de oasis en oasis, pero nunca poseyendo la cosecha prometida de la que Dios nos habla. ¡Yo no quiero más estar ahí! Esta semana estoy entendiendo que hay mucho más para mí que solo sobrellevar las situaciones adversas con sabiduría; el Padre quiere que yo participe con Él en la transformación total de mi entorno.

Permíteme ilustrar lo que estoy aprendiendo con el siguiente ejemplo:

Muchos países ya están implementando una tecnología para hacer producir el desierto con resultados sorprendentes. Ellos no han estado esperando a que las condiciones de suelo cambien, más bien se han aplicado a la tarea en generar soluciones a este desafío. En base a la forma en la que las plantas que habitan este ecosistema obtienen agua, han creado sistemas de riego NO CONVENCIONALES que están transformando la producción de alimentos alrededor del mundo.

¿A dónde voy con esto? Los ingenieros agrícolas generaron una tecnología basada en un ‘cambio de proveedor’. Basados en que el proveedor principal de agua en el desierto no es el suelo, sino el ambiente, sus sistemas de riego obtienen este recurso, no del suelo sino de la humedad ambiental.

De seguir nosotros insistiendo en encontrar agua en el suelo, seguiremos avanzando como nómadas en el desierto. A menos que podamos reconocer LA VERDADERA FUENTE DE VIDA de la que brota agua cuando las circunstancias están al rojo vivo, no podremos generar ese cultivo maravilloso del que Dios habla en su Palabra y mucho menos participar de esa abundante producción de fruto. Es cierto que podemos decir que la provisión de Dios ha estado ahí en el arduo calor y sequedad del desierto, pero es tiempo ya de no conformarnos con menos que lo que nos ha prometido a Sus hijos. Es tiempo de ir hacia adelante a la posesión de la herencia que se nos ha dado en Cristo.

¿Que estás esperando reconocimiento de los demás para sentirte satisfecho? No te compliques la vida y  permítele a Dios convencerte de lo estimado que eres para Él al llamarte Su hijo. ¡Sólo Él puede proveer para ti verdadera identidad!

¿Que estás tratando de esforzarte por cambiar tu carácter usando ténicas científicas? Haz un alto al insistir hacer lo que solo Dios puede realizar en ti. ¡Es Su Palabra viva operando activamente en ti lo que producirá tu transformación!  ¡Sólo Jesús es el Camino!

¿Te ha fallado tu mejor amigo? Deja de esperar perfección en aquellos que amas y te ofrecen su amistad.  Conéctate a la fuente de aceptación y comunión que Dios te da.  Jesús no es un amigo, es EL amigo que jamás te defraudará.

¿Estás decepcionada porque tu esposo no llena tus expectativas? Deja de pensar que tu cónyuge puede llenar lo que solo Dios puede darte. Conéctate a la verdadera Fuente de Amor y déjate amar porque Él quiere comprobarse a ti como Tu Marido.

¿Que tu hermano te ha dado la espalda en tiempos de necesidad? No te engañes a ti mismo y recibe la verdad. Ubícate en que eres parte de la familia de Dios en la que Jesús es tu hermano mayor.

¿Que tus papás no han asumido su responsabilidad contigo y te abandonaron?  No sufras más por los errores que ellos cometieron . “Si ellos te abandonaron, yo jamás lo haré” Dice Dios.  ”Déjame hoy ser el responsable de tu vida”.  (Salmos 27:10)

El desierto es la oportunidad para dejar definitivamente los sistemas de riego obsoletos y conectarnos con el PROVEEDOR de Agua Viva que transformará el sequedal en manantial de aguas.  Yo estoy lista para participar con Dios en la preparación de esta tierra, en la siembra de la semilla que Él estará plantando y en el levantamiento de la  cosecha que Él ha dispuesto para mi vida. ¡Gracias Padre porque este desierto florecerá!!!!!!

¿Tú qué vas a hacer?

Rompiendo viejos esquemas

Hay tantas cosas que quisiéramos que cambiaran a nuestro alrededor, mas sin embargo con el paso del tiempo llegamos a convencernos de que no hay forma de provocar alguna diferencia. Te has esmerado, lo has intentado todo – yo lo sé -, y a pesar de esto no has visto los resultados que esperas. Es normal que te sientas frustrado, pero no tienes que quedarte ahí.

La fórmula para el cambio en tu entorno está dentro de ti. Sí, has leído bien. La verdadera transformación comienza en lo profundo de tu ser ( no en los demás ). En estos últimos meses he estado descubriendo un par de aspectos que literalmente desencadenan una explosión atómica en aquellas áreas que se resisten al cambio ¿Para qué tanto brinco estando el piso tan parejo? me pregunto yo. He estado equivocada por mucho tiempo y voy a compartir contigo la realidad a la que mis ojos se están abriendo.

¿Esperar el cambio ó provocar el cambio?

Es triste pero es verdad. Puedes pasarte una vida completa esperando que suceda algo, en la pasividad de una confianza en Dios mal entendida, y no recibir respuesta. Como esa generación del pueblo de Israel en el desierto que contempló de lejos la tierra prometida a la que jamás entró. Decimos que oramos y confiamos en Dios, sin darnos cuenta muchas veces  que estamos bien dormidos en nuestros laureles. Y es que los hijos de Dios hemos sido llamados a una ‘espera paciente’ que resulta vital que podamos comprender equilibradamente. Se trata de aprender a ser mansos y no  pusilánimes; de ser prudentes como palomas pero astutos como serpientes. (1)

Consideremos el ejemplo de aquella mujer que acaba de recibir la noticia tan anhelada de que está embarazada. La espera paciente de 9 meses no ocurre recostada sobre una hamaca, aunque tiene la opción de hacerlo y atenerse a las consecuencias. Ella se sabe a sí misma como la primer responsable del cuidado de su cuerpo, del cual depende el crecimiento de la criatura que está en su viente. Junto con el emocionado padre preparan todo lo necesario para que no falte nada para ese bebé al momento de su nacimiento. ¡Todo esto inicia aún sin haber visto físicamente ninguna evidencia del cuerpo del bebé!

Seguir esperando que el cambio ‘se dé’ en algún momento, es ser como aquellos padres que sabiendo que la fecha del nacimiento de su hijo se acerca,  se atienen a que algo ocurrirá en el último minuto. Ya dentro de la sala de labor, tienen la ilusión de que además de que su bebé nazca bien sanito (sin haber tenido cuidados prenatales),  alguien se asome por ahí con la cuna, la silla para el auto, la ropa que usará el bebé y todo lo demás. ¡Totalmente descabellado! ¿No es así? ¡La espera paciente es un proceso activo de FE!!!  Da el primer paso y atrévete a reconocer: TÚ ERES EL RESPONSABLE DE PROVOCAR EL CAMBIO.  ¿Cómo? Creyéndole a Dios y asumiendo tu parte en el proceso. No me mal entiendas.  ni tus argumentos ni tus estrategias van a cambiar a NADIE, pero  necesitas aceptar que has sido comisionado para representar a Dios en esta tierra, funcionando el factor que desencadena transformación. ¡Es tiempo de  tomar tu responsabilidad!  (2)

Temores…. ¡A la basura!

¡Qué fácil es tirarle la bolita a Dios y excusarnos diciendo que Él tiene Su tiempo! Esto es una verdad que usamos a nuestra conveniencia, cuando la realidad es que DIOS ESTÁ ESPERANDO POR TI, a que despiertes de tu sueño y puedas darte cuenta de la parte tan importante que tú juegas en el proceso de transformación de tu ser y de tu entorno.

En mi caso, he tenido que reconocer que muchas situaciones en mi vida, no cambiaron por mi falta de carácter, mi inmadurez y mi cobardía. Cada día descubro nuevos lotes de temor en mi corazón que  me han mantenido paralizada, pero al permitirle a Dios limpiarme, se han convertido en  en la oportunidad para seguir siendo transformada.  Toma en cuenta que la naturaleza carnal opera en base al temor y es por esto que necesitamos recibir la libertad que Cristo nos ha dado. Nadie puede ser un factor de cambio en bendición, si su fuente de operación es el miedo.

Mira, lo contrario al amor no es el odio sino el miedo. Y en este paso, es preciso que puedas beber el antídoto que va a desactivar y eliminar por completo los indicios de temor que hay en tu ser: EL AMOR DE DIOS.  (3)  No dejes que la cobardía te engañe mi amigo. Culpar a otros es una máscara del miedo y el resentimiento, un temor inconsciente que busca protegerte a ti mismo de que te vuelvan a herir.  Sea cual sea tu situación, da el segundo paso y permítele a Dios entrar a esos lugares recónditos de tu corazón donde el temor se ha anidado y verás resurgir en ti,  al hijo de Dios que Él está en ti conformando. (4)

Vino nuevo en barricas nuevas

Conforme avanzo en permitir a Dios limpiarme de mis inseguridades, puedo darme cuenta de que sólo la nueva criatura en Cristo tiene el poder de generar nuevos escenarios y abrir nuevos horizontes para bendición. Facilitar que otros reciban gracia solo es posible cuando yo la he aceptado en mi propia vida. Checa esto: La vieja naturaleza – que opera en temor- se adapta al status quo, busca evitar la confrontación mateniendo una calma aparente ó por otro lado, trata de imponerse por la fuerza para mantener el orden y generar algún tipo de cambio. Sin embargo, la transformación solo es producto de una vida transformada.

Jesús explicó cómo ocurre el proceso diciendo: “El vino nuevo, se pone en odres nuevos”. (5)  Un odre viejo es la naturaleza humana con todas sus variaciones y facetas manifestadas en tu manera de pensar. A menos que permitas tu mente se renueve por la Palabra, no experimentarás transformación y por consiguiente, tampoco un  verdadero cambio en tu entorno; solo parches, paliativos inoperantes. Puedes seguir insistiendo con el hijo rebelde, seguir haciendo la lucha con el cónyuge que no cambia, intentando sobrellevar a ese jefe difícil  etc., el proceso de cambio inicia contigo, en tu manera de pensar. Así lo dice Dios.

Termino con esto: ¡Dios es eterno y por lo tanto Él vive a la vanguardia! De tal forma que los pensamientos obsoletos de una mente no renovada son un estorbo en tu desarrollo. (6)  No eches en saco roto estas verdades.  Es ubicado en esta realidad que serás sin duda, efectivo, proactivo y altamente productivo en facilitar transformación. ¡No te conformes con menos!

(1) Mateo 10:16  (2) 1a. Pedro 2:9  (3) 1a. Juan 4:18   (4) 1a Juan 4:16   (5) Mateo 5:17  (6) Romanos 12:2

¡No mas pruebas por favor!

Esta tarde recibí un correo electrónico con la siguiente pregunta: “Magnolia, ¿hasta cuándo se terminarán las pruebas de Dios?” Todos sin excepción hemos pasado por momentos en los que conscientemente o no nos hemos sentido abrumados por las circunstancias y no vemos la luz al final del tunel. Quise traer este asunto a mi blog porque la respuesta puede ayudar a más de uno (inlcuyéndome a mí!). Lo que quiero compartir contigo no es una perspectiva nueva para tus problemas, sino una provocación para que tu visión personal en medio de las pruebas sea transformada. De no ocurrir este proceso, permanecerás sobreviviendo a las dificultades cuando fuiste creado para triunfar y sobresalir por encima de cualquier reto.

 

Sí, es muy fácil exclamar: “¡Ooooleeeee!” cuando vemos el toro sentados desde las gradas, pero la cosa cambia cuando es a nosotros a quienes nos toca estar en el ruedo. Encontrar una vía de escape no es la solución, ni tampoco intentar desaparecer al novillo de la corrida. En este escenario, lo que en realidad tiene que ocurrir es que el carácter de “matador” sea forjado en ti, para desarrollar la faena con esplendor hasta dar la estocada final, que te llevará a otra corrida de toros en un nivel de mayor dificultad y gloria.*  Partiendo de esto, me atrevo a replantear la pregunta inicial. No se trata de “hasta cuándo se terminarán las pruebas de Dios”, sino ¿hasta cuándo voy yo a permitir que el carácter requerido sea conformado en mi ser para que yo viva en victoria permanente? ¡Uf, creo que esto cambia la cosa! ¿No es así? **

 

Buscar que las pruebas terminen es de humanos, yo también he estado ahí pidiéndole a Dios un “descanso” :D . Sin embargo, las pruebas no han dejado de venir y me he convencido de que orar así está fuera de contexto. Se trata entonces, de ser transformados y comprobar el poder de Dios EN y A TRAVÉS de nuestras vidas. Así que si hemos recibido la adopción y somos Sus hijos, está de por medio el pacto que ha hecho con nosotros de no solo poner sus leyes en nuestras mentes, sino también de escribirlas en nuestro corazón. El compromiso que ha hecho contigo es de hacer que Su Palabra sea carne en ti (no solo que te la sepas de memoria) y el proceso aunque resulte doloroso, producirá fruto apacible de justicia que es el carácter de UN HIJO.

 

No me mal entiendas, el Padre no te quiere en un tormento constante para que aprendas a hacer Su voluntad. Muy al contrario, lo que Él desea para ti es que pruebes y compruebes la victoria eterna que compró para ti en Cristo. En Su visión no hay problema, tras problema, sino victoria tras victoria y  éxito tras éxito en todas las áreas de tu vida. ***

 

De tal forma que me atrevo a responder la pregunta inicial con otras preguntas. Mi intención no es darte una receta para tus conflictos  sino desatar la reflexión sobre este asunto para que lo puedas procesarlo conversando con tu Papá que siempre te escucha.

 

1. ¿Quién es responsable de tu vida hoy?

Si lo que estás pensando es la mismo que yo, entonces coincidimos en que no estamos en un barco a la deriva. En lo bueno que me sucede, en los errores que cometo y hasta en las condiciones adversas que no comprendo, tengo quien dé la cara por mí. Yo no soy cualquier persona, soy Su hijo amado.  (Isaías 43:1-4)

 

2. ¿Qué propósito tienen estas y cada una de las circunstancias que vienen a tu vida?

La tendencia natural de nuestra lógica nos lleva a buscar una razón a lo que nos ocurre. En ese laberinto solemos perdernos muchos de nosotros y hasta caer en depresión al no encontrar respuestas concretas. Por otro lado, buscar  comprender el propósito de Dios para el que esas situaciones están frente a ti te posiciona en una perspectiva de HIJO que te permitirá dar inicio al proceso de tu transformación.  (Rom. 8:28)

 

3. ¿Vas a permitirle a Dios transformarte?

Dios te ha llamado a que seas Su hijo y lo que se requiere de ti es tu disposición para que seas conformado. Las pruebas por sí mismas, no transforman a nadie; es Su Palabra la que como espada de dos filos penetra hasta partir el alma y el espíritu. Así que no se trata solo de decir que SI, sino de participar conscientemente en el proceso que va a implementar que se forje en ti el carácter de Cristo.  (Juan 1:12)

 

“Padre:

Aunque no comprenda lo que está ocurriendo a mi alrededor, yo te creo y te reconozco como el responsable de mi vida. Gracias por ayudarme a ver que no eres tú el que produce los problemas pero eres quien está presente para salvarme y asegurar que yo tenga éxito.   Confieso que mi perspectiva de las pruebas no ha sido la correcta y esto ha provocado desgaste y cansancio en mi ser. Quiero ser transformado y que cada circunstancia que enfrento cumpla tu propósito de conformar en mi a UN HIJO.  En Cristo Jesús. Amén”.

 

*Juan 16:33

** Romanos 12:2

**Salmos 84:7;  Romanos 8:37

 

 

 

Nuevas fuerzas en Él

Aquello que para nosotros no tiene remedio, Dios dice: “¡NO está todo perdido!”. El desgaste, el cansancio puede hacernos pensar que ya no quedan salidas disponibles, sin embargo, tengo buenas nuevas para ti. Cuando se han agotado nuestras reservas humanas es el momento preciso para permitir que el Padre nos lleve a comprobar Su poder EN y A TRAVÉS de nuestras vidas por muy difícil que sea la situación. Esa es Su promesa y Su Palabra es verdad.

 

Consideremos lo que sucede cuando alguien se está ahogando en el mar y necesita ser rescatado. El salva vidas una vez que se ha lanzado al agua, debe esperar unos instantes a que el náufrago se tranquilice antes de agarrarlo;  hacer lo contrario es una locura pues se expone a que este lo abrace ahogándole junto con él. De tal forma, que el rescate oportuno implica detenerse hasta que la persona en crisis “agote” sus energías para entonces poder sujetarla correctamente. Es en esos instantes de RENDICIÓN total en los que podemos ser jalados con seguridad hasta la orilla. ¿Puedes ver a lo que me refiero?

 

Ahora, rendirse no quiere decir dejar todo a la deriva ó ser un valedor, ni esperar a que Dios haga por nosotros la parte que nos corresponde a Sus hijos. Rendirse tampoco es únicamente orar, ni mucho menos resignarse ante las circunstancias. Mira, a los ojos del Padre, nada de lo que hoy estás viviendo cae en la categoría de “la cruz que te tocó cargar”. Para Él, solo hay un propósito y es que tú estés siendo conformado en un hijo suyo porque ahí tendrás victoria.  Si hoy te sientes naufragando ó con el agua al cuello, conoce que Dios está listo para intervenir en tu vida. ¡Él es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones!!!! Sin embargo, es vital que comprendas cómo ubicarte en ese PUNTO en el que dejamos de operar en nuestras fuerzas para entonces ser impulsados por las SUYAS.

 

1. Identifica el verdadero enemigo:

El enemigo número uno en este caso, no es el diablo, es la herencia que recibimos de Adán, esa naturaleza humana que nos esclaviza y que nos dice a gritos que debemos “seguir echándole ganas”. No hay nada de malo con esforzarse, el problema está en que la única manera en que podemos operar como HIJOS de Dios es recibiendo la naturaleza que el Padre nos ha dado por medio de Cristo. Esto implica despojarnos del “viejo hombre” (ó “vieja mujer”), un ser corrompido que no puede bajo ninguna circunstancia obedecer a Dios, aunque lo intente. Así que deshazte de esa vestidura vieja, de esos odres obsoletos porque hay una naturaleza provista para ti que lo hace posible. *

 

2. Recibe la adopción:

Si eres hijo de Dios, el ADN de tu Padre está en ti. Él dice que nos amó tanto que nos llamó a que seamos más que amigos, más que siervos suyos, más que sus mayordomos. De tal forma, que no se trata de que tú en tu naturaleza humana, te esmeres por tratar de parecerte a Jesús; sino de que te dejes adoptar por Dios, y le reconozcas personalmente como Padre. Entonces Su vida, la vida de Cristo, su naturaleza divina, son sembradas en ti. ¡Aquí estarás parándote en Su fuerza! No eres un hombre viejo (ó mujer vieja) tratando de ser hijo de Dios, eres una nueva criatura en Cristo que tiene TODO lo necesario para desarrollar la naturaleza divina.**

 

3. Reconoce que Dios puede EN TI y A TRAVÉS de TI.

Es verdad, TÚ NO PUEDES SOLO…… Este es el punto oportuno del rescate, pero DIOS SÍ PUEDE EN TI. ¡Qué maravilla! ¿No te parece?  Por eso dice la Escritura que cuando somos débiles, entonces somos fuertes.  Es en este oásis de verdad es donde mis fuerzas se renuevan en este día y ahora lo comparto contigo.  No voy a pasar un día más dando patadas de ahogado esperando que Dios me salve. Voy a renunciar a mis esfuerzos para permitir que Su poder opere en mí dejándome llevar por el impulso del amor, gracia y compasión que hay en mi interior por Su Espíritu.  Anclados en esta realidad es que podemos declarar confiadamente: TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE y seremos testigos de los ríos de bendición que van a fluir en medio del desierto . ***

 

*Efesios 4:21-24

**1a. Juan 3:1-3

***2a. Corintios 12:9

 

Cuando el pasado toca a tu puerta….

Te encuentras con una situación que te resulta familiar. No es nada agradable volver a verla, pero la tienes frente a ti con un mensaje: “Nada de lo que has hecho hasta ahora ha valido la pena. Como ves, todo sigue igual”. Este personaje se llama: EL PASADO. Pensabas que habías avanzado, que las cosas estaban mejorando y de repente …¡zas!…. Las condiciones se voltean y pareces encontrarte igual ó peor que al principio.  ¿Qué hacer en estos casos? Permíteme compartir contigo una manera eficaz de responder a estos eventos y sobreponerte a la frustración y el desánimo.

 

1o. No te dejes engañar: El pasado es PASADO.


Si le permites al pasado atormentar tu presente es porque tú le das esa oportunidad. En el proceso de transformación y regeneración que vivimos los hijos de Dios, vamos a enfrentar ‘bemoles’; si los interpretamos como ‘retrocesos’ estaremos tomando una perspectiva meramente humana desconectada de lo que ve nuestro Padre Celestial. Si nos dejamos arrastrar por esa perspectiva distorsionada, seremos provocados a reaccionar negativamente complicando las cosas. Sin embargo, si nos atrevemos a considerar la “crisis” como una ocasión para ver a Dios intervenir reforzando, reafirmando, consolidando Su obra y propósito en la vida de los implicados, estaremos disponiéndonos para ser un canal de gracia, amor y perdón en medio de esos eventos en particular y para todos los que haya que enfrentar.

 

Piensa en Pedro, el discípulo de Jesús. Después de caminar tanto tiempo con el Maestro, le niega  y riega la sopa  no una vez…. sino TRES. ¿Cómo interpretó esto Jesús? ¿Como un retroceso que lo descepcionó? ¡No, en lo absoluto! Yo no veo por ningún lado a un Jesús frustrado, ni tampoco lo encuentro restregándole en cara la recaída con su temperamento ó reclamándole la traición. De hecho, Jesús se le apareció después de resucitar para conversar con Él y checa el dato: ¡Vino a hablarle de amor! El Pedro que vemos después de esos acontecimientos es una nueva persona, un individuo que ahora está en el punto adecuado para iniciar el ministerio para el cual ha sido llamado. *

 

2o. Procesa las ofensas correctamente.


¿Me vienen con las cosas de antes y me piden que no me ofenda??? Dios no te está pidiendo que te esfuerzes en perdonar sino que comprendas el verdadero sentido de la palabra. Él estableció un lugar eterno para las fallas y faltas de toda la humanidad donde fueron pagadas una vez y para siempre: En la cruz. La vida de Jesucristo fue el precio que saldó la deuda. Antes de tratar cualquier asunto, de intentar moverte para decir ó hacer algo en la crisis, primero asegúrate de que en tu corazón has procesado el enojo, la decepción y el dolor causado viniendo a la cruz de Cristo. Aquí no se trata de si tú perdonas o no porque ¡Dios ya perdonó todo el pecado del mundo! La cosa es si estás dispuesto a recibir el pago de la vida de Cristo por tus ofensas.

 

La amargura y el resentimiento no son un buen compañero cuando de resolver proactivamente una situación se trata. Al contrario, las complica por completo. No perdonar es como tomarse el veneno y esperar que la otra persona se muera. ¿Que el ofensor no merece tu perdón? ¡Claro que no! Te pregunto: ¿Acaso tú merecías recibir la gracia y misericordia que encontraste en Dios?  Ahora es tiempo: ¡Da de gracia lo que de gracia recibiste!

 

3o. Calladito, te ves más bonito.


Nuestro razonamiento nos dice que hay que discutir y sermonear  para ponerle un alto a lo que está sucediendo. Decimos: Si no, ¿quién lo va hacer? ¿No es así? Ahora, toma en cuenta esto. Esa actitud reactiva solo desencadenará otras actitudes reactivas como respuesta. Un mar de arenas movedizas es lo que creamos al operar de esta manera. De ninguna manera estoy diciendo que te hagas de la vista gorda ó que te tragues tus palabras eternamente, pero sí te digo que necesitas esperar en Dios para que Él te de el momento oportuno para tratar la situación. Solo el Espíritu Santo puede traer convicción al corazón de una persona. ¡Tú no puedes tomar el lugar que a Él le corresponde! Lo que sí puedes hacer es aprender a colaborar y funcionar en unidad con Él para bendición. Si te dispones, Dios te dará la gracia para esperar reconociendo que Él es responsable de completar la obra que ha iniciado en las vidas de los implicados.**

 

Los muros de Jericó cayeron usando un arma fuera de toda lógica humana: El silencio.  Por seis días el pueblo de Israel caminó alrededor de la ciudad amurallada sin decir palabra y en el séptimo día recibieron la orden de gritar. En ese tiempo de quietud Dios estaba trabajando en el corazón de ellos y preparándolos para el momento de expresar lo que Él les ordenaría.  ¿Se trata entonces de que te muerdas la lengua? Más bien se trata de que te inviertas hablándole a Dios con respecto a la situación, que pases tiempo intercediendo y presentando el caso ante la corte celestial.  Es ahí ante el trono de gracia, donde encontramos oportuno socorro.   Cuando Dios abra la puerta, hablarás acertadamente como dice Proverbios: “La palabra a su tiempo ¡Cuán buena es!”***

 

No eches esto en saco roto. Conocer estas verdades y aplicarlas en mi vida familiar y laboral han sido la clave para  hacer de cada crisis un manantial de misericordia y perdón  que nos permite seguir creciendo  hasta llegar a la estatura de la plenitud de Cristo.

El pasado es cosa del ayer.  ¡Hoy soy una nueva criatura en Cristo!

 

*Juan 21: 1-19

**Fil. 1:6

***Prov. 15:23