Soy La Buena Semilla

Maximizando Mi Tiempo

Al comenzar nuestra rutina diaria, muchas veces iniciamos en “automático” y nos embargamos en el montón de pendientes y quehaceres de nuestra agenda. Sin embargo existe otra forma de organizar nuestro trabajo cotidiano siendo mucho más eficientes. Piensa por un instante en la forma en que funciona tu radio. Para transmitir la señal correctamente requiere que tú sintonices la frecuencia. De esta manera, tú puedes permitir que el montón de trabajo que tienes sea un chorro de ruido ó un manantial de armonía y vida. La clave radica en ubicar correctamente tus prioridades y motivaciones. El problema de organizar nuestra agenda no es tanto un asunto de forma como lo es de fondo. De tal forma que si atiendes estos dos elementos establecerás la base para provocar un cambio radical en cómo administras tu tiempo.

1. Reordena tus Prioridades:   Las prioridades son para tu agenda, lo que el timón es para un barco, pues  estas dirigen y dan sentido a la administración de tu tiempo.  Es cierto que Dios  debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas, sin embargo en la práctica, es vital que le permitamos igualmente ser parte de aquello que hemos ubicado en segundo término, y le invitemos a participar en lo que consideramos en tercer lugar y así sucesivamente. ¿Puedes ver la diferencia? De esta manera, no hay rincón en el cual no le tomemos en cuenta y no consideremos Su dirección y Su consejo. ¿Estás dispuesto a sincronizar tu corazón y actividades en esa dirección? ¡En la agenda de Dios, TÚ eres Su prioridad, el centro de toda su atención y quien ocupa su todo!

2. Examina tus Motivaciones. La razón por la que haces las cosas es el “motor” de tu agenda. La capacidad para ser eficiente en tus actividades se cimenta en el porqué realizas tu trabajo. Aunque tenemos muchas razones “de peso” para movernos, no siempre son las mas indicadas; una buena intención no es necesariamente una razón correcta. Por lo tanto, es vital que podamos distinguir el motivo que mueve a Dios y le hace ser eficaz al 100% en su labor: A-M-O-R.  ¿Cuál es el tuyo? ¿Qué es lo que te impulsa a realizar tus actividades diarias?  Checa la siguiente guía para que hagas ese análisis:

Acepta que estás saturado de la naturaleza de Dios.

Muévete basado únicamente en que eres un bendecidor.

Olvídate de aquello que te intimida y atemoriza porque Cristo pagó por eso.

Reconoce que tu Padre se agrada de ti y no hay nada que puedas hacer para que te acepte más.

¡Es momento de poner manos a la obra en tu agenda!  Dios te ha dado el poder para dirigir el timón de tus actividades y poner en marcha el motor indicado sobre tus planes.

¿Cuáles son tus retos para organizar tu tiempo? Armemos la discusión en este espacio, tus preguntas y comentarios ayudarán a otros lectores.

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La Revolución de Su Amor (4) : Arraigado y Cimentado en Él


Ahora, la pregunta que puedes estar haciéndote en este punto es: ¿Y cómo recibo el amor de Dios para que mi visión sea transformada? La primera cosa es aceptando a Jesucristo en tu corazón. Dios nos amó de tal manera, que dio a su Hijo para que toda persona, como tú y como yo, no se extravíe ni pierda el rumbo, sino que pueda poseer Su vida. Nuestra parte aquí es aceptar ese regalo y hacer uso de todo lo que este implica. Si recibes un regalo y lo guardas bajo tu cama, ten por seguro que no servirá de nada. De la misma manera, es preciso que aceptes lo que Jesús hizo y tomes provecho del acceso que compró con su sangre, para darte una vida plena y abundante. En segundo lugar, es necesario que te arraigues en Su amor y te afirmes en Él (Efesios 3: 17-19). Si tomamos el ejemplo de un árbol, este necesita lograr estas dos cosas para crecer: Requiere que sus raíces se extiendan lo suficiente bajo la superficie del suelo obteniendo el agua y los nutrientes para subsistir, y además que su tronco desarrolle la capacidad para mantenerse firme. Si alguna de estas dos premisas falla, el árbol estará en peligro de morir. Siguiendo con esa comparación, entonces podemos decir que no es suficiente con saber que eres amado; todo tu ser tiene que echar raíces en el amor de Dios y desarrollar la capacidad para permanecer anclado aún en las peores circunstancias.

Esto no es algo que se logra de la noche a la mañana por supuesto. Es un proceso de transformación continuo y permanente en el que tú participas consciente y voluntariamente. Tú te dejas amar por Dios, recibes Su verdad y se inicia dentro de ti la revolución de Su amor. Según el diccionario, una revolución es un cambio violento y profundo de las instituciones políticas, sociales y económicas de una nación; figurativamente, esto es lo que el amor de Dios produce en nuestro interior cambiando radicalmente las estructuras de nuestra manera de pensar y por consiguiente la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. En esta divina revolución, no existe caos ni mucho menos uso de violencia, porque Su amor es bondadoso y nos brinda el más alto nivel de respeto. Como todo un caballero, Jesús llama a la puerta de tu corazón; si abres y decides dejarle entrar, Él estará sentándose a la mesa para cenar contigo entablando una relación de intimidad y comunión. El armamento con el que nos conquista es el más poderoso del universo; sin embargo no consiste en armas nucleares ni en potentes aviones de guerra porque Su amor no hace nada indebido. Este arsenal de Dios tiene la capacidad de destruir las más grandes fortalezas que hay sobre la tierra: aquellas que están en tu interior; derribando las estructuras de pensamiento que no están acordes con Su visión. En esta revolución como en muchas otras, ocurre derramamiento de sangre, pero el amor de Dios no tiene envidia y mereciendo nosotros la muerte, envió a Jesús quien tomó nuestro lugar de pecado para hacer que nosotros ocupásemos el suyo. Él escogió la muerte para darnos vida. El único caido en esta revolución se levantó de entre los muertos, y ahora trabaja sentado a la diestra del Padre, intercediendo por nosotros para que el resultado de Su sacrificio sea efectivo en nuestras vidas, y SEAMOS Su visión.

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Dios lo hace posible

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Una de las cosas que me ayuda mucho cuando estoy cansada ó pasando por un rato de desánimo, es recordar que Dios hace posible aquello que en mis propias fuerzas no puedo lograr. Esta Escritura viene a mi mente, y me hace considerar quien es Aquél que lleva la carga más pesada. Su compromiso conmigo es eterno y trabaja activamente para que yo pueda disfrutar en plenitud de la vida que Él posee: La vida en el Espírtu.

Este maravilloso regalo es una realidad para todo aquel que cree, lo recibe y se atreve a poseerlo. La vida en el Espíritu no es la parte sobrenatural de Dios, por el contrario, es Su naturaleza dada a nosotros sus hijos para que podamos experimentarla al máximo. Su voluntad es que podamos pensar como Él piensa, podamos sentir lo que Él siente, para tomar decisiones como Él decide. Su corazón anhela tener comunión con nosotros, ser UNO contigo y conmigo. Las cláusulas contenidas en este pacto, son la base legal sobre las cuales Dios hace posible lo que nadie jamás pudo, ha podido, ni podrá realizar, pues por la obra de Cristo se rompió la maldición de la ley del pecado que nos arrastraba, para darnos verdadera libertad.

En cada una de las cláusuas del nuevo pacto, se define claramente la responsabilidad de Dios para llevarnos a poseer la vida en el Espíritu. Me senté unos momentos y escribí lo que yo escucho a mi Padre decirme a través de este compromiso:

Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquellos días–dice el Señor–:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
y sobre su corazón las escribiré;
y seré a ellos por Dios

y ellos me serán a mí por pueblo.
Ninguno enseñará a su prójimo,
ni ninguno a su hermano, diciendo:”Conoce al Señor”,
porque todos me conocerán,
desde el menor hasta el mayor de ellos,

porque seré propicio a sus injusticias,
y nunca más me acordaré de sus pecadosni de sus maldades»

Hebreos 8:10-12

“Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y las escribiré sobre sus corazones”.

Yo soy responsable de apoderarte con la capacidad de pensar como yo pienso y de que puedas SER lo que te he llamado a ser: Mi hijo amado. Bajo el nuevo pacto, la relación entre nosotros dos es diferente, pues no se trata de que alguien te imponga reglas que no puedes obedecer, ni de que aparentes tener una vida perfecta ante los demás. Yo he depositado dentro de ti mis leyes, y por lo tanto, eres gobernado desde tu interior. Es precisamente en de tu corazón, donde ocurre la transformación. Mis leyes establecen el cableado, sistema operativo o infraestructura para que la vida de Cristo fluya a través de ti.

En nuestra relación, no hay cabida para la opresión; ahora eres guiado por mi Espíritu a través de mi Palabra. Nadie puede empujarte ni obligarte, eres libre para escuchar mi voz y seguirme. No tienes que luchar para que esto ocurra. ¡Yo he hecho el trabajo que lo hace posible! Tienes mis leyes que producen en ti la mente de Cristo y te habilitan con el poder para que sujetar tus pensamientos en obediencia a mi verdad. Ahora puedes manifestar de manera genuina el “fruto” de la transformación que dentro de ti YO estoy realizando. ¡Fuera máscaras! Puedes acercarte confiadamente al trono de mi gracia tal y como eres para encontrar oportuno socorro, saciarte de mi gracia y comprobar como mi poder se hace fuerte en tu debilidad.

“Y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo”.

Yo soy responsable de fungir como tu Dios, tu Padre, tu Señor, como el Todopoderoso. Es cierto, antes yo era conocido como el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob, como el Dios de tus padres, pero ahora me revelo a ti de manera personal como TU DIOS y es mi deseo relacionarme contigo poniendo a tu disposición todo lo que me pertenece. Si tú aceptas mi propuesta, y te ubicas en este ofrecimiento que yo te doy, no sólo estarás tomando tu lugar como parte de mi familia siendo mi hijo, sino también como mi heredero. Conforme desarrolles y tengas la madurez necesaria para administrar lo que pongo en tus manos tomarás posesión de todo aquello que he dispuesto para ti. Pero es preciso que estés consciente de lo que mi herencia incluye: Mi genética, mi poder, mis recursos y mi gloria; por esta razón TODO lo puedes EN CRISTO que te fortalece. Mi provisión es lo que necesitas para que mi propósito se cumpla en tu vida. ¿Estás abierto para recibirla?

La parte que te corresponde a ti y que activa las cláusulas de este pacto para ti es que aceptes hoy mi invitación.

“Y ninguno enseñará su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos”.

Yo soy responsable de ser tu Maestro, tu Asesor, tu Instructor personal, y te he dado la unción para que puedas recibir esta enseñanza en tu interior. He depositado en ti la capacidad de aprender, y de aprender directamente de Mí. Este aprendizaje sucede porque yo estoy dedicado a revelarte mi verdad para ayudarte a que entiendas mis palabras, para explicarte cómo puedes echar mano de mi herencia, para instruirte en cada uno de los pasos que das, de tal forma que no te extravíes en el camino. Mi Espíritu está continuamente dentro de ti presentando evidencias de que eres mi hijo, y asegurando que tú tengas la convicción de quién yo te he llamado a SER, porque de esto se trata mi enseñanza, de que puedas ubicarte y permanecer siendo esa nueva criatura que yo he conformado en ti.

Yo estaré contigo siempre; nunca te abandonaré, pues la obra que he comenzado en ti, estoy determinado a completarla.

“Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”.

Yo asumo el compromiso de estar presente siempre contigo aún en medio de tus descalabros. Sí, yo sé que en el camino vas a encontrar tropiezos, vas a cometer equivocaciones, se te van a presentar luchas, retos, dificultades que tratarán de desubicarte, pero yo no te voy a soltar. Mi responsabilidad va mucho más allá de ser “bueno” contigo, o de “darte una ayudadita”, yo estoy decidido a SER PROPICIO a tus injusticias, transformando los errores más grandes que puedes haber cometido en las victorias más sublimes. No tengas temor; en medio de la crisis, llegaré a tiempo, y voy a convertir tu dolor, en baile. Yo he dicho que todas las cosas ayudan a bien, a aquellos que me aman, a aquellos que conforme a mi propósito son llamados, y si tú te mantienes ubicado en mi propósito yo te garantizo que transformaré tus fracasos en triunfos, y haré de tus lamentos, mi alabanza.

Soy tu Dios y tengo muy buena memoria, pero los errores, pecados, injusticias que ocurran en el proceso, no dejan huella alguna en mi registro. Cada vez que vengas a mí, confieses tu maldad y te apartes, encontrarás el río de misericordia fluyendo para ti. Recuerda, tú eres mi hijo, ya has sido justificado……. ¡ERES PERDONADO!

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