Soy La Buena Semilla

¡Escoge la vida!

Quien menos te imaginas puede estar atravesando ahora por una experiencia de aborto y en silencio sufre los estragos que esto acarrea. Entérate en esta nota lo que tú puedes hacer. Resulta difícil permanecer cruzados de brazos cuando las estadísticas indican que solo en los Estados Unidos:

Un bebé es abortado cada 26 segundos

137 bebés son abortados cada hora

3,304 bebés son abortados cada día

23,196 bebés son abortados cada semana

100,516 bebés son abortados cada mes. ( * )

El debate entre la vida y la muerte ocurre en el mundo mientras los sistemas de justicia avanzan con la legalización del aborto bajo la premisa de aumentar la esperanza de vida de la mujer. La tasa de mortalidad por embarazos oscila entre el 15% y el 50%; ¿La razón? El aborto inseguro e ilegal. La lucha, dicen ellos, es por los derechos a la salud reproductiva y sexual de la mujer, ¿pero es esto en realidad así? ¿No están mas bien peleando por defender a un ser humano a costa de la vida de otro? ¿No se llama esto discriminación**? ¿No es esta apariencia de “beneficio social” mas bien la campaña publicitaria para atraer más clientes al negocio millonario del aborto? Los gobiernos se enorgullecen de presentar estadísticas de la cantidad de mujeres que se han practicado un “aborto seguro” señalando que se les ha librado de morir en clínicas clandestinas. Una nueva filosofía sobre los derechos humanos nos invade y nos demanda que nos adaptemos a ello. ¿Tú qué vas a hacer?

Lo único cierto aquí es que cada mujer sobre la tierra (¡y cada hombre también!) necesitamos comprender la verdad sobre los derechos humanos, para convertirnos en portadores de esta, primero en nuestra familia, luego en nuestro entorno y en la comunidad.

Para abordar el tema invito a este estrado, al Autor y Dador de la vida. ¡Quién mejor que Él para presentarnos el maravilloso plan que elaboró para nosotros! Tu Creador definió claramente tus derechos a fin de asegurar tu bienestar y el de tus generaciones; tu responsabilidad es conocerlos, recibirlos y ejercerlos.

1o. Tienes derecho al amor incondicional y a la aceptación total. Imagínate cuánto te amó Dios que antes de fundar el mundo, pensó en ti; todavía no habías nacido cuando Él ya te conocía. Desde que estabas en el vientre de tu madre, ya eras el centro de su atención y te puso nombre. Su amor no está basado en tus méritos, aciertos ó fracasos, sino en el perdón, gracia y misericordia provistas en la cruz. No hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más ó te ame menos. ¡ÉL ES AMOR! Y ese Amor viviendo en ti, te dignifica y capacita para amar y aceptar a los demás incondicionalmente. ¡Dios no busca cambiarte para amarte!…Pero si te sabes amado, serás transformado. (Jer. 1:5; Isa. 43:1; Ef. 1:5-7)

2o. Tienes derecho a ser respetado. Dios te creó a su imagen y conforme a su semejanza, y puso en ti la capacidad de escoger. ¡No existe en este mundo alguien que te respete y valore como Él! Su mayor interés está en que conozcas tus opciones y elijas conscientemente la vida que te ha provisto. El precio pagado por tu rescate fue muy alto; Jesús se entregó por ti – no para hacerte un esclavo ¡no!-, sino para hacer de ti un hijo de Dios. Por mucho que otros te quieran ó te odien, jamás nadie podrá escoger en tu lugar; eso te corresponde únicamente a ti. Solo ten en cuenta que las consecuencias, resultado de tus decisiones, serán igualmente respetadas por tu Creador; y cosecharás el fruto de aquello que que hayas sembrado. ¡Tú eliges!  (Gén. 1:26; Isa. 43:3; Deut. 30:19)

3o. Tienes derecho a una vida con propósito y un destino de bendición. Dios no quiere que solamente conozcas lo que hizo por ti; Él anhela que poseas TODO cuanto nos ha dado en Cristo. De tal forma que nos otorgó el mas alto nombramiento que pudiéramos recibir: Ser hijos suyos; y más aún, proveyó el camino para hacer posible podamos operar y desarrollar Su naturaleza como hijos amados. Óyelo bien, el Creador no te ha dado el derecho de estar cerca de Él, ni de ser su siervo, ni de ser su ayudante, te llamó a ser Su HIJO.  Como Padre, Él se hace responsable de ti y se compromete a  hacer realidad el propósito por el cual te formó equipándote con todo lo necesario para que tú llegues al destino de bendición que planeó para ti.  (Juan 1:12; Rom. 8:17; 1a. Juan 3:1)

¡Qué increíbles derechos nos fueron concedidos! ¿No te parece? Y lo más especial del caso es que estos derechos del Creador aplican para ti y para todo ser humano –  obra de sus manos- , indistintamente de su sexo, edad, raza ó nacionalidad. (Juan 3:16) Echa mano de lo que Dios te ha hablado en esta nota y colabora con Él en comunicar Su verdad a quienes están al borde del abismo, pensando que el aborto es su única salida.

  • Te invito a que apoyes este video – documental  que expone la verdad acerca de la industria del aborto y muestres tu apoyo registrando tus datos para que sea proyectado en los cines.

Haz click aquí para ver el corto (trailer) :  “DINERO DE SANGRE”

Registra tu información personal aquí:  APOYO EL DOCUMENTAL

  • Comparte esta nota con tus familiares y amigos para que conozcan los derechos que Dios les ha concedido para bendición.
  • Contribuye apoyando las organizaciones y ministerios locales que funcionan como Centros de Ayuda para embarazos en crisis.   Tus donaciones, tu apoyo como voluntario y en oración marcarán la diferencia.

———————–

** discriminar.

1. tr. Seleccionar excluyendo.

2. tr. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.

¡Yo creo en los milagros!

¿Estás frente a una situación que parece imposible de resolver? ¡Esa es la oportunidad precisa para que Dios pueda intervenir en tu vida si tú se lo permites! Los milagros ocurren permanentemente (24/7) en la vida de los hijos de Dios y existen por una sencilla razón: ¡ÉL ES EL TODOPODEROSO! Dentro de la naturaleza de nuestro Padre no existen barreras ni limitaciones por eso establece: “¿Habrá alguna cosa difícil para mí?”(*)  En mi propia vida he comprobado esta verdad infinidad de veces, y cuando veo en mi realidad un enorme obstáculo, cobro ánimo haciendo memoria de las maravillas que Él ha hecho conmigo, mostrando su poder y su fidelidad.  Así que déjame compartir contigo una de esas experiencias que marcaron mi vida permitiéndome comprobar la grandeza de nuestro Dios.

Hace trece años pasé por una situación en la que, contra todas las leyes naturales, Dios intervino rescatándome a mí y a mi familia de la  muerte. Yo tenía cuatro meses de embarazo cuando viajamos a un retiro de jóvenes como parte del equipo de apoyo. Mi esposo y mi hija de tres años iban conmigo en el auto. El evento fue una bendición y cuando nos disponíamos a regresar a casa, los jóvenes nos invitaron a ir con ellos a visitar unas cascadas donde pasarían el resto de la tarde. Al ver su insistencia accedimos a acompañarles. Después de unos minutos de haber llegado al sitio, comenzó a llover y decidimos que lo mejor sería que nosotros regresáramos por nuestra cuenta. Los jóvenes querían seguir divirtiéndose en el lugar a pesar del mal tiempo. Un matrimonio amigo, se unió a nuestro retorno y nos siguieron en el descenso de la montaña donde estaban ubicadas las cascadas. La carretera era super angosta y con curvas muy pronunciadas. Los despeñaderos a los costados eran impresionantes, así que conducíamos con mucha precaución y a velocidad moderada.

De repente al tomar una curva, notamos que por el carril contrario circulaba un trailer invadiendo con su carga parte de nuestro carril. Mi esposo intentó librarlo, pero el pavimento estaba mojado y al frenar, el auto, se patinó estrellándose directamente sobre la carga del trailer; dimos varios giros y luego fuimos lanzados hacia el despeñadero. Dos minutos antes del impacto, mi hija me había pedido que la sentara conmigo en el asiento delantero, pues estaba mareada.  Desafortunadamente ninguno de los tres usaba el cinturón de seguridad.  Nuestros amigos que venían detrás de nosotros presenciaron el accidente. Por un instante pensaron que habíamos fallecido los cuatro. De inmediato se detuvieron junto al camino para auxiliarnos y ayudarnos a salir de donde estábamos. ¡Gracias a Dios que envió a sus ángeles a rescatarnos de ese lugar!

Inexplicablemente, salimos del accidente con solo algunos golpes y lastimadas leves. Estábamos consternados por la fuerza del impacto, sin embargo, la paz sobrenatural de Dios guardaba mi mente y corazón. Mi hija estaba ilesa, de no haberla tenido yo abrazada al momento del impacto, hubiera salido disparada por la ventana. Una vez fuera del auto, la preocupación mayor era en qué condición estaría el bebé después de lo sucedido. No tenía evidencia física de daño en mi vientre, pero eso no significaba que este siguiera vivo. Fuera de toda lógina humana, yo permanecía con la seguridad absoluta de que todo estaba bien con el embarazo. Nos llevaron directamente a la clínica para ser atendidos, y ahí me practicaron un ultrasonido. Los médicos estaban sorprendidos de comprobar que tanto la placenta como el bebé estaban intactos, como si nada hubiese sucedido. ¿No es Dios maravilloso?

Después del accidente tuvimos oportunidad de ver cómo había quedado el automóvil. ¡Yo casi me desmayo al ver de dónde nos había rescatado Dios! La llanta del trailer estaba claramente marcada sobre el cofre de nuestro vehículo subiendo casi hasta el tablero del conductor. El auto estaba totalmente destruido, nadie hubiese creido que quien manejaba hubiese sobrevivido. ¿Cómo era posible que hubiéramos salido de una tragedia semejante teniendo solo el labio roto? ¡Sí Señor, yo creo en los milagros!

Por otro lado, mi ginecólogo no disimulaba su sorpresa y preocupación ante mi embarazo aún habiéndome revisado cuidadosamente. El bebé de todas formas seguía – médicamente – corriendo el riesgo de no llegar a término. ¡Las cosas que Dios hace las hace bien y las hace completas! Mi hija Jessica nació totalmente sana y en el tiempo indicado, llena de esa misma paz con la que el Padre me había llenado a mí cuando ocurrió el accidente. La forma en que Dios nos libró fue tal como lo hizo con aquéllos hombres que fueron lanzados en el horno de fuego por Nabucodonosor,  que al salir, ….¡Ni aún sus ropas olían a fuego! (**)  Dios es Dueño y Señor de las leyes naturales; todas y cada una de ellas están bajo su total autoridad.  Jesús mismo nos dio el ejemplo vivo de esto y lo que es más, nos ha prometió que cosas mayores que Él haríamos nosotros. (***)

Él se responsabiliza de sus hijos y está presente para ti en los momentos de mayor necesidad cuando tú le reconoces como tu Padre. ¡Su pacto es infalible! Aún cuando las cosas no resulten como nosotros esperábamos, Él sigue fiel para hacer que cualesquiera las circunstancias, estas trabajen para nuestro beneficio.  La pregunta aquí es: ¿Estás tú dispuesto a creerle?  ¡Levántate, abre tu corazón y disponte a conocer a tu Padre Celestial! ¡Él es el Dios de los milagros!

Jer. 32:27

** Dan. 3:25-31

*** Juan 14:12

Amando a Mis Enemigos

¿Que te han tratado injustamente? ¿Que alguien está intentando tomar ventaja de ti? Todos sin excepción hemos pasado por una experiencia de estas a través de nuestra vida, ya sea con nuestros padres, en la escuela, trabajo etc.  Muchas veces resulta complicado definir aquello que es equitativo para cada quien y de este asunto emergen gran cantidad de conflictos.  Estas circunstancias son mas comunes de lo que pensamos y a menos que nos ubiquemos correctamente, no podremos superarlas. Te invito a que continues leyendo y conozcas tres verdades prácticas que estoy comprendiendo estos días al atravesar por situaciones como éstas.

1. ¿Quién soy Yo?

Pon atención a esta pregunta. No estoy pidiéndote que contestes qué fue lo que ocurrió ni quién es responsable del daño. En este punto es preciso que te enfoques en definir tu identidad dejando en segundo plano las circunstancias.  Sin esta base, puedes quedarte atorado por años resentido por aquello que otros “te hicieron” ó “dejaron de hacer” por ti. Por lo tanto, en esa situación que atraviesas ¿Quién eres? ¿Una víctima? Ó quizá  te sientes  ”el malo de la película” pensando en todas las injusticias que has cometido.  La realidad es que de nuestra identidad fluye nuestra respuesta hacia aquello que enfrentamos.

Para que lo veas más claro, supongamos que conduces  tu vehículo por la calle, y un policía te detiene para darte una infracción y en el proceso te amenaza y busca intimidarte abusando de su autoridad para que tú le ofrezcas dinero. ¿Cómo responderías ante tal evento si eres hijo del Presidente de la nación? ¿Te sentirías amenazado? ¡Absolutamente NO! Esa identidad no es excusa para reaccionar con prepotencia, pero SÍ la fuente de seguridad para accionar correctamente.  Al atentar contra tu integridad este individuo, está retando directamente a la autoridad de tu papá. ¿Lo puedes ver?  Si has aceptado que eres hijo de Dios, ¡Eres hijo del Creador del Universo! El asunto ahora es que tú te ubiques ahí y decidas permanecer viéndote como HIJO AMADO.  ¡Tú eres lo que piensas de ti mismo! *

2. ¿Quién es mi Adversario?


Cuando enfrentamos oposición es fácil echarle la culpa a alguien más, pensar que todo es una estrategia del diablo, ó que es cuestión de mala suerte. Sin embargo, como hijos de Dios necesitamos renovar nuestra visión y quién mejor que Jesús para darnos ejemplo en este aspecto.  Él siempre supo cómo enfocarse frente a sus adversarios, y nos hizo ver que ellos son para nosotros el reto supremo del amor. No nos pidió que nos volviéramos “tapetes” que éstos pisen deliberadamente ni que nos dejemos de cualquiera; nos dijo que les amáramos sin merecerlo. Sin embargo, este asunto de “amar a los enemigos” no es algo lógico ni agradable a la naturaleza humana, pues implica la transformación de nuestra mente y corazón. Requiere de tu disposición para que Dios haga de ti un hijo siendo conformado a la estatura de Cristo.

Con esto no estoy negando las artimañas del diablo, solo quiero que te ubiques para ponerlas en perspectiva y dejar de magnificar sus obras. ¡Él está vencido! Es parados en nuestra identidad de hijos como le recordamos su presente y su futuro. Esto fue lo que Jesús hizo con el enemigo cuando atentó contra Él en el desierto, diciendo: “Si eres hijo de Dios….. ” Sus respuestas fueron producto de su identidad y así le nulificó su plan.  La decisión aquí entonces es ¿a quién vas a ver en tus enemigos? ¿Vas a exusarte en que todo es trabajo del diablo ó vas a tomar el reto de ser transformado para amar con el amor de Jesús? **

3. ¿Qué propósito tiene para mí esta situación?


Es cierto. ¡Cuán difícil nos resulta concebir que algo bueno puede esconderse detrás de las injusticias!… Y por esto reaccionamos manera negativa. Por lo tanto, una vez que te has ubicado en que eres hijo y que has aceptado el reto de ser transformado para amar, necesitas comprender que Dios está dispuesto a convertir esas circunstancias contrarias en beneficio para ti. Jesús dijo que en este mundo íbamos a enfrentar conflicto, oposición e injusticia, pero que su victoria estaba provista para esas circunstancias, que podíamos descansar en que la solución ya estaba dada.

Si hay alguna cosa que necesitamos cuando se comete un atropello en nuestra contra, es consuelo. Dios lo sabe bien y para eso nos dio sus promesas. Si tú recibes y aceptas que ÉL PUEDE llevarte a comprobar que tu dolor se convierta en baile, y que el daño causado se transforme en una fuente de bendición, estarás EN ACUERDO con TU PADRE poseyendo así el consuelo que Su Espíritu te da. ¡DIOS ES JUSTO!!!  ***

No eches en saco roto lo que aquí comparto contigo. Yo misma he tomado la decisión que presento en esta nota sabiendo que mi Padre me insta a que no sea vencida de lo malo, sino que venza con el bien el mal. ¿Tú qué vas a hacer?

* Prov. 23:7

** Mateo 5:39-48 y Rom. 12:21

*** Juan 16:33; Rom. 8:28; Gén. 50:20

¡Alumbrando esta oscuridad!

¿Sabes cuál es el lugar del mundo donde existe mayor violencia en el siglo XXI? No es México, Colombia ó Afganistán. El sitio al que me refiero es “el hogar”. Actualmente este es considerado la institución donde ocurre el crimen encubierto más común que existe: La violencia intrafamiliar. Las estadísticas indican que uno de cada tres hogares padecen este mal.  La factura de los efectos devastadores tristemente la están pagando los niños, creando un efecto dominó a las generaciones subsiguientes. ¿Cómo podemos responder a esta epidemia mundial?

Nos hemos acostumbrado a escuchar en los medios historias terribles sobre familias que se auto-destruyen, sin embargo cuando somos nosotros mismos ó un amigo cercano quien está involucrado, las cosas se miran con distinto color.  Esta semana me golpeó muy fuerte la noticia del asesinato de una madre por mano de su ex-marido. El hombre le disparó a la mujer en el garage de su casa frente a sus tres hijas, hiriendo a una de ellas gravemente.  El individuo se suicidó después de cometer semejante crimen. La historia llegó a mis oídos de labios de mi hija menor. Ella estaba consternada. Su amiga de la escuela con quien compartía todos los días, se había quedado huérfana a los doce años en un abrir y cerrar de ojos. Para mi hija no ha sido fácil sobreponerse a este acontecimiento, y para mí todo un reto el ayudarle a recibir el consuelo de Dios en su corazón.

Ante algo así de fuerte, de repente pareciera que estamos atados de manos,  sin embargo sabemos que si estamos de alguna forma cercanos a esta crisis, Dios EN NOSOTROS puede hacer la diferencia.  Mi hija y yo hemos pasado tiempo platicando, orando y digiriendo este suceso recordando que somos llamadas a alumbrar en esta oscuridad.  Quiero compatir contigo algunas cosas que hemos estado comprendiendo juntas estos días:

1. Tengo dentro de mí al mejor Consejero del mundo: El Espíritu Santo. * El día que se supo la noticia en la escuela, muchos estudiantes lloraban y corrían a la oficina del consejero para recibir apoyo. Mi hija estaba entre ellos. Aunque eso fue útil, el dolor seguía latente. Esa misma tarde, estuvimos entendiendo cómo en momentos como estos, contamos dentro de nosotros con el Consolador, el Espíritu Santo quien tiene el poder de trabajar en nuestro interior, en lo profundo del corazón, ahí donde más duele, aliviando la tristeza y dándonos la fuerza para compartir esto con otros. ¡Solo tenemos que permitírselo y abrir nuestro corazón para recibirlo!

2. La carga pesada la lleva Jesús, y no yo. ** Cuando algo tan difícil ocurre con alguien a quien amamos, tendemos a ponernos a cuestas la carga que solo Dios puede llevar por nosotros. ¡No estamos diseñados para acarrear el yugo sobre nuestros hombros!  Intentar hacerlo, es como tratar de levantar un automóvil y terminar lastimados.  Mi hija pasó varios días ahí pero ahora ha podido dar el paso de entregar a Dios esta carga pesada, entendiendo que puede sobrellevar la tristeza de su amiga, pero que es en libertad como podemos servir y ser bendición a otros.

3. ¡Dios nos ha equipado con una dosis mega-extra-superior de Su amor!*** Sin importar la edad o condición de la persona que pasa por una situación de violencia intrafamiliar, la medicina es la misma: AMOR.  Los hijos de Dios estamos armados hasta los dientes con este poder para llevar su consuelo, su gracia y misericordia. Mi hija está comprobando esto en la práctica y Dios está poniendo en su corazón la forma para comunicarlo al corazón de su amiga que está en angustia.

¡Doy gracias a Dios por la manera en la que nos ha sostenido estos días y lo que fielmente nos ha estado enseñando!

Así como nosotras, tú también estás rodeado de personas que atraviesan por situaciones de violencia doméstica y Dios te ha puesto cerca para que puedas marcar la diferencia en sus vidas.  Quizá no te has dado cuenta de ello ó no has considerado que tu participación pueda causar algún efecto significativo,  pero hoy tu Padre quiere que puedas  dejarle brillar en ti para traer luz a los que están en oscuridad. Recuerda que no se trata de tu esfuerzo humano, sino de tu colaboración para dejarle a Él hacer EN ti.   ¿Vas a tomar el reto que Él te hace?

*Juan 14:25-27

**Mateo 11:28-30

***Prov. 17:17

¡Libre de Culpabilidad!

Hace algunos días escuchaba a una chica llorar en el teléfono mientras me explicaba cómo no pudo evitar que su amiga se practicara un aborto. Ella sentía mucha culpabilidad porque sus esfuerzos no habían sido suficientes para detenerla. Yo conocía a su amiga, pues había tenido oportunidad de hablar con ella sobre las repercusiones del aborto un par de semanas atrás. Me dolió mucho saber la noticia y era inevitable no pensar en lo que debimos haber dicho o hecho de manera diferente para rescatar a ese bebé de la muerte. Resultaba difícil no tomar responsabilidad por las acciones de la chica que decidió terminar con la vida de su hijo. Mientras platicábamos vinieron estas palabras a mi corazón: “Es momento de poner las culpas en el único lugar donde pueden depositarse – en la cruz –.”

SÍ a la compasión, NO a la condenación.

Esta verdad dio un giro a nuestra conversación, pues al contemplar este suceso a los pies del sacrificio de Cristo, nos hizo conscientes de Aquél que por AMOR se volvió el “depósito de nuestras culpas”, entendiendo que sí, podemos dolernos por lo sucedido y orar porque esa gracia y misericordia toquen el corazón de aquella chica, pero no podemos echar sobre nuestros hombros la culpabilidad que a Jesús le tocó llevar sobre de Él en la cruz, ni tampoco tomar  responsabilidad por la decisión personal que finalmente a cada quien le corresponde hacer de  –aceptar ó rechazar- lo que Dios nos ha dado.

Dios te quiere libre.

Cuando colgué el teléfono, me quedé pensando en cuán propensos somos muchas veces, de ponernos acuestas culpabilidad por las decisiones de terceros y la “trampa” que esto resulta si permitimos que indicios de condenación se aniden en nuestro corazón. Vemos al hijo que se culpa por el divorcio de sus padres, a la mujer violada que se condena a sí misma por el abuso que sufrió, al muchacho que se responsabiliza  por el suicidio de un hermano, etc. Y qué decir de la niña que piensa que ella provocó el abandono de su padre ó del esposo que siente con toda la responsabilidad por la infidelidad de su mujer.  Sin excepción para cada uno de estos casos y más, Dios nos ha provisto la solución.

¿Cómo poseo esa libertad?

Primero, entiende que cada individuo es responsable de sí mismo.* Tú puedes aconsejar, apoyar, animar, confrontar o interceder por alguien, pero nunca podrás “elegir”  en su lugar.  Fuimos creados y diseñados por Dios para escoger de manera individual si aceptamos o rechazamos el derecho de ser hechos sus hijos. Tú eres responsable por ti mismo y Dios respeta tu decisión. Renunciar a continuar con el papel de víctima  ó victimario en lo sucedido, para ubicarte en tu posición de HIJO, es abrir la puerta al proceso hacia tu libertad. ¿Cuál es tu respuesta?

Segundo, recibe la libertad que Cristo compró para ti.** Tú no tienes que seguir auto-castigándote por las decisiones de alguien más. ¡El “paquete” de libertad comprado con la sangre de Jesucristo ha sido suficiente! Todo está incluido en él para hacer posible que tú vivas libre de condenación y remordimientos. Sí, Él murió por tus pecados, pero también por las fallas de aquellos que te afectaron con sus acciones –intencionales o no -.  El daño causado por las acciones de terceros está incluido en la obra de redención de Cristo para ti.  ¿Porqué seguir pagando una cuenta que ya fue saldada?

Tercero, permanece firme en esa libertad y no aceptes más culpabilidad alguna***.  Cada vez que vengan nuevamente pensamientos que te acusen por lo que otros hicieron o dejaron de hacer,  descansa en la verdad del pago realizado en la cruz. ¡No te desgastes tratando de reprimir esos sentimientos! Reposa en el sacrificio de Cristo y   considera a Aquél que voluntariamente se hizo “depósito de culpas” en tu lugar  para que tú fueras libre. ¿Estás dispuesto a entar hoy en el reposo que Él te ofrece?

*  Gál. 6:5

** Rom. 8:1

*** Gál. 5:1