Soy La Buena Semilla

La Vida Anti-Estrés (VIII) : ¡Viviendo con mis expectativas en Dios!

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Recuerdo que cuando era pequeña escuchaba a mi mamá decir: “Al mal tiempo, buena cara”. En ese entonces, no comprendía el significado de estas palabras, aunque ahora me doy cuenta de la importancia de nuestra actitud cuando enfrentamos tiempos difíciles. Esto mismo, es algo que los expertos confirman y lo explican por medio de lo que llaman la Regla 10/90, que dice que la vida consiste en un 10% de los eventos que ocurren y un 90% es definido por nuestras respuestas hacia estos. Sin embargo, la realidad es que a la hora de los “trancazos” hace falta algo mas que una actitud positiva para salir con éxito de la crisis. Cuando las circunstancias se salen de nuestro control ó no van de acuerdo a lo planeado, encontramos que necesitamos de un ancla para no dejarnos arrastrar por la preocupación, tristeza y ansiedad. ¿De qué se trata esto?

El Salmista se hace esta misma pregunta: “Y ahora Señor, que estoy en medio de semejante situación ¿Qué voy a esperar para salir de esta?” La respuesta nos presenta la clave: “Mi expectativa está en ti”. (Salmos 39:7) Dios es nuestra esperanza y nuestra posibilidad, no tan solo para ser rescatados, sino para vivir en reposo permanente. Solo El nos ofrece la paz que sobrepasa todo entendimiento, produciendo que nuestro corazón no se aturda ni tenga miedo. Por lo tanto, es ubicando correctamente nuestras expectativas, que evitaremos caer en la tácticas destructivas que producen el estrés, la frustración y depresión. ¡Nuestra esperanza no será avergonzada cuando es depositada en el Padre Celestial!

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La Vida Anti-Estrés (VII) : ¡Viviendo mi identidad de hijo de Dios!

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“¿Cómo? ¿Estresada yo?” Muchas ocasiones son las personas que están a mi alrededor quienes se percatan – antes que yo – de que las presiones están tomando terreno en mi corazón y me lo hacen saber. La realidad es que estoy estresada y… ¡yo no me doy cuenta! Como respuesta, podría darles una lista de excusas, presentarles un montón de quejas ó simplemente negar que esto está sucediendo, pero lo cierto es que a menos que yo identifique y reconozca que hay estrés en mi vida, difícilmente podré poseer el reposo que Dios me ofrece. ¿Cómo puede el estrés pasar inadvertido en nuestro ser? Encuentro que esto ocurre algo parecido a un experimento de laboratorio que realizaron: Colocaron una olla con agua hirviendo y metieron dentro a una rana. Cuando esta sintió el agua caliente saltó de inmediato salvando su vida. Por otro lado, pusieron una rana en una olla pero esta vez con agua fría. A fuego lento fueron calentando el agua; la rana no se dio cuenta del cambio de temperatura y esta murió. En nuestra vida, podemos estar tan acostumbrados al estrés que dejamos de percatarnos de cómo influye en nuestra salud, en nuestra relación con los demás, etc., hasta que llegamos a  enfermamos seriamente o los problemas nos rebasan. La buena noticia es que no tenemos que llegar al límite para reconsiderar y venir a los brazos de Jesús para descansar.

Reconocer que se está estresado es el primer paso para ser libre; negarlo, justificarlo o culpar a otros por ello es un maquillaje que todos hemos usado alguna vez, pero que solo retarda y dificulta el que podamos entrar en el reposo de Dios. Sin embargo, cuando tenemos la humildad de descargar nuestras ansiedades y preocupaciones en Él, encontramos consuelo y paz. Si de algo podemos estar seguros es, que mientras estemos en este mundo vamos a ser confrontados por  la aflicción, y con esto nos veremos asediados por el peligro de los efectos del estrés, pero ¡qué confianza produce el saber que Jesús ha vencido al mundo para que podamos gozar de plenitud de vida! Por lo tanto, no hay razón para seguir esclavizados al estrés y sus consecuencias porque para Dios no somos sirvientes sino hijos amados. Vivir en esa identidad es la clave para disfrutar y hacer uso de todo lo que el Padre tiene; lo cual incluye Su paz que sobrepasa todo entendimiento que guarda permanentemente  nuestro corazón y pensamiento en Cristo.

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La Vida Anti-Estrés (VI) : ¡Viviendo fortalecido en el poder de Su fuerza!

ANTIESTRES

Hoy es posible decirle adiós al estrés. Los problemas de todos los días no tienen que destruir nuestras vidas porque contamos con el poder para vivir por encima de los conflictos y hacer frente a cada uno de ellos exitosamente. ¿Cuál es esa fuerza que nos permite lograrlo? Eso es lo que trataremos a continuación en este artículo. En el mercado encontramos diversas opciones que resultan atractivas y ofrecen beneficios a corto plazo: El yoga, ejercicios de respiración, la acupuntura, la hipnosis, etc. Sin embargo, la práctica de estas terapias aunque prometen reducir los niveles de estrés al mínimo, no pueden brindarte la garantía de una vida plena en lo personal y familiar ni asegurar tu éxito ante los retos que se te presentan. Dios ha provisto para nosotros una solución que nos habilita para mucho más que controlar y atenuar los efectos del estrés. En Cristo, Él nos ha equipado con el poder para permanecer anclados en el verdadero reposo creyéndole a Él. Su propuesta no consiste únicamente en que tengamos ratos de alivio de nuestras ansiedades o ciertos momentos de relajamiento; se trata de la posesión total de la vida anti-estrés a la cual tenemos acceso.

¿Te imaginas? Tú y yo podemos ser libres de las preocupaciones que las actividades de la vida diaria nos impone y aprender a mantenernos inconmovibles ante el estrés laboral, el estrés escolar, el estrés postraumático y todo aquello que se pueda sumar a esta lista. En Salmos 23:4 dice: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Estas dos herramientas, la vara y el cayado del pastor, representan la ayuda oportuna que Dios provee fielmente para sus hijos en momentos de peligro ó necesidad a fin de que podamos perseverar en libertad absoluta. Por ejemplo: Con la vara, el pastor ahuyenta ó mata a los animales de rapiña, pero también con esta hace volver a las ovejas andariegas cuando se salen del camino. El cayado es un bastón usado en las caminatas cuyo rítmico toque al suelo tranquiliza las ovejas y sirve como palanca para levantar a aquellas cuando han caído evitando así que sean presa de lobos ó mueran por agotamiento en horas de calor. Esto nos revela el carácter de Dios como nuestro oportuno socorro y su eficaz intervención en nuestras debilidades, para levantarnos, sostenernos y fortalecernos con Su poder. Es por la provisión de Dios en nuestras vidas que podemos expresar en todo tiempo: “Yo estaré confiado, aunque contra mí se levante guerra”. En este estado, todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) pueden manifestar consistentemente el descanso que el Pastor ha determinado para nuestra vida, haciendo realidad la Escritura que dice: “Los que confían en el Señor son como el monte de Sion que no se mueve sino que permanece para siempre”.

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La Vida Anti-Estrés (V): ¡Viviendo libre de temor!

Era la media noche cuando los doctores se preparaban en el quirófano para una cirugía de emergencia.  Necesitaban encontrar  lo antes posible el origen de una seria hemorragia en el vientre de una mujer. Recostada en la cama de la sala de operaciones y consciente de la gravedad de lo que le sucedía, la muchacha temblaba por el frío del quirófano, pero sobre todo por el miedo que le invadía. En su desesperación, ella hacía mil preguntas al doctor sobre su estado. En sus pensamientos hacía conjeturas contemplando la idea de  que podía no despertar de la anestesia. Por unos instantes, esta joven habia guardado la fe en un cajón y olvidado lo que ella es para Dios. Desde su perspectiva, la situación estaba fuera de control y con lágrimas en los ojos continuaba haciendo suposiciones: “¿Y qué si resulta ser un problema en la sangre?” Al ver el estado emocional de la chica, el médico se acercó y con firmeza le dijo: “Yo sé que estás pensando en tus hijas y estás preocupada por lo que te puede pasar….pero en este lugar creemos en Dios y Él está aquí con nosotros. ¡Así que ponle un alto a esos pensamientos ahora mismo!” Estas palabras sacudieron a la mujer y en ese instante pudo reubicarse al recordar que Jesús, el Buen Pastor, está siempre presente aún en medio de la peor de las crisis. Si alguna vez has sentido que el panorama de tu vida se pone nublado y piensas que estás al filo de la muerte, sabes bien de qué estoy hablando. Hasta aquí hemos venido tratando el tema del estrés y sus efectos, pero ahora es preciso traer a la mesa la raíz que lo produce: EL MIEDO. El temor anidado en el corazón, es una fábrica que fielmente manufactura su producto llamado ”estrés”, por lo tanto,  Dios está interesado no solo en detener su producción, sino en que esta sea destruida en tu vida por completo, para que puedas poseer la vida plena que Él te ofrece.

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David, el salmista, se encontró multitud de veces en situaciones de peligro. Vivió por muchos años escondido, fugitivo, perseguido, amenazado de muerte y sabiendo bien lo que significa el temor, escribió esta declaración: “Aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo;…” (Salmos 23:4) Esta promesa establece que tú y yo podemos vivir en libertad por una poderosísima razón: Dios está con nosotros. Por lo tanto, es vital que comprendamos lo que esto representa. Cuando Dios dice que su presencia estará contigo, está expresando que Él NO va a fungir como un espectador si tú le invitas a ser parte de tu situación. Dios no se sienta en las gradas, para ver cómo enfrentas al toro en el ruedo; Él estará colaborando contigo en todo y supliendo lo necesario de acuerdo a sus riquezas para asegurar tu victoria, además de que estará haciendo que lo que ocurre, por difícil que sea, termine resultando en un beneficio para tu vida. (Romanos 8:28)

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La Vida Anti-Estrés (IV) : ¡Viviendo en la seguridad de mi destino!

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Los expertos señalan que el estrés y la depresión son dos caras de la misma moneda. Por un lado, las intensas presiones por largos periodos pueden arrastrarnos al desgaste excesivo resultando en depresión; y por otro, la profunda tristeza y la ausencia de propósito provocada por un estado depresivo, desencadena un alto grado alto de estrés y ansiedad. El estrés es considerado la enfermedad del siglo, pero la falta de propósito en el individuo es sin duda, su efecto más devastador. ¿Te imaginas estar volando en un avión sin radar? ¿O qué tal, andar como explorador en una jungla desconocida sin brújula? ¿Te subirías a un barco sin timón? Vivimos tan llenos de actividad, siempre ocupados deseando que el día tuviese más horas para cubrir todo lo que tenemos que hacer, pero la verdad es que titubeamos para contestar cuando nos preguntamos: “¿A dónde voy con mi vida?”

Un día Jesús se dirijía con sus discípulos a una importante misión. Se subieron en un barco y antes de zarpar les dijo: “Pasaremos del otro lado del lago”. De repente se desató la tormenta y  olas gigantes cubrían el barco. ¿Qué hacía Jesús en esos momentos? ¡Él dormía! Los discípulos gritaban desesperados y llenos de estrés: “¡Sálvanos que estamos a punto de morir!” Cuando Jesús despertó, les reprendió porque no habían tenido fe y hablando a los vientos con una palabra los hizo callar. Aunque los discípulos habían oído de la boca de Jesús, cuál sería el destino de su travesía, ellos dudaron cuando vino la adversidad. ¿Con cuál de las dos partes te identificas tú? Si somos sinceros con nosotros mismos, la realidad es que muchas veces no tenemos claro hacia dónde vamos en nuestra vida; si a esto le sumamos presiones externas, situaciones fuera de control, dificultades, posiblemente nos estemos viendo en la posición de los discípulos, escandalizados, pidiendo la ayuda de Dios quizá, pero llenos de ansiedad, confusión e inseguridad. Por el contrario, tú puedes como Jesús, poseer el ancla que te da la seguridad  de que sin lugar a dudas, llegarás a puerto seguro. Solo cuando tenemos esta convicción podemos “dormir” en medio de la tempestad.  Su voluntad es que puedas confiar de manera absoluta en que llegarás al otro lado de la orilla aunque vengan las tormentas y las olas golpeen contra tu barca.

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