Soy La Buena Semilla

La Vida Anti-Estrés (III) : ¡Viviendo en armonía conmigo mismo y los demás!

¿Puede acaso alguien disfrutar de completa armonía y paz guardando el dolor de las heridas del pasado? Cuando tenía 13 años, inesperadamente mi papá se fue de casa. Las cosas no estaban bien en mi familia desde hacía tiempo atrás. Nadie sabía donde localizarlo y mi mamá quedó de repente, a cargo de tres niñas a quienes mantener. Para mí era muy difícil digerir lo que estaba sucediendo. A los pocos días, me enfermé seriamente de un problema respiratorio y en ese momento, no había dinero para cubrir los gastos medicos. Sabía que Dios estaba conmigo, pero todo esto resultaba abrumador. Milagrosamente un doctor especialista ofreció atenderme sin cobrar y recibí la ayuda que necesitaba. Durante los siguientes meses, mi madre, mis hermanas y yo vimos la provisión fiel del Pastor que nunca abandona a sus ovejas. Las diferencias entre mis padres terminaron en un divorcio muy doloroso y aunque trataba de hacer todo lo que estaba de mi parte para que esto no me afectara,  se hicieron heridas grandes en mi corazón; guardé resentimiento en mi interior y le di entrada a la amargura. Dicen por ahí que el tiempo cura las heridas, pero en realidad no es así.


Pasaron los años, sin embargo el dolor y los recuerdos aún se hacían presentes. Podía tratar de olvidarlo por algunos días, pero en cuanto algo o alguien removía el asunto, brotaban nuevamente los sentimientos de culpabilidad y resentimiento. La relación con mi papá era distante y superficial. Lo veía poco pero cada ocasión en la que trataba con él, se sumaban nuevos daños a mi lista, que ya de por sí para mí era grande, de aquellas cosas que eran (según yo) su responsabilidad y no las cumplía. Yo vivía atormentada pues podía tener calma, siempre y cuando no se tratara de hablar de asuntos con mi padre. Muchas veces oré y le pedí a Dios que sanara mis heridas. Finalmente ese día llegó.

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La Vida Anti-Estrés (II) : ¡Viviendo el verdadero descanso!

 

Cuando no aprendemos a responder correctamente a las situaciones de estrés que nos rodean en la familia, el trabajo, la economía del país etc., nos desgastamos inútilmente y vamos drenando nuestras fuerzas hasta llegar al límite de enfermarnos. El estrés actúa en nosotros algo parecido al trabajo que hace un agente de ventas: Una vez que consideramos su oferta y hemos adquirido su “producto”, nos hace llegar la factura. El pago  requerido en esa factura está definido: Nuestro reposo. Pero ¿porqué  pasar la vida pagando una deuda que ya fue saldada, sometiéndonos a los efectos  del estrés?  Cristo lo hizo por nosotros en la cruz por eso dice la Escritura que “…el castigo de nuestra paz fue sobre Él….”. Ahora nosotros tenemos acceso al descanso que Él nos ha provisto y todo nuestro ser puede responder a las presiones causadas por las situaciones externas desde esta base. Cuando hablamos de descanso, rápidamente nuestra mente piensa en vacaciones, en viajar, en las playas de un lugar paradisíaco, pero la realidad es que si en tu interior, no gozas del verdadero reposo, aún estando lejos de la rutina diaria y de las presiones, será muy difícil que puedas encontrar descanso para tu alma. Y es que el mundo en que vivimos nos impone una agenda de actividades semejante a un remolino, en la cual no hay lugar para la calma y el descanso. Nos deshacemos por atender lo URGENTE y dejamos para después aquello que es IMPORTANTE. De esta manera, lenta y sútilmente comenzamos a perder el sentido por el cual hacemos las cosas y nos desorientamos.

 

Hace unos días, leí un artículo que llamó mi atención acerca del cansancio y los peligros que ocasiona al conducir un auto. El artículo señala que el agotamiento provoca que las funciones cerebrales no operen en forma óptima y que las capacidades físicas se vean gravemente alteradas: la percepción empeora, se deteriora la capacidad de juicio y la toma rápida de decisiones, se altera el humor y con él las reacciones, se afecta la coordinación y disminuye la concentración. Mientras leía los detalles, pensaba que si el cansancio nos pone en riesgo de morir al volante, cuánto mas no será capaz de perturbar el funcionamiento de nuestro ser cuando damos lugar al estrés. Las prioridades en nuestro corazón tienden a alterarse facilmente cuando estamos cansandos y por consiguiente nuestra capacidad para realizar decisiones sabias.  El descanso es tan importante en nuestro ser, como lo es el “mantenimiento” o “servicio” que obligatoria y requeridamente das a tu automóvil del año, para que pueda operar correctamente y a toda su capacidad. Si olvidas hacer el cambio de aceite a tiempo por ejemplo, aparentemente no habrá problemas por un buen rato. Al pasar los días, se encederá la luz del tablero avisándote que algo anda mal, y si continuas usando el coche sin hacer caso, lo estarás forzando hasta provocar daños permanentes en el motor.

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La Vida Anti-Estrés (I) : ¡Viviendo la provisión fiel del Pastor!

Si existiera en el mercado una vacuna que asegurara inmunidad contra el estrés, sería sin duda alguna el producto más vendido sobre el planeta. Como vivimos en la era del cambio, no debe sorprender que el s. XXI se denomine “el siglo del estrés”, lo cual exige una adaptación sin precedentes tanto de la generación mayor como de la joven. Nuestra vida diaria está saturada de tantas presiones que es casi imposible pensar que se puede vivir sin estar estresado. Las responsabilidades con el cónyuge, los hijos, el trabajo, la casa, el negocio, la escuela etc., te hacen sentir muchas veces como una liga estirada a punto de reventar. El estrés es parte de nuestra rutina y de todo lo que hacemos, al grado de convertirse en el “pan de todos los días”. Lo alarmante del asunto es es que los científicos han determinado que el estrés es el causante principal de hasta el 70% de las enfermedades comunes y según las estadísticas, las consecuencias en la salud física y psicológica de los individuos que viven sometidos al estrés por periodos largos son devastadoras.   Ahora ¿existe una forma eficaz para que  podemos manejar el estrés? De eso se trata esta nota.

 

 La realidad es que no existe una fórmula que pueda “curar” el estrés, pero sí disponemos del equipamiento necesario para poder reaccionar correctamente cuando lo enfrentamos. ¿Quién mejor que Aquél que nos diseñó y nos creó para decirnos con qué contamos en nuestro interior para responder a situaciones de tensión? Dios no sufre de estrés, pero sabe perfectamente cómo nos sentimos cuando hemos perdido el control y nos frustramos. Por eso prometió que aunque tendríamos aflicciones, angustias, descepciones, etc., (estrés) podríamos responder a estas situaciones confiadamente con Su poder, por una sencilla y estremecedora razón: Él triunfó. No dijo que el mundo sería “color de rosa” para nosotros, pero aseguró el camino para que disfrutemos de la paz interior que nada ni nadie puede darnos. Esto es precisamente lo que quiero compartir contigo en esta nota, y ayudarte a que puedas echar mano hoy mismo de esa paz sobrenatural que está provista para ti.

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