Soy La Buena Semilla

La Revolución de Su Amor (5) : Produciendo Fruto para Dios

Raíces de un árbol de la selva tropical

Cuando el huracán IKE azotó la costa de Texas en el 2008, los vientos alcanzaron una velocidad aproximada de 110 mph causando grandes daños en toda la zona. Una vez que pudimos regresar a casa después de la tormenta, era impresionante ver además de los perjuicios causados a las estructuras y edificios,  la cantidad de árboles derribados por el viento. Algunos de ellos estaban sobre las calles con las raíces completamente desenterradas, otros más sobre los techos de las casas ó cables de electricidad. Dentro de mí pensaba ¿cómo estos árboles tan grandes y robustos no pudieron resistir la fuerza del viento?  Su apariencia era la de árboles sanos, pero en realidad estaban muriendo por dentro. Al  observar con detenimiento pudimos notar que el tronco de muchos de esos árboles estaba totalmente hueco, como si fuera un cascarón.  Esos árboles estaban arraigados al suelo, sin embargo,  su capacidad para permanecer firmes no estaba desarrollada lo suficiente para soportar una tormenta de esta magnitud ó había menguado por el paso del tiempo. De esta misma manera ocurre con la transformación de nuestra visión,  bien podemos estar arraigándonos en el amor de Dios atesorando la verdad acerca de lo que Él dice sobre nosotros,  pero a menos que  aprendamos a cimentarnos en él no podremos permanecer cuando vengan los tiempos difíciles.  SER la visión de Dios es una constante a la cual Él quiere llevarnos para que nuestras vidas sean la manifestación al mundo de Su amor y poder.  Si alguna vez te has sentido como uno de esos árboles que el huracán arrastró, conoce que hay esperanza para ti.  Si piensas que todo está perdido, aún Dios sigue ahí. Su nombre es Torre Fuerte, y el justo corre hacia Él  para ser afirmado y levantado. No hay vergüenza ni condenación, porque el amor cubre multitud de pecados.

Por esto el apóstol Pablo expresó con toda seguridad:

“Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:38-39

¡Qué facil es aceptar que eres amado por Dios cuando las cosas marchan bien! Pero ¿cuál es nuestra respuesta cuando las cosas parecen ir al revés? Si recuerdas en los artículos anteriores mencionamos como  Gedeón perdió el enfoque al estar sumergido por años en la esclavitud, y que en mi caso personal terminó sucediendo lo mismo. Ambos llegamos al punto de reconocer que nuestra visión tenía que ser transformada arraigándonos en Su amor.  Enseguida vino la parte más trascendente de nuestra historia, pues había que aprender a permanecer en la visión de Dios.  Después de  haber recibido la promesa de que Israel sería libre de los madianitas, lo que siguió para Gedeón no fue un lecho de rosas.  Se desencadenaron una serie de sucesos y complicaciones para reclutar y conformar el ejército que iría con él a la guerra.  ¿Acaso respondió esta vez lamentando su debilidad ó renegando del abandono de Dios? ¡No! En lo absoluto. A pesar de que aún sentía miedo, Gedeón enfrentó cada problema viéndose con los ojos de Dios, plantándose en  Su verdad (a pesar de sus sentimientos)  hasta que obtuvo la victoria.  Cada vez que venía la dificultad y él decidía permanecer SIENDO la visión de Dios, Gedeón estaba cimentándose en Su amor.  ¿Qué sucedió conmigo?  Vinieron muchas ocasiones para poner en práctica aquello que Dios dice de mí y comprobar que Su visión es verdad, mi reto era permanecer siendo HIJA de Dios  y no víctima de las circunstancias.  Su amor transformó mi visión (y continúa haciéndolo hasta este día),  y me dio la fuerza para mantenerme firme creyéndole.

Este proceso de afirmarnos en el amor de Dios, puede compararse a lo que ocurre con un tipo de árbol que crece en el desierto. El “Tamarugo” se arraiga al suelo usando un sistema de pivotaje o anclaje formado de raíces gruesas y absorbentes que le permiten desarrollarse en condiciones que, para otros árboles serían fatales.  La característica más sorprendente que posee es su capacidad de RESISTENCIA a la sequía; no solo porque puede obtener la humedad de profundidades impresionantes, sino porque cuenta con un dispositivo para acumular o evitar la pérdida de agua. El Tamarugo puede pasar semanas sin recibir lluvia. El tiempo de sequía no representa un problema para el árbol, sino mas bien la oportunidad para echar mano de aquello que Dios ha depositado en su naturaleza. Cuando el agua escasea en el suelo, este árbol activa un proceso en sus hojas, con el que puede absorber la humedad de la atmósfera, llevarla a través de su tronco y trasladarla hasta sus raíces. ¡Vaya manera en la que el tamarugo está arraigado y cimentado! Sin importar las condiciones: Escasez, temperaturas elevadas, frío congelante, tormentas de arena, etc, definitivamente este árbol sabe como permanecer en esos ambientes; pero eso no es todo, el tamarugo produce gran cantidad de frutos, hojas y otros productos que son de alto valor nutritivo para el ganado; fructifica en el desiero y es fuente de vida alimentando a otros animales. ¿No te parece maravilloso? Esta es la promesa de Dios para aquellos que le amamos; que al entender el valor que tienen los tiempos de dificultad y apreciar la oportunidad que nos brindan para anclarnos en Su visión somos transformados llevando fruto en abundancia (Romanos 8:35). El está comprometido a cumplir Su Palabra y ha provisto todo lo que necesitamos para cada situación que enfrentamos.  Nuestra parte consiste en creerle, recibir lo que nos ha dado y hacer uso de ello.

El tamarugoEl Tamarugo

Pero ¿qué hago si fallo en este proceso de permanecer siendo la visión de Dios? En el camino vamos a encontrar tropiezos y si erramos al blanco alguna vez, necesitamos reconocer nuestra falta con Dios, recibir Su perdón y continuar creyendo. Toma esta determinación y haz un compromiso diciéndole:  “….olvidando ciertamente lo que queda atrás me extiendo hacia lo que está adelante, prosigo a la meta….” (Fil. 3:14). ¡Persiste siendo la visión de Dios! Cuando estés siendo confrontado por la verdad de Dios en tu corazón descubriendo cosas que no están de acuerdo con Él, despójate de ellas. Así de sencillo como cuando te quitas un abrigo porque tienes calor. Dios dice que las ramas que están llevando fruto tiene que limpiarlas para que lleven aún más fruto. Permite que Él te limpie de todo estorbo porque de esto se trata el proceso de cimentarnos en Su amor.

El testimonio de la revolución que el amor de Dios produce en tu corazón, será la evidencia que podrán VER todos aquellos que te rodean;  no solo serán tus palabras, sino el FRUTO que con tu vida estarás mostrándoles. De esta manera,  ellos a su vez  iniciarán (en su momento), el proceso de  ser transformados. Los efectos trascienden y van más lejos de lo que podemos imaginar. La transformación de familias, comunidades enteras y naciones inicia con la decisión de un individuo, hombre ó mujer, que permite que el amor de Dios le inunde. Como una bomba atómica, crea una reacción en cadena de bendición que alcanza a sus generaciones…..¡Y HASTA MIL DE ELLAS!   ¿Estás dispuesto a ser parte de esta?

Dios te ama y su amor consiste no en que tú le hayas amado a Él, sino en que Él te amó a ti primero.  ¡Eres Su amado! ¡Eres su hijo! Abre tu corazón y atrévete a creer con seguridad  diciendo: YO SOY LA VISIÓN DE DIOS.

=C

About Magnolia Beristain
Recibí adopción y hoy soy una hija de Dios siendo transformada por Su Verdad . Haber descubierto el mundo de los blogs, me abrió un espacio inimaginable para compartir sobre el proceso que vivo con mi Padre y las aventuras que incursionamos con Él. Disfruto enormemente escribir en este espacio y es mi oración que encuentres en cada nota un oásis de esperanza y fe que te permita conocer y comprobar el propósito de tu existencia.

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