La Mujer Superlativa (VII): ¡Dignidad en acción!
“¿Que acaso no tienes dignidad? ¿Cómo puedes perdonar que tu marido te haya engañado?” le recriminaban sus amigas a Marcela cuando estaba atravesando por una crisis matrimonial. Unos meses atrás, tuve oportunidad de platicar con una chica que pasaba por esta situación. Por un lado, ella estaba dispuesta a perdonar a su esposo, pero por otro, la atormentaban los pensamientos que le decían que la mujer que pasa por alto una infidelidad, es alguien que no tiene dignidad. En esta nota, quiero platicarte lo que Dios me permitió compartir con esta amiga y la transformación que esto desencadenó en su vida personal y matrimonial. Si eres mujer y te interesa entender la diferencia entre dignidad y orgullo, este artículo es para ti.

Resulta en verdad sorprendente el impacto que tiene en la mujer, el ejercicio de una dignidad malentendida. Esto es de hecho, la raíz de un sin fin de problemas que enfrentamos en todas las áreas de nuestra vida. Por un lado, están aquellas mujeres que buscan darse un lugar de importancia, dicen no dejarse de nada ni de nadie y defienden sus derechos por encima de cualquier cosa; en el otro extremo, vemos aquellas que resignadas, viven durante años consintiendo toda clase de maltrato, abuso verbal y físico. Estas son las dos opciones que el mundo presenta a la mujer para que ejerza su dignidad: – Rebélate ó Resígnate – ; pero gracias a Dios Él tiene una propuesta totalmente distinta y te dice: “¡TRANSFÓRMATE!” (Rom. 12:1-2) Él te ha dignificado y está determinado a convencerte de la gloria con que te ha coronado y ha depositado dentro de ti. ¿Estás dispuesta a permitírselo?
Cree y Recibe tu Dignidad.
En Proverbios 31:25 Dios establece que la dignidad es un atributo intrínseco a la mujer virtuosa: “Fuerza y honor son su vestidura”; sin embargo, no podemos dejar de lado que estamos rodeadas de cientos de elementos que pretenden convencernos de lo contrario y provocarnos a que ‘demostremos’ a los demás lo que valemos y que ‘merecemos’ mucho más que un gramo de respeto. El problema con esto, es que la dignidad NO es algo que haya que comprobarle a otros, sino algo que requerimos comprobar nosotras mismas y abrazar, independientemente de lo que nos dictan las circunstancias, el pasado que vivimos, la familia que tenemos y aún nuestra misma cultura. Ahora, ¿cómo puedes hacer esto cuando estás viviendo violencia doméstica? ¿Cómo creer esta verdad cuando alguien abusó sexualmente de ti? ¿Cómo recibir esta dignidad cuando sientes que te han defraudado y que el mundo ha barrido contigo? La respuesta de tu Padre es: “¡No te conformes, ni te adaptes a las formas en las que piensan las mujeres en este mundo! Déjame llevarte a que compruebes mi buena voluntad que es agradable y perfecta para ti.” (Rom. 12:2)
¿Víctima ó Hija de Dios?
Todas las mujeres, sin excepción, tenemos de dónde sacar una lista de excusas ó justificaciones para sentirnos víctimas y mantener un muro de incredulidad ante la dignidad con que el Padre Celestial nos ha investido. Probablemente la suma de los acontecimientos de tu vida pasada pudieran resultar en la lógica común en un: ¡Porbre de Mí! Sin embargo, a los ojos de Dios la connotación de tu vida es muy distina: “Porque a mis ojos eres de gran estima, eres honorable y yo te he amado;….” (Isaías 43:4) Él no te ve como víctima digna de lástima, pues no hay tal cosa como una “POBRE hija de Dios”. Dejemos bien claro aquí que Dios NO ha sido el causante de que otros te hayan defraudado o abusado, pero Él SÍ es quien está presente ahora mismo para trasladarte de las tinieblas a Su luz, para restaurarte y revertir el daño en victoria y bendición. El engaño ciertamente nos ha esclavizadp, pero el conocer la verdad nos hace libres y a esto es a lo que te está llamando Dios. Por esta razón, amiga no te conformes con menos que lo que Él ha preparado y provisto para ti EN CRISTO. Acepta su invitación y despójate de todo indicio de – rebeldía ó resignación – que esté asediándote, para que puedas correr con paciencia la carrera que tienes por delante como mujer superlativa en todos los roles que desempeñas.

Dignidad, el antídoto contra la amargura
Por lo tanto, ¿tiene dignidad una mujer que perdona la infidelidad del marido? Mira lo que dice la Escritura: “La honra del hombre es pasar por alto la ofensa” (Prov. 19:11) ¡Sí leíste bien! En Cristo hemos sido perdonados, y cuando extendemos ese perdón a otros expresamos la gloria misma de nuestro Padre. Como mujer virtuosa, estás equipada para pasar por alto la ofensa, tienes el poder de Dios para sobrepasarla, para no dejar que esta entre en tu corazón, y para ser libre del veneno que esta contiene. ¡Cristo perdonó TODOS los pecados del mundo en la cruz! Abre bien tus ojos para mirar, que aplicar perdón a las ofensas recibidas NO denigra, NI minimiza a nadie; antes bien, es la manifestación sublime de la naturaleza de Dios habitando en nuestras vidas. Entonces ¿quiere decir esto que debemos darle al ofensor licencia para pecar deliberadamente en contra nuestra y que sea infiel ó abusador las veces que sea? ¡De ninguna manera! ¿Acaso el perdón que Dios nos dio en Cristo es un permiso para darle rienda suelta a nuestras pasiones y deseos desordenados?
El que te toca, a la niña de Su ojo tocará……
Es cuando te plantas en tu identidad de hija y ejerces tu dignidad de acuerdo con Dios, que puedes confiar en que Él es responsable de tu vida y de aquello que sucede contigo. Si el marido infiel reincidiese en su pecado, tú precisas entender que él ahora tiene un “suegro” – tu Padre Celestial -, a quién él tendrá que rendir cuentas y está presto para defenderte. No hay nada escondido que no haya de ser manifiesto y todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. ¡De Dios nadie se burla ….. y de una de sus hijas mucho menos!!!!! Hay gracia provista por Dios para él si se arrepintiere.
Mi amiga de la que te hablé al inicio de esta nota, perdonó a su esposo y está parada en esta verdad, descubriendo la libertad con que Cristo la ha hecho libre. La crisis ciertamente fue muy difícil para su matrimonio, pero ella ha determinado colaborar con Dios no rebelándose, tampoco aguantándose, sino “transformándose” por medio de la renovación de su entendimiento. Como ella, tú puedes dar el paso hoy mismo. ¡Eres digna del amor de Dios por medio de Cristo! ¡Eres una mujer virtuosa!
Realmente cuando perdonas las ofensas, terminas siendo mas bendecida que si te quedas con el rencor en tu corazon, que solo te hara dano. Gracias Magno por recordarnoslo!
Así es Liza! Vivir en el pasado es como conducir un auto y estar mirando el espejo retrovisor en lugar de ver hacia el frente; pero la dignidad nos equipa para manifestar la naturaleza de Dios en nosotros. Podemos extender el perdón que Cristo compró a las ofensas de otros que nos han herido, sin importar el tamaño de estas. : ) De esta forma la mujer superlativa tiene asegurado el éxito!!!!!